Ivan Rodrigo García“Es a aquel que domina sobre los espíritus por la fuerza de la verdad, no a los que hacen esclavos por la violencia, es a aquel que conoce el universo, no a los que lo desfiguran, a quien debemos respeto” (Voltaire, Cartas inglesas o Cartas filosóficas, décima segunda carta). 

Por Iván Rodrigo García Palacios

Ya sabía que me metía en un nido de alacranes y lo digo, no porque los alacranes sean malos, sino por aquello de la satírica fábula en la que el alacrán pica al que le salva la vida, porque esa es su naturaleza.

Un nido así fue en el que me metí de manera indirecta, en el nido de los ateístas, los que son, por su naturaleza, fervorosos defensores de sus creencias de creer sólo en el “concepto de conocimiento” (fervientemente afirmado por ellos), lo cual no tiene nada de malo per se, salvo que una cosa es defender las propias creencias y otra es creer que todo aquel que diga algo distinto con relación a esas creencias lo o las está atacando y, como el alacrán, lo pica.

Y eso fue lo que creyeron aquellos que pusieron sus comentarios en mi escrito Je suis Gustavo Colorado: Javier Velásquez, Mateo Gómez Hernández, Diego Alejandro Vargas Aguilar, Diego León, quienes supusieron que yo estaba atacando a sus creencias y a sus creyentes y me atacaron.

Pero no, les aclaro fervientemente, si saben leer, para nada dije nada sobre las creencias de los ateístas ni comparé a los dos bloggeros con los terroristas que asesinaron a las personas en Charlie Hebdo. Lo único que dije y enfaticé en mi escrito fue que, tanto los dos bloggeros, como los fanáticos islámicos que amenazaron y los que atacaron y asesinaron a las personas en Charlie Hebdo, ni sabían leer ni sabían lo que era una sátira ni tenían el más mínimo sentido del humor. Lo mismo es válido para estos espontáneos comentadores que, lo mismo que los dos bloggeros, parece que tampoco saben leer.

¡Ups! Parece que si los comparé, porque eso de no saber leer y atacar a otros por lo que no se entendió o se entendió mal, si que es terrorismo, pero terrorismo contra la inteligencia.

Por principio, nunca respondí ni respondo a los comentarios que se hacen a mis escritos cuando tales comentarios no tienen nada que ver con lo que he escrito. Y eso es lo que sucede en este caso. Por el contrario, soy entusiasta de las buenas polémicas, pero como las de fútbol, en las que se discute con pasión, pero no se hace daño ni se manta a nadie, salvo a la solemnidad académica y dogmática.

Pero otra cosa es cuando cualquier persona me insulta y me ataca en mi integridad física e intelectual, al tiempo que me amenaza, me intimida, mejor dicho, me manotea (bullying), por eso solicito mi derecho a defenderme.

Considero ofensivo, denigrante y amenazante cualquier tipo de insulto como los de “pendejo” y “mucho imbécil” (como para que el insulto sea bastante) que me “vomita” Javier Velázquez y que, en este caso, hablan más de él que de mi escrito. Así que con la respuesta que expuse atrás a la pregunta que me hizo en su comentario tendrá su adecuada respuesta. Lo mismo para Diego Alejandro Vargas Aguilar que me llama “idiota”, por que él considera que no creer no es una creencia y que sólo los idiotas lo creen así. Parece que aquí la misma causa provoca el mismo efecto.

En cuanto a los conceptos de los otros dos comentaristas sobre las calidades y cualidades de mi escrito, como lo hace Mateo Gómez Hernández que lo considera una estupidez y el de Diego León que lo considera mal redactado y falto de sentido, no tengo nada que decirles, tienen todo su derecho a decir lo que les gusta o no, con o sin mayores explicaciones, que para el caso ni las pido ni son necesarias, sus comentarios hablan mejor de ellos mismos.

¡Ah! Por fortuna, los grandes ateos, Richard Feynman, Carl Sagan, Stephen Jay Gould y Richard Dawkins y que cita uno de los bloggeros, son, además de autoridades intelectuales, verdaderos ateos y no ateístas de congregación y pandilla.

Y para dar por acabado este asunto, recurro al refranero popular que dice y yo comparto: “todo el mundo dice de dónde es sin preguntarle” o, para ser evangélico: “por sus obras los conoceréis”. Y que, así sea.

Medellín, 2 de febrero 2015.