Su primera impresión sobre la cárcel fue de terror y chantaje, expresa con tranquilidad sobre el asunto. Ahora la actitud asumida es el resultado de muchas circunstancias carcelarias que llevaron a todos los del pasillo Cuba a conocer su alias mucho antes de que fuera traslado a Bellavista.

Por: Laura Sánchez Largo
El pasillo Cuba es uno de los lugares asignados a criterio de los reclusos para el confinamiento de personas procesadas o ya condenadas por su participación directa o tangencial en el conflicto armado colombiano. Aunque tienen diversas percepciones acerca del presente y perspectivas sobre el destino de la guerra en el país, de muchas maneras son actores en los juegos de poder generados tanto al interior como al exterior de ésta y otras cárceles del país.
Uno de sus ocupantes es Luciano. Aunque se niega a dar el dato de su edad, aparenta unos treinta y cinco años. Tez morena. Tan alto como Nilson pero no tan convincente como él. Estuvo 6 años en el Frente móvil del ELN María Cano en el nordeste Antioqueño y 5 años en Bellavista. Dice que su captura fue más política que jurídica porque el fiscal que lo juzgó era paramilitar y no tuvo oportunidad de ganar. Ahora es recuperador ambiental (trabajo de redención carcelaria) e integra la Mesa de Derechos Humanos junto con Nilson y Alirio, todos guerrilleros del ELN. Condena: 16 años en prisión.
Campesino oriundo de Segovia (Nordeste antioqueño) detenido dos veces; la primera durante una captura masiva a los integrantes de guerrillas en el mismo municipio donde después de mucho pelear, los abogados lograron su libertad. En la segunda trabajaba como celador y fue capturado y procesado por homicidio de una militante de la UP en 1989 en Segovia durante una coyuntura nacional que estaba y continúa atenta a la condena internacional del Estado colombiano por el genocidio de la UP. Ahora este delito es la causa central del proceso adelantado en su contra.
Este homicidio era claramente cometido por las FARC y la militancia de él es del ELN (o por lo poco que sé es que era de la corriente de Renovación Socialista o los Corrientudos como los llamaban en el ELN) y en esa época ellos –ELN y FARC– no hacían cosas juntos, comenta uno de los abogados que conoce el proceso de Luciano y que se niega a ser mencionado en este reportaje. Añade que fue político porque el fiscal que asumió el caso fue uno de los fiscales salpicado por el caso de Valencia Cossio en la Fiscalía de Medellín, un hombre de ideas claras y posturas de extrema derecha.
Su formación política se redujo a espacios de trabajo de milicia urbana y sostiene que su labor adentro no es la misma que tenía afuera. Luciano, quien dedica sus domingos a su novia y sin moverse de su camarote propio –solo para él y su novia los domingos– pueden ver televisión en su cama, comiendo arroz y pedazos de cordero frío empacado al vacío, mientras hablan de la casi operación de contrainteligencia en que se había convertido la entrada de las mujeres los domingos. Le da sed, y en cuestión de minutos tiene gaseosa de manzana en su camarote, y siguen viendo las noticias de mediodía.

La comida en recipientes se acumula en el piso del camarote de Luciano; comida de compañeros, de la que le traen su novia y su cuñada, de la que cocinan ellos mismos, mientras Damián, sentado en una banca del pasillo Cuba ve pasar a las visitas de sus compañeros. Sostiene un plato vacío, me mira y recibe el almuerzo que llevé.
-¿Ya comió?
-Sí, un poco.
-Y… ¿dónde está su familia?
-A mí nadie me visita.
Quien así habla es Damián. 32 años. Ojos al soslayo que dejan ver el desgaste de la prisión, de noches sin dormir y de convicción viva. Lleva 5 años recluido en cárceles por todo el país, pasó 7 años en el monte y 6 años en lo urbano como guerrillero del ELN. Damián está en la guerrilla desde los 14 años, por una decisión consciente, autónoma y todavía vigente, según afirma. Fue capturado en Cúcuta por el delito de desaparición forzada y terrorismo. Nadie lo visita porque sus padres fueron secuestrados en una ocasión y prefiere cuidar de ellos, además existe una fuerte pelea con algunos familiares también alzados en armas, los paras. En sus 5 años de reclusión aún no ha sido condenado.
Iba caminando vestido de civil por una calle frente al DAS de Cúcuta cuando fue capturado por casualidad, como dice él, porque con varias órdenes de captura en su espalda se jacta de haber caminado tranquilo por mucho tiempo en las calles más populosas de la capital fronteriza. Ha pasado desde entonces por 4 cárceles distintas durante 5 años. A Damián nadie le lleva gaseosas a la cama y por lo menos su camarote es compartido con 5 reclusos más que lo respetan y conocen su movida historia jurídica.
Sobrevivo por ser preso político, señala Damián. Ser guerrillero en Bellavista mejora considerablemente la estancia allí, porque ayuda a ser temido y respetado, dice Damián. Toda una tangible imagen sobre los guerrilleros construida a nivel nacional en las cárceles, que otorga casi inmediatamente status, prolongando una vida digna a cada preso guerrillero porque siempre habrán guerrilleros en cualquier cárcel colombiana. Solo guerrilleros porque los desmovilizados cuyo proceso aún está pendiente a razón de colaborar con el proceso de paz, ellos; “los sapos” como dicen los de “Cuba”, son tratados de diferente forma y exiliados del pasillo de combatientes guerrilleros. Y pensaban que todo era diferente: “La desmovilización es la salida” y luego en Bellavista son tratados como presos comunes.
Su primera impresión sobre la cárcel fue de terror y chantaje, expresa con tranquilidad sobre el asunto. Ahora la actitud asumida es el resultado de muchas circunstancias carcelarias que llevaron a todos los del pasillo Cuba a conocer su alias mucho antes de que fuera traslado a Bellavista.
Pero no todos son renombrados presos que se mueven por muchas cárceles o han sido parte de la defensa de la nación en el proceso de la Comisión y Corte Interamericana de Derechos Humanos que condena al Estado colombiano por el genocidio de la UP (partido de izquierda). Algunos solo son simples presos con delitos que están pagando pena en gigantescas cárceles colombianas.

Alexander Martínez Palacio es uno de los presos de Cuba que sufre de un fuerte dolor de cabeza, fiebre, saliva y orina presentando sangre. Muere de 35 años. Antes de morir pide ir al centro de sanidad de Bellavista, donde le aplican una dipirona para calmar el ya insoportable dolor. Más tarde por insistencia de sus compañeros de pasillo, uno de los guardianes autoriza los exámenes pendientes para Alexander. Al siguiente día, llegan a Bellavista los resultados del examen que le fue practicado; ante su gravedad, el mismo día, el médico decide ordenar su traslado hacia un centro médico fuera de la prisión de manera urgente. Pero, Alexander no sale y sólo recibe la aplicación intravenosa de 2 dipironas y su retorno al pasillo Cuba.
Es medianoche y Alexander no soporta más el dolor, sus compañeros lo llevan al área de sanidad de la cárcel, donde al parecer sufre un paro cardio respiratorio. Un mes después de su muerte llega la orden de remisión autorizada por el médico para el ingreso al hospital.
Cuando alguien se enferma, las condiciones de todos son iguales, y ni los comandantes ni campesinos ni profesores recluidos son la excepción. Según el Comité de Solidaridad por los Presos Políticos en la cárcel de Bellavista, en los últimos cuatro años 50 personas privadas de la libertad han muerto. Sin embargo en el 2012 murieron 81 personas en las cárceles del Estado colombiano bajo la custodia y vigilancia del INPEC.
Se lo puedo decir textualmente: “Si no tiene las tripas afuera, no lo saco”, me han dicho los guardianes cuando les pido asistencia médica para algunos de mis compañeros, dice Nilson, el hombre de apariencia joven y saludable aún. Además, agrega, tenemos la población de un municipio pequeño pero no tenemos hospital.
Lo anterior es reafirmado por la Defensoría del Pueblo, explicando que en muchas circunstancias –o en casi todas– el personal del cuerpo de custodia y vigilancia que labora en los comandos internos o rastrillos, son quienes evalúan la necesidad de atención médica y autorizan o no el traslado del o de los internos. Además de la falta de presencia de médicos permanentes en el establecimiento, que dificulta la atención, la dilatan o no la prestan en el tiempo oportuno y preventivo.
Contra todos los parámetros establecidos por la medicina, el acetaminofén es el remedio para la diabetes, la hipertensión y hasta la anemia porque en Bellavista el ingreso de medicina es restringido y lo único no prohibido es el ingreso y consumo de Acetaminofén que sugiere podría aliviar cualquier malestar padecido por el recluso.
Durante el desarrollo de este reportaje, Luciano fue trasladado a la cárcel de Girón (Santander):
¿Por qué lo trasladaron? Le pregunto al abogado Porque la vida es cruel y el Inpec es una republiqueta independiente y no dan explicaciones. Antes duró mucho allí…


