Utopías, sueños lejanos o imposibles

Para los de abajo, los pobres, paz y justicia es tener garantizados por el Estado todos los derechos que les corresponde en condición de seres humanos, en especial los fundamentales, como vivienda, nutrición, educación, salud, empleo digno.

 

Libardo-García gallegoPor: Libardo García Gallego 

En las movilizaciones populares de los últimos años hemos coreado estruendosamente la consigna “Paz con justicia social”, dos conceptos antagónicos, incongruentes, pero necesarios e inseparables, cada uno condición del otro. Sin justicia social es imposible la paz; ¿y sin paz cómo puede hablarse de justicia social?

Pero ¿qué significan los vocablos paz y justicia? Para la burguesía, los millonarios, significa que nadie se queje porque recibe un salario de hambre, que nadie se oponga a la explotación de la fuerza de trabajo de sus empleados y obreros; significan permitir y ayudar a que los recursos y riquezas de una región o país, mediante el derecho ilimitado a la propiedad privada, la libre competencia y las leyes del mercado, puedan concentrarse en unas pocas personas.

Para los de abajo, los pobres, paz y justicia es tener garantizados por el Estado todos los derechos que les corresponde en condición de seres humanos, en especial los fundamentales, como vivienda, nutrición, educación, salud, empleo digno. Para mí, justicia social debe ser sinónimo de igualdad social, prohibir que unos pocos humanos vivan excesivamente cómodos, lujosos, saludables, nutridos, a expensas de otros que subsisten en medio de necesidades de toda clase.

Existen las condiciones para que los 8.000 millones de terráqueos vivamos bien, pero es necesario redistribuir las riquezas. El problema es minsuperable  mientras prevalezcan las ideas antihumanistas, egoístas, insolidarias, el menosprecio de unas personas por otras, la desigualdad social y la competencia entre los individuos como condición del progreso social, no puede haber consenso en relación con el modelo de organización social donde todos podamos vivir felices, contentos, satisfechos.

Es preciso, pues, sustituir la cosmovisión predominante en la humanidad contemporánea, repensar nuestra finalidad existencial, nuestra esencia animal racional, nuestros valores y antivalores, nuestra relación con la naturaleza. Este proceso tardará siglos y para lograrlo habría que empezarlo ya. La dificultad radica en que por ahora es iluso hacerlo pacíficamente. A través del diálogo racional es imposible.

Otra utopía es el tal “Desarrollo sostenible”. A los dueños del planeta, a las multinacionales, no les importa si acaban con la naturaleza viva ahora mismo o dentro de 50 años. Poco les molesta el futuro de la descendencia. Piensan solo en el hoy y a corto plazo. Ellos sólo aspiran a obtener la máxima utilidad en sus negocios y patrimonios; no les preocupa la cantidad y calidad de las aguas, ni de los bosques, ni de las áreas agrícolas. Desarrollo sostenible para qué? Monocultivos, sí, porque aumentan las mercancías. Lo mismo vale para los cultivos transgénicos, para los cultivos industriales (palma africana, caña de azúcar), para la minería a cielo abierto, para la ganadería extensiva.

El desarrollo sostenible es otro sueño lejano. El dilema de hoy es desarrollo económico a como dé lugar o conservación del medio ambiente natural, mas la combinación de ambos objetivos es otro imposible dentro del sistema capitalista.

Si no cambiamos nuestra actual organización social, económica, política y cultural seguiremos precipitándonos hacia la destrucción total de la vida terráquea. Es de advertir que quien esto afirma no es ningún terrorista, pero sí un observador objetivo de la realidad.

www.neopanfletario.blogspot.com         libardogarciagallego@gmail.com