Ser o parecer

Este fenómeno de hacer primar la imagen sobre las ideas, o el parecer sobre el ser, se inicia en firme 1960 en Estados Unidos con el auge de la televisión, precisamente en la campaña electoral que opuso a Kennedy y a Nixon.  

Por: Leandro Toro Valencia

¿Desde cuándo la actividad política se convirtió en un juego del parecer y no del ser? ¿Desde cuándo uno de nuestros mayores argumentos para elegir a alguien se basa en cómo registra en cámara o lo carismático que es? Últimamente me vengo haciendo con frecuencia estas preguntas ya que veo en el medio que me rodea una proliferación del parecer sobre el ser, es decir, una proliferación de la imagen que se proyecta sobre las ideas que se transmiten. Y, ¿esto por qué? ¿Desde cuándo? Intentemos darle respuesta aunque sea a una pregunta.

Para nadie es un secreto que los seres humanos somos principalmente unos seres visuales. Las imágenes crean emociones en nosotros: rabia, alegría, tristeza, desesperación, impotencia, miedo, etc. Por ello el solo hecho de ver una película, apreciar una obra de arte o ver una fotografía familiar, puede llenarnos del más inmenso sentimiento, sea cual fuese.

Pero hay que aceptar que hay otros territorios de la vida donde hay que trascender la naturaleza visual que tenemos, donde el campo de acción es otro. Por ejemplo, si vamos a escuchar una canción debemos de activar otro chip en nuestro cerebro y disponernos a ello, o a palpar la calidad de la tela que vamos a comprar. Así mismo, hay momentos en la vida donde nuestra naturaleza visual debe quedarse de un lado para tomar decisiones algo trascendentales para mi o para mi comunidad, y uno de estos escenarios es la política. Desafortunadamente, hoy en día uno de los factores que más son tenidos en cuenta a la hora de tomar alguna decisión de carácter electoral es la imagen de quién representa unos ideales, y no los ideales en sí, los cuales pasan a un segundo plano y no son tenidos en cuenta.

Este fenómeno no es nuevo, lleva ya unos años influyendo en la toma de decisiones de las masas y es un factor con el cual deben de jugar las campañas políticas de determinado candidato.  Este fenómeno de hacer primar la imagen sobre las ideas, o el parecer sobre el ser, se inicia en firme 1960 en Estados Unidos con el auge de la televisión, precisamente en la campaña electoral que opuso a Kennedy y a Nixon. Allí se televisaron debates electorales y al final Kennedy, cuya telegenia era más notable, ese carisma televisivo algo parecido a la fotogenia, fue quien ganó las elecciones al  confirmar el voto de cuatro millones de electores indecisos. De ahí para delante la telegenia del candidato era un factor indispensable para cualquier campaña política y cualquier partido, pues la televisión empezaba a influir notoriamente en la población, por encima de la radio. El imperio de la imagen empezaba su rumbo.

Sin alejarnos mucho de nuestro contexto, se ha podido ver este fenómeno en Colombia en campañas consecutivas, donde la imagen del candidato se vende mucho más que sus ideas y sus propuestas programáticas. Es decir, su programa de gobierno, que siempre queda en segundo plano y se enfatiza en las emociones, actitudes, mensajes que pueda transmitir visualmente. Desde que tengo memoria han pasado cuatro períodos presidenciales y rescato de todos ellos su habilidad para manejar la imagen del candidato y jugar con esto.

Pastrana, Álvaro Uribe y Santos han sabido manejar su imagen, o mejor dicho, su campaña ha sabido promover su parecer sobre sus ideas. Recordemos la campaña presidencial del ex presidente Uribe donde su imagen se proyectaba como el padre de la patria, con su gesto de poner la mano en el corazón reforzando el patriotismo se revelaba como el salvador de una época violenta y de fracasos del Presidente anterior por conseguir la paz. O, algo más reciente, la campaña política del actual presidente Juan Manuel Santos, a quien en el inicio le estaba yendo muy mal, reformó toda la imagen de su campaña, mas no sus propuestas, y con esto logró llegar a la Presidencia.

Tampoco es de encasillarnos solo en la televisión para hacer un análisis del imperio de la imagen sobre las ideas, de lo superficial sobre lo verdaderamente de fondo. En el pasado seguimiento a medios que hizo la Misión de Observación Electoral en Risaralda, en las elecciones a cargos populares, se evidenció marcadamente en los periódicos La Tarde y El Diario del Otún, se evidenció que la información allí expuesta a la ciudadanía propendía más hacia los temas no programáticos que hacia los temas programáticos, y una exaltación de ciertos candidatos a través de fotografías estratégicamente colocadas.

Se pensará que a medida que corra el tiempo las futuras campañas electorales también harán uso de esta estrategia de vender la imagen de un candidato más que sus ideas. Que tristeza que a las masas nos controlen con colores, fotos, frases y poses. El problema no es, entonces, de quién emite esta publicidad y de quién usa el juego del parecer; el problema es de quien recibe los mensajes y debe de traducirlos, desechar el parecer y quedarse con el ser, hacer privilegiar las ideas y que no nos controlen con el cambio de imagen de alguien, que a la larga, no es muy diferente de usted o yo.

Notas: Como insumo, y como recomendación, les sugiero visitar estas páginas: www.moe.org.co, http://realydad.wordpress.com/2009/09/17/uribe-presidente-mano-firme-corazon-grande/.