Creo que el que viaja, escribe. Lo difícil de un escritor es meterse en el juego de las palabras, es hacer el bosquejo y meterle mucha fantasía. Con la imaginación paso los límites. Los escritores mordemos el anzuelo que nosotros mismos lanzamos.

 norbey

 

Por: Wilmar Vera Zapata

Enero 28 de 2014

Poco después de las 2:00 de la tarde, el interno Norbey Cardona recibió de manos del notificador judicial –conocido en la cárcel como “bulto de sal” – la boleta de libertad condicional por parte de un juzgado de Armenia. Terminaba así 90 meses de prisión física, tiempo en el cual la justicia retuvo su cuerpo, pero su alma no conoció ni barrotes, ni celdas.

-¿Valió la pena Norbey?

-“Sí, valió la pena, aprendí a respetarme y a querer a la gente”, me dijo.

 

Junio de 2012

Sentado en la punta de un mesón en el patio 1 de la cárcel San Bernardo, conozco de visita a un sujeto que escribe con frenesí. Lleva barba canosa, pelo corto y una sonrisa que es el sueño de todo ortodoncista.

Lee y escribe, como yo.

 

Agosto de 2012

No hay día que no trabaje. Sus herramientas son numerosos bloques tamaño oficio, arrumes de hojas de papel carbón, lápices, y lápices. Y no le pueden faltar dos enormes diccionarios de esos viejos que ya no existen, que son cementerios de palabras olvidadas. Se llama Norbey Cardona y le dicen “El escritor”.

 

Septiembre de 2012

-¿Profe, vamos a participar en el concurso de cuento del López?

-No sé, Norbey, es que soy periodista, no cuentista.

-Hágale, que yo veo que usted escribe mucho.

-Bueno, ¿usted va a participar?

-Sí, voy a mandar unos cuentos y poesías

-¿Cuándo me va a contar su vida?

-Un día de estos, un día de estos.

 

Octubre de 2012

-Felicitaciones, me gustó su cuento.

-Gracias, no pensé que fuera a quedar de tercero, ni que me iba a ganar un premio. Ah, felicitaciones por su primer puesto. Norbey, ¿y qué le regalaron?

-Una tablet, pero me tocó mandarla a la casa.

-Bacano, el próximo año nos lo ganamos otra vez.

-Claro, vamos a ganar otra vez, profesor.

-Pero yo no soy cuentista, solo cronista y usted me debe su historia.

Norbey sonríe.

 

Noviembre 26 de 2013

“Nací el 29 de febrero de 1948, en el hogar de Isidro y Eucaris, en La Tebaida. Mi familia es de las fundadoras del pueblo y soy el único varón entre 5 hermanas”

Fue un niño inquieto y curioso, como solo lo permite la comodidad económica en el hogar. A los 11 años, en la escuela Antonio Nariño, la profesora Ludivia le abrió los ojos a un mundo tan amplio como absorbente: la poesía.

“Ella fue la que me inculcó el amor a las letras, y después de clase que era a las 5:00 pm, yo seguía leyendo y leyendo, sobre todo poesía. Pero luego llegó La María, Rafael Pombo, y muchos más. Vargas Vila, por ejemplo, hasta me aprendí el himno nacional

Estamos sentados uno frente al otro en el mesón que hace de escritorio a este anacoreta de visión fatigada y alma rebelde. Le encanta que la gente le narre su vida, pero él no se siente cómodo narrando la suya.

“A los 19 años mi papá me envió a estudiar a Barcelona, España, a donde Justo Cardona, un primo. Él quería que yo fuera médico. Una semana antes que iniciara clase me presentaron a Francisca, una bailarina que cambiaría mi vida”.

Con su memoria prodigiosa, Norbey recuerda las aventuras y desventuras que vivió junto a ella, además del amor que, con sus ímpetus juveniles, creyó indestructible y eterno. Convencidos como todos los jóvenes de que la vida es un instante y que si uno tiene un objetivo se hace llevadero, se incluyó en un grupo que respondía a la realidad política española de los años 60.

Mis amigos de Barcelona me invitaron a unas reuniones secretas, que terminaron siendo de un grupo llamado Brigada internacional Antifranquista. La mayoría éramos extranjeros e incluso habían personas del gobierno catalán que quería lo mismo que nosotros: tumbar a Francisco Franco”.

Parece que los engranajes de su memoria se aceitan con café y cigarrillos. La seguridad de su voz hace que todo suene convincente y por más increíble que suene, su vida ha sido un torbellino desaforado, como una novela.

-¿Y qué podía aportar un quindiano en  España?

Mis ideales, mi lucha por un mundo mejor.

Y  ese sueño lo llevó a ser deportado, luego de ser testigo del fusilamiento de algunos curas rojos. Fue en Valladolid y el Generalísimo gritó ante un grupo de detenidos que quién quería ser deportado.

-“Me daba rabia ver un pueblo que cuando él pensaba se detenía y se arrodillaba. Yo no, yo le daba la espalda. Por eso me desengañé y con Francesca nos deportaron a París”.

 

Diciembre 2 de 2013

-¿Dos expatriados en la capital francesa, en los años 60, debió ser una gran experiencia?, le pregunto a Norbey.

Ha hecho una pausa en su tarea de escribir tutelas y memoriales. En los ratos libres continuamos con la entrevista.

“Llegué con Francesa y $100 francos a París. Como era verano, nos hospedamos en el hotel Saint Jacques y conseguimos trabajo en un hotel de lujo, ella como mucama y yo como aseador. Duramos tres meses, y un día me llamó Francesa para que le ayudara a cargar unas tulas. Eran joyas y dinero que ella se robó porque se había cansado de su salario de 120 francos, que no alcanzaba para nada. En lo que ella robó $111.000 dólares, $12.000 dólares australianos, $1.013.000 francos belgas, $63.000 francos suizos, $500.000 libras esterlinas y 29.000.000 de francos.

Con ese capital se dieron la buena vida que implicó, como cualquier dandy latino,  mezclarse con aristócratas donde el amor no dejó de aparecer, así fuerza en la piel  e inocencia de Glórica, bella y seductora que conquistó un espacio en el corazón, tomado, pero no copado, de Norbey.

“Estando en Inglaterra empezaron a perseguirnos los de la Brigada Antifranquista, que nos necesitaban. Nos fuimos de allí y viajamos a Italia, a Génova, incluso compramos un bote y navegamos por la costa italiana. A las semanas nos visitó Glórica y salíamos los tres, con Lósimo, el capitán del barco, por Génova, hasta que una vez no pudo esconder lo evidente: la inglesita estaba enamorada de mí. “Hazle el amor, ella te quiere”, me dijo Francesca, y que además Glórica se sentía muy atraída por mí. Yo también sentía una atracción impertinente por ella”.

Pero la historia del triángulo amoroso -tan común entre artistas para quienes el amor es un sentimiento no de uso particular sino grupal, que es tan grande que dirigirlo a una sola persona es un desperdicio- terminó de forma trágica, con perseguida y hasta muertes incluidas, a orillas de los lagos italianos, ubicados en la frontera Suiza.

-¿Y  todo eso está en sus libros?, ¿cuántos tiene?

-26 libros, centenares de poemas y muchos cuentos, con todo lo que nos pasó y otras historias.

-Pero no ha publicado nada, todavía.

-No, no me da susto la crítica, que no entiendan lo que yo escribo para mí. Pero lo que diga la crítica o los lectores me servirá constructivamente.

 

Norbey, junto a Wilmar y Pablo, compañeros en ese lugar que ya abandonó para buscar el azul de la libertad, así sea condicionada.

Norbey, junto a Wilmar y Pablo, compañeros en ese lugar que ya abandonó para buscar el azul de la libertad, así sea condicionada.

Diciembre 25 de 2013

“Todos los días escribo, para mí es un deleite que nace de lo más profundo de mi ser. No he tenido la necesidad de buscar las historias, ellos me buscan y me relatan sus vidas. De mis experiencias y esa capacidad de escuchar. Tengo en mi mente infinidad de historias, que nacen de personas reales que en mi obra los lleno de una imaginación. No sé de donde saco todo, es como algo que se desliza bajo las sombras, como la fantasía”

–          Y ¿cómo ha hecho si usted ha sido muy solitario?

–          Toda la vida he sido un anacoreta, huí de la sociedad por el daño que me causa y me causó, aunque no confío en el ser humano, necesito de ellos porque me permite escudriñar la perfección de la evolución-

–          ¿Y con su experiencia, qué es lo más complicado de su obra?

–          Creo que el que viaja, escribe. Lo difícil de un escritor es meterse en el juego de las palabras, es hacer el bosquejo y meterle mucha fantasía. Con la imaginación paso los límites. Los escritores mordemos el anzuelo que nosotros mismos lanzamos.

 

Enero 28 de 2014

Norbey Cardona saldrá al caer la tarde en libertad condicional. En su casa está la historia del triángulo amoroso con Glórica  y Francesca, así como la muerte trágica de esta, en una calle sucia de un suburbio londinense. En miles de hojas de block, con copias en papel carbón, guarda su vida llena de aventuras, con amigos y amantes, alguna de ellas madre de sus 9 hijos. Estará ese Maqroll con mezcla de James Bond criollo que fue perseguido en España, huyó por Italia y volvió a Colombia y sacó oro en casi todos los ríos de la zona andina, se emborrachó, se enamoró, se drogó y hasta se salvó de morir en una ocasión.

Una vida escrita en mil Norbeys que han hecho de todo y solo 26 libros dan una leve idea de su vasta experiencia.

“Yo no necesito nada, ninguna marihuana o aguardiente. Le agradezco a Dios y a la justicia porque este tratamiento me ayudó. Si no hubiera pasado este tiempo en la cárcel no sé qué sería de mí. Tal vez, no sería nada”.

Y al caer la tarde, Norbey Cardona volvió a ser libre, en cuerpo y alma.