Santos y su demagogia

Ganó gracias a una plataforma política que lo encumbró a la Presidencia. Convencidos que iba a ser el continuador de un legado, volteó cola, armó rancho aparte y atrajo partidos políticos hambrientos de burocracia que no pusieron en duda dejar sus principios y apoyar al mejor postor.

Por: Juan Manuel Toro Monsalve
Muchos se comieron sus palabras cuando expresó que Colombia iba a rodar sobre rieles de prosperidad. Y más aún, convencidos que iba a ser el capitán y comandante de sus famosas locomotoras, hoy sienten que sus palabras no fueron más allá de una calentura de campaña.
Peor aún, el panorama que ronda al país es de incertidumbre mostrando a Juan Manuel Santos como un lírico, incapaz de poner en práctica varias de las cosas prometidas en la contienda de 2010. Un traicionero a todo sentido, incluso en la forma como llegó al poder.
Ganó gracias a una plataforma política que lo encumbró a la Presidencia. Convencidos que iba a ser el continuador de un legado, volteó cola, armó rancho aparte y atrajo partidos políticos hambrientos de burocracia que no pusieron en duda dejar sus principios y apoyar al mejor postor.
En fin, corre el 2012 y aún no se ven las vías, el invierno por tercera vez arrecia y no se ha hecho nada mitigar sus efectos. En cuanto a la economía, va bien, pero para la banca que cada mes aumenta sus ingresos mientras que la informalidad sigue en aumento, los pobres siguen siendo más pobres y la desigualdad pone al país en el tercer lugar a nivel mundial, solo superado por Haití y Angola.
La seguridad ha decaído, la guerrilla se oxigena a cuenta gotas, la delincuencia y la sensación de inseguridad en los ciudadanos aumenta, los combustibles están por las nubes y ni hablar del asunto de la minería. La famosa ley de víctimas y de tierras no despega; quienes reclaman lo suyo son amenazados y asesinados; y el Estado, nada.
Queda la sensación de un mandatario igualito al que gobernó en el 98, porque hasta en los viajes lucha por equipararlo. Sin hablar de la reforma de la educación que lo puso contra la pared pública. Su manera de gobernar tan delegataria lo muestra como un personaje ajeno a las problemáticas de la calle y de la gente. Y eso ante el público, pesa.
Poco ha cambiado incluso en su gabinete ministerial: casi los mismos que enfrentaron la peor crisis de Colombia a nivel político y social hace doce años. Pero todo avanza muy bien en cuanto entregará 100 mil casas para los más pobres. Una acción que no le queda bien a Santos; no pareciera estar destinada a querer solventar esa deuda con los pobres sino que suena más a un populismo que no encarna en la manera de ser de Santos.
A punta de retórica no se gobierna y sus proyectos, algunos necesarios, no arrancan. Promesas sin cumplir y aún le quedan dos años de gobierno. Dicen los expertos que todavía tiene el tiempo a su favor. Es extraño en el primer mandatario que posa de estadista ante el mundo pero que es incapaz, por lo menos, de poner pecho a las necesidades principales del grueso poblacional.
Por eso, el 52% de aprobación de su gestión evidenciado en la reciente encuesta publicada por Semana, muestra que Santos está tocando los márgenes de error. Los espacios de maniobra se cierran y la eficacia de su gobierno pronto será puesta en tela de juicio.
En un año soplarán los vientos electorales y ojalá lo que prometió no le esté guardando para hacer campaña con el fin de hacerse reelegir. Si quiere cumplir en lo mínimo con lo propuesto debe empezar a actuar desde ya, sino quedará como el más retórico de los últimos tiempos; como el más falso y mentiroso. Del dicho al hecho hay mucho trecho.