Vale la pena recordarle al sacerdote argentino, y por extensión si tiene en Colombia colegas integristas, una expresión de Clemente de Alejandría, padre de la Iglesia griega, que como conocedor del mundo practicaba la indulgencia y la comprensión, siendo un converso jamás renegó de su educación clásica enriquecida por la literatura y la filosofía: “¿Por qué hemos de avergonzarnos de hablar de algo que Dios no se avergonzó de crear?”.    

 

Por: Édison Marulanda Peña

El pasado lunes El Espectador en la sección El Mundo divulgaba un hecho que ha causado una polémica. Cura en Argentina pide “levantarse en armas” contra la educación sexual, se leía en el titular, debajo se atribuía a la agencia Efe.

La sinopsis de la noticia es la siguiente: el párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, Jorge Pato, descalificó una jornada de educación sexual donde se explicó el uso de métodos anticonceptivos, en la ciudad mendocina de Malargüe, en un acto celebrado el Día de la Independencia Nacional el 9 de julio. Y el motivo que desató la ‘santa ira’ del cura está aquí: “Todos los secundarios de nuestras escuelas estuvieron allí poniéndole a un pene de madera un preservativo. ¿Eso es educación sexual? Eso es una ofensa a Dios y tenemos que levantarnos en armas para defender a nuestras familias”, es la frase completa.

Esta invitación a las armas, que lleva implícita la añoranza del anatema, propicia la oportunidad de algunos interrogantes: ¿Por qué a la más añeja institución patriarcal, el monoteísmo, le cuesta tanto aceptar que la fe no debe usarse como herramienta para aferrarse al poder? ¿Por qué en nombre de Dios se ha repetido una carnicería en diferentes lugares y periodos, por ejemplo, la acción beligerante de la Iglesia de Roma en la contrarreforma del siglo XVI para “disuadir” a los partidarios de la Reforma del disidente Lutero? Por cierto, se cumplen 500 años de este cisma que tuvo enormes consecuencias teológicas, culturales, económicas y políticas.  

¿Será que ahora a escala local –me dije sin abrir la boca, omitiendo el verso de A. Machado “el que habla solo espera hablar a Dios un día”–, se trata de otro sacerdote audaz aspirante a engrosar la saga de curas insurgentes como Miguel Hidalgo y José María Morelos, quienes participaron en la Guerra de Independencia de México contra España? ¿Está amenazada la libertad religiosa en Argentina –fue mi siguiente consideración– como ocurrió en México cuando estalló la Guerra de los Cristeros (1926-1927) en reacción a las medidas del gobierno anticlerical del presidente Plutarco Calles, pero no nos hemos enterado en Colombia por estar concentrados en los pedalazos de Rigoberto (el otro… corredor) y Nairo?  ¿Siempre tiene que mostrar su celo pastoral el presbítero Jorge Pato desde que en 2011, durante la Fiesta Nacional del Chivo, fue entrevistado por una radio local y en ese entonces declaró que “el religioso que viola un menor no debe ser juzgado por la ley de los hombres”?

¿En qué planeta residía el cura Pato cuando en el 2000, de cara al Jubileo del tercer milenio, Juan Pablo II en un gesto histórico pidió perdón por los abusos y yerros de los hijos de Cristo, en el documento Memoria y reconciliación. La iglesia y las culpas del pasado? Se recomienda al pendenciero religioso leer el capítulo V Discernimiento ético, numeral 3, El uso de la violencia al servicio de la verdad: 

Otro capítulo doloroso sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento está constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia y hasta de violencia en el servicio a la verdad.

Sin embargo lo que se infiere, en este caso, es que la mente de este hombre no alberga la reflexión sobre los cambios acordes con una sociedad pluralista, tal vez se lo impide el odio de integrista. Su retórica guerrera habría sido apreciada en el pontificado de Julio II (1503-1513) pero no en la era de Francisco, que enseña la solidaridad con acciones de acogida a los indefensos refugiados de Oriente.

La actitud del presbítero Jorge Pato es temeraria e induce al desacato de la ley, que desde hace 11 años autoriza a las provincias argentinas adelantar campañas de educación sexual. También es antipolítica, si se entiende que la política es la superación del conflicto por medio de la palabra dialógica, para conseguir acuerdos –leyes, normas, tratados– acerca de lo posible y convivir pacíficamente reconociendo la diferencia.

Por otra parte, hoy resulta estéril el que la jerarquía eclesiástica siga prescribiendo a los jóvenes católicos el deber ser en materia sexual basado solo en la abstinencia, porque produce el efecto de la doble moral. Según información del DANE suministrada en 2016, en el país el 20,5 % de las mujeres con hijos, los tuvieron entre los 15 y los 19 años de edad. Otras cifras del DANE, revelan que “entre el 20 % y el 45 % de adolescentes dejan de asistir a la escuela como consecuencia de la paternidad o maternidad, perpetuando los círculos de pobreza, limitando oportunidades de desarrollo personal, económico y social, generando hogares inestables y parejas sin suficiente autonomía e independencia económica para asumir esta responsabilidad”.

Si se educa en valores, con la pedagogía adecuada, a las niñas y jóvenes en relación con su cuerpo, no perpetuando los tabúes en la familia ni “satanizando” el uso del preservativo, sería posible reducir el número de embarazos no deseados en adolescentes, los abortos en ese grupo de la población y prevenir enfermedades de transmisión sexual. Claro, para lograrlo deben prepararse mejor los profesores y los directivos docentes.

Finalmente, incitar y practicar la lucha armada para sustituir un Estado legítimo, aniquilar sin piedad a quienes no son musulmanes –los infieles– es lo que hace ISIS o Estado islámico en Irak. ¿En serio pretendía el presbítero Pato que los creyentes católicos socaven el Estado y la democracia de Argentina? Como decía Violeta Parra, ¿Qué dirá el Santo Padre?

Ojalá NUNCA MÁS se tenga que leer ni escuchar la invitación a la violencia en un servidor del altar. Vale la pena recordarle al sacerdote argentino, y por extensión si tiene en Colombia colegas integristas, una expresión de Clemente de Alejandría, padre de la Iglesia griega, que como conocedor del mundo practicaba la indulgencia y la comprensión, siendo un converso jamás renegó de su educación clásica enriquecida por la literatura y la filosofía: “¿Por qué hemos de avergonzarnos de hablar de algo que Dios no se avergonzó de crear?”