Ese es el universo de relatos que nos presenta Black Mirror en su cuarta temporada, seis mujeres enfrentadas a las consecuencias de hiperbólicas pero cercanas tecnologías.    

Por: Giussepe Ramírez

En Colombia tuvimos nuestra serie de relatos protagonizada por mujeres, bastante clichesuda por lo demás. No hay novedad en el hecho de contar historias donde el foco esté puesto sobre las mujeres, pero es bastante importante si viene de una serie vista ampliamente.

La cuarta temporada de Black Mirror es la más autorreferencial de todas, en el límite de que sus capítulos se conviertan en una copia de los anteriores. Pocos días después de su lanzamiento, las secciones culturales de los medios han puesto el foco en esa particularidad. Sin embargo, el aspecto más valioso de esta nueva entrega es la presencia sólida y sostenida de las mujeres a lo largo de los seis capítulos.

Yo celebro que así haya sido, pues considero que de las pocas desventajas con que la sociedad atribula a los hombres en comparación a las mujeres, la del desconocimiento del mundo femenino, o de historias variopintas protagonizadas por mujeres, es la que más dificulta que seamos capaces y acometamos la tarea de escribir ficciones con voz femenina. En eso ellas tienen una gran ventaja comparativa.

A alguien se le podría ocurrir que la aparición de seis protagonistas femeninas fue un capricho tendencioso y políticamente correcto de los realizadores. Y podría ser así para atrapar nuevos fans, pero los matices y facetas de cada protagonista nos hacen pensar lo contrario, pues ninguna actúa como un relleno para cumplir algún tipo de cuota.

Una heroína a bordo de una nave espacial de un videojuego inmersivo; una madre obsesiva y sobreprotectora que monitorea los movimientos de su hija a la manera del Gran Hermano de Orwell, hasta el punto de poner filtros a sus ojos y sus oídos; una prestigiosa arquitecta que se convierte en asesina para evitar que un viejo error salga a la luz; una mujer enamorada que quiere evadir el sistema que encontrará a su pareja ideal; una mártir que intenta escapar, tras el fallido de intento de robar una caja de peluches en una bodega abandonada, de unas criaturas cuadrúpedas y armadas; y finalmente una vengadora que atraviesa una desértica carretera para encontrar al verdugo de la versión digital de su padre.

Ese es el universo de relatos que nos presenta Black Mirror en su cuarta temporada, seis mujeres enfrentadas a las consecuencias de hiperbólicas pero cercanas tecnologías.

@Animalmoribundo