Hay que oír cómo hablan Uribe, Trump, Bolsonaro, Orbán, Erdogan, Nethanyahu, Duterte y todos los demás dictadores o aspirantes a serlo. Para ellos, el verdadero periodismo es ese periodismo positivo que solo habla bien de ellos y de todo lo que hacen.

Por: Iván Rodrigo García* 

Creo que hay una negatividad inherente a la naturaleza del periodismo […]”. Me desconcertó esa afirmación que hace Pinker y que cita el autor del artículo Por qué los periodistas necesitamos leer a Steven Pinker.

Pero, ¿qué y cuál es la naturaleza del periodismo?

Igual podría decirse de la naturaleza de todas las profesiones. A la medicina solo le preocupa la enfermedad y muy poco la salud. A las ingenierías, solucionar problemas. A las sociales y humanidades, desvelar los aspectos oscuros del ser humanos.

En fin, podría decir que la naturaleza de la búsqueda del conocimiento es negativa, es decir, más que ascender hacia la luz, como lo propusieron Platón, Epicuro, Bruno, Spinoza, más bien se dirigen a abolir la oscuridad … borrar el pecado original, o sea, lo que proponen el resto de los filósofos especulativos.

Además, la naturaleza de la vida es negativa: sobrevivir, y por ello las emociones primordiales son negativas: el miedo, el odio, las malas noticias, en fin, todo lo malo. Por el contrario, la felicidad, la alegría y las cosas buenas de la vida, son para “el cielo”.

Mejor dicho, voy a especular. Lo cierto es que hasta Watergate, el periodismo fue “el héroe de Marvel”, mientras confrontó el poder político y solo denunció los delitos de las empresas del sector económico. Pero, a partir de la década del setenta, el periodismo se tomó en serio su papel de héroe y comenzó, no a denunciar, sino a atacar el poder económico.

La razón, el capitalismo se había amparado en el poder político para el manejo y la toma total del poder, igualito que en la Edad Media los señores feudales se amparaban en la religión y en las iglesias. Ahora son las ideologías.

O para mirarlo desde otro lado. El periodismo se convirtió en arma de los capitalistas que se enfrentaban por el poder, unos contra otros. ¿Algo más negativo?

Si se puede hacer un punto de corte, diría que fue durante el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos que se desató la persecución y destrucción del periodismo negativo, o sea, aquel que confrontaba el poder político y atacaba los poderes económicos enemigos.

Ese es otro análisis complejo que habría que discutir, pero en otro momento. Lo mismo vale con el análisis a la evolución de los medios masivos de comunicación.

Lo que ahora me interesa mostrar es que desde entonces empezó a destacarse un periodismo que voy a llamar positivo, por contraste, y que hasta entonces era la lacra del periodismo, el periodismo que entronizaba a los poderes políticos y económicos, el que no solo no criticaba, sino que tergiversaba la realidad para encomiar lo que hacían los poderosos de su bando.

En fin, quisiera llamar la atención sobre las similitudes en el uso del discurso entre los populistas, fascistas, derechistas y hasta los nazis, para todos ellos todo lo que hacen es “supra” y de gran beneficio para “el pueblo” y todos aquellos que disienten o critican, son enemigos del pueblo, mentirosos, bandidos, etc.

Hay que oír cómo hablan Uribe, Trump, Bolsonaro, Orbán, Erdogan, Nethanyahu, Duterte y todos los demás dictadores o aspirantes a serlo. Para ellos, el verdadero periodismo es ese periodismo positivo que solo habla bien de ellos y de todo lo que hacen.

Y, para una última palabra, nunca como ahora el periodismo como arte, oficio y profesión se había visto en tan profunda crisis existencial. Pero que no se nos ocurra recetar un psicoanálisis, esa sí sería la tapa del congolo.

Esa es mi crítica. La postura de Steven Pinker es precisamente eso, un psicoanálisis de positividad, exactamente el sueño del periodismo positivo y de los poderosos: un mundo brillante en las pantallas, o sea, 1984. ¿De cuál cuál oscurantismo estamos hablando?

Además, los monstruos de la razón ya fueron denunciados. Pero, ¿dónde está la luz? Por supuesto, en el espíritu, o sea, el anhelo de futuro. Me quedo con Spinoza.

*Filósofo, docente universitario y periodista en uso de buen retiro. Trabajó 37 años en El Colombiano.