Prepárate para el fin del mundo

Con razón la élite multimillonaria está invirtiendo enormes capitales en cómo hacer posible la vida en Marte. Quieren irse a vivir allá antes de terminar la destrucción de la tierra. Esa es su filosofía, su sueño, su humanismo.

 

Por: Libardo García Gallego 

Con el título de este escrito circula una PPS, anunciando que el asteroide WF9, desprendido del sistema Nibiru, pasará cerca o chocará con la tierra en este mes, lo cual podría causar dramáticas consecuencias. Sea esto real o no, lo cierto es que muchos hechos evidencian el cercano fin del planeta tierra.

La filosofía. Lo primero es que el egoísmo humano impuso la competencia contra la solidaridad, dizque porque sin competencia no hay progreso. Se compite en todo y por todo y así los competidores sean miles o millones sólo el campeón es tenido en cuenta, los demás quedan invisibles dentro de la montonera. De esta manera, una nanominúscula porción de campeones financieros se ha adueñado del planeta y los demás tendrán o tendremos que morir ya porque hoy no se necesitan esclavos, a la usanza antigua.

El trabajo. Los esclavos de hoy son mentales: creen, repiten y aplican toda la basura mediático religiosa; no hay que darles sobras para que rindan en el trabajo físico porque los oficios de hoy los desempeñan los pocos privilegiados que logran capacitarse en electrónica, mecatrónica, sistemas o sofisticadas carreras tecnológicas, pues la automatización se ha extendido a todos los campos de la producción, la distribución y el consumo y las obras a mano van siendo cosas del pasado. ¿En caso de que desaparezca el 90 por ciento de los empleos, entonces que harán los cesantes para sobrevivir? ¿Desplazarse, contratarse de sicarios o terroristas, robar, asesinar, atracar, suicidarse o qué?

El calentamiento global. Para poner a funcionar la infinita variedad y cantidad de motores se requieren ingentes cantidades de combustible, mas como las energías limpias son escasas, apenas están en su fase incipiente y por ahora no son capaces de competir con el petróleo, entonces seguiremos consumiendo combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), los mismos causantes del calentamiento acelerado de la tierra. Y aunque Trump y sus asesores no crean en él, mientras no disminuya la producción del CO2 el planeta será cada día menos vivible. ¿Si la humanidad en lugar de cultivar hartos bosques y plantas limpias crea desiertos y envenena las áreas agrícolas, qué vamos a hacer con los excedentes de bióxido de carbono?

El agua. Para no ponerla tan cruel, pensemos únicamente en este líquido vital. Si estamos destruyendo los páramos para buscar metales preciosos, los icebergs y las cumbres nevadas han desaparecido y hemos talado los bosques, ¿de dónde vamos a obtener ese 3 o 5 por ciento de agua dulce que nos venía alimentando? Si a esto añadimos el pésimo manejo que hacemos del escaso recurso, no son necesarios asteroides que choquen contra la tierra ni anunciados apocalipsis para que de ella desaparezca la vida. Como lo avizoró nuestro Nobel literario, sólo sobrevivirán las cucarachas, esas que resisten hasta la radiactividad.

Con razón la élite multimillonaria está invirtiendo enormes capitales en cómo hacer posible la vida en Marte. Quieren irse a vivir allá antes de terminar la destrucción de la tierra. Esa es su filosofía, su sueño, su humanismo.