“…Cuando uno termina de leer Lo invisible, el intenso  y breve libro de poemas de Giovanny Gómez, experimenta la sensación de estar ante un conjunto de imágenes y reflexiones rescatadas entre las algas del insomnio, y por lo tanto dotadas de una especial forma de la lucidez…

Gustavo ColoradoPor Gustavo Colorado: A menudo olvidamos que durante  mucho tiempo la experiencia poética y la religiosa eran una sola. El verbo como  agente creador y a la vez iluminador  de los misterios  del universo está presente en infinitud de rituales. Conjuros, mantras, invocaciones, bendiciones y maldiciones son parte de un vasto catálogo que pervive hasta  nuestros días.

Dentro de esos rituales, los santones y sabios  de la antigüedad  hicieron del insomnio y el ayuno formas de conocimiento. Mantenerse despiertos para ver el otro lado de las cosas era uno de los mandamientos. El cuerpo y la mente adquirirían así una levedad capaz de llevarlos  a territorios vedados. En esa medida, el sentido profundo de la palabra religar( recuperar la unidad perdida), adquiere validez para los dos campos.

El lenguaje poético utiliza distintas expresiones  para referirse a los estados de percepción provocados por el insomnio. En la liturgia  católica se  habla de “El día de la luz” para aludir a la transfiguración de Cristo en el monte Tabor, mediada según los cronistas por varias noches  sin dormir.  “Noches blancas” es una suerte de  oxímoron para designar las jornadas pasadas en vela. Recogiendo elementos de uno y otro lado, la banda de rock sinfónico The Moody Blues tituló Noches de blanco satén  a una de sus más  bellas  y conocidas canciones.
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Cuando uno termina de leer Lo invisible, el intenso  y breve libro de poemas de Giovanny Gómez, experimenta la sensación de estar ante un conjunto de imágenes y reflexiones rescatadas entre las algas del insomnio, y por lo tanto dotadas de una especial forma de la lucidez, ese ingrediente imprescindible a todo ejercicio  poético digno de ese nombre. Es decir, capaz  de conducir al conocimiento de uno mismo y de las cosas y los seres que lo rodean. Los títulos de dos capítulos nos dan una pista: Fulgor invisible  y Un bosque para nuestras sombras.  Son esos fulgores  los que nos permiten sospechar entre la penumbra del bosque  la esencia de lo que somos: meros presentimientos a los que solo es posible aproximarse a través de la palabra.

Pero no se trata aquí de la palabra  empobrecida por el comercio cotidiano y  banalizada por los medios de comunicación. La búsqueda del poeta apunta en otra dirección: encontrar el vocablo  preciso  y recuperar su significado profundo  para desvelar en su ritmo interno el silencio que media entre el creador  y los fenómenos del mundo. “Sólo la noche toca las cicatrices de mi cara”, leemos en un poema titulado  Dedos. Son los dedos del tiempo que bucean en la oscuridad y tratan de descifrar la urdimbre tejida por la vida en el rostro de cada hombre.  Gracias a ese sortilegio, a la mañana siguiente el insomne descubrirá en  la cara del extraño que le devuelve el espejo el surco de un dolor o de una dicha nuevos. No por casualidad uno de nuestros ritos  matutinos consiste en mirarnos en ese fondo de azogue para comprobar que algo del yo, del nosotros, permanece allí.

GIOVANNY gÓMEZ

Hace años lo descubrí: no es que las noches de insomnio sean más largas: es solo que las experiencias se duplican. La piel del cuerpo y del alma está al acecho de la más leve señal para convertirla en materia de la propia historia. Lo que durante el día es fugacidad durante la noche deviene persistencia, tozudez, casi. En un poema titulado Departures, el poeta  Giovanny Gómez lo dice de la siguiente manera : “Quien sabrá responder ante controles de frontera/ si lo que vuelve es un pedazo de uno/ y no puedo decirlo ante miradas extrañas”.

Pero lo dice. Siempre es un pedazo de uno, transfigurado sin remedio, lo que regresa de las aguas profundas de la noche. De ahí  la aprensión que nos genera el mundo de las sombras, no  importa si son físicas o metafóricas : algo  irrecuperable perdemos y algo inefable ganamos en  el descenso a esas simas.

La tarea, el oficio del poeta consiste en eso : en tratar de descifrar al menos parte del misterio. Y al  autor de  Lo invisible la ha emprendido con la certeza de quien espera  la única recompensa en cosas que no tienen precio.

PDT:  les comparto enlace a la banda sonora de esta entrada

https://www.youtube.com/watch?v=vmJUgvyHnk0