Una salvedad en el degradado cine de terror

Giussepe RamirezAcepto que es un prejuicio con este tipo de cine (aunque el molde repetido de sus recursos estéticos tampoco ayuda mucho), porque en la literatura se me hace más fácil abordar este tipo de historias.

 

Por Giussepe Ramírez

No todo el cine de terror es malo. Pero en él abundan las películas que causan risa y tedio, todo lo contrario a lo que buscan. Generalmente rehúso ver alguna, aunque de vez en cuando me arriesgo y encuentro algo interesante.

No recuerdo en mi niñez haber dejado de dormir después de estar frente a la pantalla observando impactos visuales predecibles —que sean predecibles no indica que no haya sobresaltos—. La música, o su ausencia, ponen sobre aviso al espectador de un cambio brusco de plano que mostrará la cara descompuesta de alguna mujer con pelo largo, la forma ectoplasmática de los antiguos habitantes de la casa. Y a pesar de ese lugar común, mucha gente va a verlas solo por eso. Gritan, saltan de sus sillas, deben dormir acompañados y con la cobija hasta la cabeza.

En algún tiempo invoqué esas presencias sobrenaturales de las películas en mi cama, pero nunca llegaron: «Te invoco Satanás. Te invoco tía que estás muerta. Si hay alguna entidad en este cuarto, que se manifieste». Dejé una grabadora encendida mientras dormía a ver qué me decían. Al otro día lo único que escuchaba era el ruido blanco. Entonces empecé a descreer de ellas. Mi desdén por las películas que juegan a lo paranormal viene de mi falta de contacto con ese mundo, por lo que se me hacen en extremo inverosímiles. Acepto que es un prejuicio con este tipo de cine (aunque el molde repetido de sus recursos estéticos tampoco ayuda mucho), porque en la literatura se me hace más fácil abordar este tipo de historias. Gente cercana me ha intentado explicar sus experiencias con seres de otros mundos. Los escucho con respeto pero con muchas ganas de reírme. Yo les creería si fueran conscientes que son jugarretas de la mente, no cierta predisposición del espíritu para ese tipo de contactos. Fácilmente uno se convertiría en un elegido si probara algún alucinógeno.

Por eso me gustan más las películas donde se muestra que lo terrorífico es lo intrincado de la cabeza, las cosas macabras a las que nos puede arrastrar, y no la energía de seres que ya no existen, la lucha ultraterrena del bien contra el mal. Usan elementos del género: la sangre, los impactos visuales, los silencios con suspenso. Pero no reducen el guion a fenómenos paranormales. Ahondan más en la condición humana, en las neurosis que muchas veces padecemos sin darnos cuenta y que nos atormentan la existencia, enrareciendo nuestro contacto con el mundo.

Todo lo anterior para recomendar una película que me sorprendió gratamente. Surcoreana y estrenada en el año 2003. A tale of two sisters, o Dos hermanas, como fue titulada en España, del director Kim Ji-woon. Basada en la leyenda coreana Janghwa, Hongryeon, que significa Rosa y Flor de loto, y ha sido adaptada varias veces al cine. Para destacar la banda sonora, que está compuesta principalmente por una misma canción en diferentes versiones, y transmite una tristeza abrumadora. En algún punto se usan mucho los recursos trillados del género, pero la historia hace que valga la pena soportarlos.