Y es que así una amplia mayoría vengan a trabajar y a ganarse honestamente el pan de cada día, hay otros que vinieron a delinquir, a asesinar a quienes los ayudaron o les dieron albergue inocentemente en sus casas o a hacer competencia desleal.

 

Por: Juan Carlos Zamora Lancheros

Siento decirle al “tirante” exprocurador Ordóñez, quien en calidad de diplomático expresó públicamente en alguna oportunidad que a nuestra nación estaban llegando grupos de venezolanos a adoctrinar sobre “castrochavismo”, pues aquí en Colombia no está pasando eso.

Acá llegaron personas con diferentes necesidades. No he visto ni personalmente, ni en medios de comunicación, que ninguno de ellos venga a hablar de Bolívar o de Chávez.

Infortunadamente, muchos no vislumbramos la problemática hasta que la vemos o vivimos directamente.

Pues así me ocurrió. Por razones profesionales, tuve que buscar a cerca de 15 vendedores formales e informales de comida, específicamente en Pereira. Y al unísono expresaron que sí se han visto afectados por venezolanos en su actividad económica, que esta problemática es un secreto a voces en  las calles y en informes de medios de comunicación.

Reiteran que los vecinos están vendiendo productos con poca higiene, sin algunos requerimientos mínimos (como el  carné de manipulación de alimentos o la indumentaria, por ejemplo), eso sin contar que mucho de lo que expenden es sospechosamente económico.

Infortunadamente, algunos de los afectados consultados no quieren denunciar por seguridad, otros porque les parece engorroso adelantar la gestión y otros esperan a que de pronto se levanten de malas pulgas y se desquiten con violencia con algún venezolano que se les cruce en su área de trabajo.

Desde la institucionalidad, Planeación poco o nada puede hacer por la invasión de espacio público; Salud tiene pocos funcionarios para hacer operativos y pues Migración Colombia, si acaso lleva estadísticas, pero de control nada y más si es en una regional. Y los policías dicen que ellos no pueden prohibir el derecho a trabajar.

En pocas palabras, muchos se quejan. Lo que para nadie es un secreto es que en algunas zonas de las ciudades a donde llegan en masa hay una alta tensión. Mejor dicho, es un polvorín social que en cualquier momento va a estallar.

¿Qué están esperando los gobiernos locales y nacionales para ejercer controles? ¿Será que hay que llegar al derramamiento de sangre? Para que después salgan a hacer llamados a la tolerancia y a la paciencia que ya muchos perdieron.

Y es que así una amplia mayoría vengan a trabajar y a ganarse honestamente el pan de cada día, hay otros que vinieron a delinquir, a asesinar a quienes los ayudaron o les dieron albergue inocentemente en sus casas o a hacer competencia desleal. Además de otros casos en los que, como padres de familia, usan a sus hijos para pedir limosna utilizando la pornomiseria como discurso.

Infortunadamente muchos llegaron a imponer el caos en un país que no es un remanso de paz. Les cuento a nuestros hermanos venezolanos que en Colombia los niños mueren de hambre, hay desempleo, hay miseria y pobreza, el desplazamiento se mantiene, las diferentes violencias y la inseguridad nos ahogan.

Esto no es un asunto de xenofobia, ellos están aquí y la solución no es expulsarlos; esta es una alerta temprana para las autoridades, porque soterradamente se pueden presentar episodios violentos. ¿Por qué en otros países como Perú y Ecuador están haciendo filtros para salvaguardar la seguridad nacional? En Colombia, solamente se dan a conocer pañitos de agua tibia. Por favor, dejemos de esconder la mugre debajo del tapete.