Vergüenzas judiciales

descargaHay que padecerlo, para descubrir cuántas porquerías oculta el Poder Judicial colombiano. Quien te debe y no quiere pagar, encuentra que el sistema le ayuda a salirse con la suya: robar y lograr que el estafado o tumbado, les queden debiendo.

Por: Gabriel Ángel Ardila

Fácil: luego de muchas evasivas te dice en tu cara que no le da la gana pagar y que hagas lo que quieras. Luego denuncia por amenazas, dice y con testigos que el tipo iracundo amenazó de muerte. En una informal audiencia conciliatoria, se exigirá al “ofensor” mantenerse a distancia y no dirigir la palabra al ahí denunciante, que es el estafador. Listo: se le impide acercarse y cobrar.

¿Qué más puede pedir el estafador? Más y más, no lo dudes. Exigirá, con testigos, que en medio de tu ira y así solo fuere con ella, le rayaste no sé qué y exige reparación de daños en cosa ajena. Claro: para tener con qué extorsionar.

Pero luego, para impedir que pueda haber otro intento de reclamo, recibes golpes por no aceptar un mal arreglo. Pruebas que hubo lesiones personales. En esa segunda audiencia, el agresor se ofrece solícito a arreglar la deuda por cualquier dádiva miserable, que por inaceptable se rechaza. El cínico sale del escenario judicial armado de argumentos para establecer una querella “por injuria y calumnia”, con su abogado acompañante (siempre estará escoltado por uno de esos chulos) como testigo de lo declarado frente a un funcionario judicial que operó como conciliador. Redondo el negocio. ¿Qué puede hacer la ciega justicia y el cojo sistema judicial?

Ordena el marginamiento de las causas sobre el tema en vez de investigar. Luego notificará al herido y acreedor no pagado, que acuda al despacho judicial para desistir de cualquier cargo, pues la causa debe archivarse, para ahorrarle tiempo al sistema que “padece” de tanta “pérdida de tiempo” por estas quejas de ciudadanos estúpidos, que no sabemos resolver “pacíficamente” nuestros pleitos. Doble agresión a la víctima. Premio al delincuente.

Y si crees que descubriste el agua tibia, desengáñate: todo esto no es nada nuevo para los chulos de baranda, los pleiteros, tinterillos y hasta abogados probos, quienes conocen estas y otras tretas con las que reina la impunidad. Pero nadie hace algo por enderezar eso. Aquí lo denunciamos, sin que solo eso remedie nada.