El Luna de Locos es también un poema que en cada versión se va construyendo a sí mismo, va editándose sobre sus vivencias, y aquellos que asistimos a sus veladas somos versos y rimas para ese poemario que debe ser la cultura.

 

Por: Elbert Coes

Leo las palabras de William Shakespeare que adornan el poster de Luna de Locos, el festival, Y fui rey en mis sueños, y nada al despertarme, y me pregunto qué diferencia hay entre un sueño y un poema, mientras espero la fiesta que se avecina, una de las más atractivas en la ciudad. En efecto, hago referencia al Festival Internacional de Poesía, ese que aprovechamos algunos para el propio regocijo y el aprendizaje. Es que la motivación enseña más que el lineamiento, lo que justamente nos inspira el puñado de poetas que viene desde distintos lugares del mundo —ocho países en esta edición—, a dejarnos lo mejor de sus composiciones líricas.

¿Qué diferencia hay entre un sueño y un poema?, me repito, porque ciertamente el poema es inmaterial y no está subordinado a las reglas, igual que los sueños. En ocasiones someto a consideración la idea de que la materia se construye de lo onírico, es así como se tejen los libros, es así como se teje la cultura. En palabras de William Shakespeare el poeta es rey cuando sueña, y vaya que tiene razón el eterno dramaturgo. A renglón seguido, si acaso el poeta llegase a despertar de ese sueño, entonces sería Nada. No solo él, sino también el mundo, que quedaría vacío, deshabitado, estático. Y ya que sueño abandonarme al primor de la palabra, elijo pensar que la vacuidad del cosmos está en manos de los poetas, como la esfera terrestre apoyada a los hombros de Atlas.

Mi ejercicio ha sido también motivo de gozo, todo lo que puede dejar una buena conversación. La entrevista de quince minutos se ha convertido en una deliciosa charla de hora y media, acompañada de un café hotelero y amigos al corriente, también afectuosos de la palabra. Recuerdo a María Ángeles Pérez hablando de Nicanor Parra y a Juan Vicente Piqueras de la universalidad del ser humano. Gratos momentos me han quedado. Esta es mi riqueza, que esa flexibilidad de sus expresiones sea la misma con que hilvanan la realidad a los sueños, para la libertad, para la comprensión del otro, para la trascendencia del espíritu. El poeta no quiere ni debe ostentar rótulo de mesías, y así está mejor; sin embargo, constantemente nos revela la realidad escondida de la naturaleza.

El Luna de Locos es también un poema que en cada versión se va construyendo a sí mismo, va editándose sobre sus vivencias, y aquellos que asistimos a sus veladas somos versos y rimas para ese poemario que debe ser la cultura. Como cultura que es, desde el deber, está diseñado para toda clase de públicos. No es exagerado anotar que en los últimos años la poesía ha llegado a las aulas de clase a través del festival Luna de Locos como un provocador. La intervención de estos poetas invitados suscita en jóvenes bachilleres el flirtear con la palabra, de esos innumerables modos en que lo permite la escritura. En nuestras conversaciones separadas de 2014, hablando del sacrificio de escribir, William Ospina y María Ángeles Pérez coincidieron en que no haberse dedicado a escribir habría sido el gran sacrificio de sus vidas, y no precisamente lo contrario. A lo sumo, la también española Ana Aguilar Amat, una asidua exploradora del euskera, expresó al respecto que el lenguaje era el modo en que se descubría a sí misma.

Escribo por miles de razones; en este caso expresando gratitud a los organizadores del festival y a quienes lo apoyan, especialmente a Giovanny Gómez, porque me permiten ejecutar un ejercicio en lo personal enriquecedor, que por cuestión de salud he pospuesto en los últimos dos años. Ejercicio que no contiene poesía en forma directa, pero me ha acercado a la poesía —la cual siempre tiento con pudor y miedo—, de un modo alternativo como es la entrevista con el poeta, ya que oírlo hablar de sus vivencias, de sus miedos, anhelos, proyectos, es en gran medida otra forma en que las palabras crean las formas, la realidad. ¿Es acaso este el sueño al que se refiere Shakespeare? Como hombre enganchado al lenguaje me gusta creer que sí, que a nivel cuántico, detrás de las mínimas partículas conocidas por la ciencia, detrás de la fuente y el prana que mencionaron los sabios, se hallan los sueños, por ende la palabra, y que en ese lugar desde donde William Shakespeare construyó su mundo, todo individuo, igual que el eterno dramaturgo, es rey.