La solidaridad, la justicia, la democracia, la pluralidad son principios de la Constitución, mas no de la ciudadanía colombiana. Los valores negativos que sí generan identidad son la indiferencia, la pasividad y el deseo de consumo.

 

Por / Adriana González Correa

Hace días comencé una relectura del libro de Martha Nussbaum Emociones políticas. Aclaro que lo leí cuando estaba en la campaña para la cámara en 2018, y me dejó muy en claro que las emociones son esencia de la política.

Ahora, por intereses académicos, volví a recogerlo y me parece que es oportuno y pertinente para el momento actual del mundo y de Colombia retomar algunas ideas para comprendernos como país, como proyecto político y como Nación.

Nussbaum deja claro que emociones como la solidaridad, la simpatía, la compasión, la indignación frente a la injusticia son necesarias a la hora de construir un proyecto político que consolide la idea perdurable de Nación en torno a unos valores y principios. Solo si los ciudadanos yerguen tales sentimientos se construye la nación a partir de identidades políticas que superan el tiempo y las diferencias –incluso religiosas–.

Afirma: “todos los principios políticos, tanto los buenos como los malos, precisan para su materialización y su supervivencia de un apoyo emocional que les procure estabilidad a lo largo del tiempo, y todas las sociedades decentes tienen que protegerse frente a la división y la jerarquización cultivando sentimientos apropiados de simpatía y amor”.

Varios ejemplos dan demostración de los postulados de Nussbaum. Los ciudadanos estadunidenses nos dan la lección de verdadera construcción política de Nación. Perder el miedo al contagio y marchar en masas gigantescas por las calles exigiendo igualdad racial, sumado a todo el movimiento de derribar centenarias estatuas de esclavistas, la genuflexión que algunos cuerpos policiales de USA han hecho como forma de mostrar su inconformidad por prácticas racistas al interior de la institución y revalorar las figuras comerciales por reafirmar estereotipos racistas como lo acaba de hacer Quaker; son muestras de las emociones políticas que construyen a largo aliento el concepto de identidad nacional.

Cuando en Noruega en 2011 un ultraderechista en un atentado terrorista asesinó a 77 personas, el pueblo salió a marchar y su consigna fue: “si un hombre puede mostrar tanto odio, sólo piensen cuánto amor podemos mostrar todos juntos”. El Primer Ministro J. Stoltenberg en su discurso durante el entierro afirmó: “Necesitamos más democracia”. En la concentración de los “Indignados” en España en 2011, en la que pude participar activamente, la consigna general fue la lucha por la igualdad.

Los islandeses decidieron en tres referendos no salvar a los bancos con impuestos, porque su proyecto de Nación apostaba por salvar la ciudadanía, no los intereses de la banca transnacional. En la primavera árabe en 2011, los ciudadanos enfrentando el más recio gobierno, se lanzaron a las calles a exigir democracia.

La lista es larga y con grandes hitos históricos, pero todos ellos nos dan la lección de que la identidad de Nación se construye a partir de valores y principios que no se quedan en la mera retórica, que mueven corazones, que hinchan el pecho, que causan indignación genuina cuando se sienten vulnerados.

Cuando se observa la Constitución Política de 1991, es claro que ésta se construyó sobre la base de valores y principios políticos como los anunciados por Nussbaum. Parte del preámbulo reza: “…con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo”.

El artículo 1º establece: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.”

¿Pero realmente como Nación obedecemos a estos postulados?, ¿están ellos implícitos en nuestras acciones colectivas?, ¿hacen parte de nuestra identidad política, la solidaridad, la justicia, la igualdad, la democracia y el pluralismo? En mi criterio son simples enunciados que los constituyentes de ese momento plasmaron más desde un idealismo momentáneo que como producto de la identidad nacional.

Por ello, concluyo que Colombia es un proyecto fallido de Nación, sus valores son fantásticos en el papel, la Constitución Política nuestra es casi poesía para la ciencia política, pero las acciones de desprecio frente a la vida de los líderes y lideresas sociales asesinados, la enorme cantidad de feminicidios, las masacres de los años 80 a los 2000, la muerte selectiva de sindicalistas y periodistas que nos llevó al podio mundial, la inequidad que hoy se evidencia en la pandemia, la pobreza sistemática que ningún gobierno intenta combatir, todo ello que pasa frente a la impasible mirada de la mayoría de ciudadanos demuestran que carecemos de valores nacionales.

La solidaridad, la justicia, la democracia, la pluralidad son principios de la Constitución, mas no de la ciudadanía colombiana. Los valores negativos que sí generan identidad son la indiferencia, la pasividad y el deseo de consumo.

Las calles y los almacenes se abarrotaron para aprovechar el día sin IVA pese a la existencia de una pandemia, el consumo hizo perder el miedo al contagio, tanto al gobierno como a la ciudadana, pero la movilización –guardando la distancia social– por los feminicidios o la muerte selectiva de líderes y lideresas sociales es desatendida bajo el pretexto perfecto de contagio masivo.

Esos son nuestros valores de Nación, así que no es bueno engañarnos más, es mejor ser conscientes de nuestras miserias y la mezquindad que habita en nuestro corazón, tal vez este reconocimiento podría ser el comienzo para revaluarnos e iniciar el camino de la construcción de Nación en torno a los valores constitucionales que hasta hoy son un simple discurso vacío de contenido.

@adrigonco