El caso de Wilmar Vera Zapata ha llamado la atención de los medios, en los cuales la información ha sido reiterativa. Acá un detallado recuento de la audiencia, sobre lo informado en la misma y detalles de su desarrollo.

En la audiencia, que se prolongó por más de 8 horas, se ordenó el confinamiento en centro carcelario. Los acusados no aceptaron cargos y se declararon inocentes. Aparecen el abogado de oficio, Hernando Castillo; Jilder Aricapa y Wilmar Vera.

Hoy resulta que es lo mismo

ser derecho que traidor,

ignorante, sabio o chorro,

generoso o estafador…

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

Lo mismo un burro

que un gran profesor.

Cambalache, Enrique Santos Discépolo

TRAS LA COLA DE LA RATA

“Se premió al astuto, a una persona proclive al delito… mientras que a mi lado tengo a dos chivos expiatorios”, dice con fuerza un hombre dotado de carnes, ojos entrecerrados y cejas pobladas. Él es Hernando León Castillo Ponce, abogado de oficio, designado al azar esa misma mañana para defender a Wilmar Vera  Zapata y a Jilder Aricapa Motato. Y el astuto al que se refiere es Carlos Andrés Velásquez Villada, capturado el 18 de marzo de 2011, minutos después de asesinar al joven político Alexander Morales Ortiz.

Wilmar, periodista y profesor universitario, está imputado de ser el determinador (autor intelectual) de la muerte de Alexander, ex alumno suyo y con quien tuvo negocios para conformar una empresa transportadora de carbón en La Jagua de Ibirico, Cesar, en la que perdió la inversión hecha. Jilder es un ebanista residente en el muy pobre barrio El Dorado, cuya familia fue fundadora del mismo, y se le sindica de ser quien supuestamente transportaría al sicario.

El asesinato, dramático de por sí, adquirió matices de escándalo debido al amplio reconocimiento que tiene Wilmar, una persona muy querida por sus amigos y estudiantes debido al buen humor y jovialidad. Además, la amplia exposición mediática del caso hizo que muchos se interesaran en el mismo.

El siguiente es el relato breve de una larga jornada de audiencia preliminar en el Palacio de Justicia de Pereira, en la cual se hicieron tres cosas: se legalizó la captura, se imputaron cargos y se definió la situación jurídica de los procesados.

La legalización de captura se dio en la mañana en un trámite rápido y con carácter reafirmativo sobre las condiciones de la misma. Allí estuvieron presentes estudiantes, profesores y otros amigos de Vera, quienes no pudieron ocultar la emotividad y lo rodearon durante todo el tiempo de su permanencia en pasillos. Allí mismo algunos medios lo abordaron para obtener su declaración.

Tanto Wilmar como Jilder se declararon inocentes y no se allanaron a cargos.

Imputación de cargos

A las 2:30 empezó la imputación de cargos, con presencia de representantes de la Fiscalía, el Ministerio Público y un abogado delegado por la familia de la víctima, además de los dos acusados y el abogado de oficio. En el estrado, el juez Luis Fernando Moreno Bustamante oficiaba acompañado por la secretaria y una asistente. También estaba Viviana Ramírez, esposa de Alexander Morales, serena, pero con una expresión de suprema tristeza que se incrementaba en la medida que se relataban los hechos.

Se eligió otra sala más amplia, pues en la mañana los periodistas presentes debieron quedarse de pie en un estrecho espacio al interior de la sala. La nueva sala también quedó colmada y muchas personas estaban afuera, en el pasillo, escuchando a través de la puerta que se dejó abierta. Cinco agentes de la policía vigilaban la audiencia.

La Fiscalía, representada por la Fiscal 22 Claudia Cristancho, empezó su intervención con la lectura de un testimonio rendido por Velásquez Villada, un hombre de 26 años acusado de ser el autor material. Dicho testimonio fue entregado meses después de ser detenido en flagrancia, pues inicialmente dio otra versión, según la cual había actuado de manera independiente.

En los hechos relatados por el homicida, expuso que había sido contactado por Elkin Ricaurte, alias “Pecueca”, quien le había propuesto el asesinato de Alexander mediante el pago de una suma superior a los 15 millones de pesos. Con tal fin se habían contactado en Manizales y luego en Pereira, donde fue recibido y relacionado con otros individuos denominados como alias “El mono” (menor de edad) y alias “El indio” (Jilder). Inicialmente había estado en Pereira en febrero del 2011, donde se le mostró el lugar donde se cometería el crimen (un restaurante de la calle 22, a un costado del Concejo Municipal), además de las rutas de escape y el sitio donde lo esperarían en una moto sin placas para poder transportarlo. Además le dieron a conocer las armas con las que cometería el ilícito y visitaron un café internet donde ingresaron al Facebook de Alexander para que viera múltiples fotografías de la víctima.

De acuerdo con el testimonio recolectado por la Fiscal 22, el hoy sindicado asesino insistió en que no realizaba el crimen si no conocía a la persona que lo ordenaba, ante lo cual “Pecueca”, quien en la actualidad se encuentra detenido en la cárcel La 40 de Pereira, se mostró evasivo, hasta que una noche, de manera casi fortuita, se encontraron los taxis donde se transportaban “Pecueca”, “El mono” y Velásquez Villada, con otro donde estaba el que este asesino identifica como Wilmar Vera, quien tenía una cachucha mientras permanecía sentado en el otro taxi. Lo describió como un individuo de “1.65 metros y grueso” (Wilmar mide 1.74 y siempre ha sido delgado en extremo). Además, dice que tenía pinta de profesor porque “llevaba la camisa por dentro del pantalón”. El mismo “Pecueca” le indicó después que el individuo de la gorra era “decano (sic) de la Católica”.

Continúa la enumeración de varios detalles y el alojamiento del sicario en un hotel que no se determina en el documento. También de manera reiterada se comenta sobre el dinero a entregar, el cual supuestamente “Pecueca” le muestra antes del homicidio, pero no se lo entrega argumentando que allí también está la parte del pago por su intermediación. De hecho, en todo el relato jamás se comenta cuándo se le entregó el dinero, incluso, tampoco Velásquez Villada confirma haber recibido dinero alguno. El sicario fue hallado con 1.200.000 pesos en sus bolsillos, los cuales afirmó haber recibido en Bogotá antes de venir a Pereira para cometer el ilícito el 18 de marzo del 2011, día de la muerte de Alexander.

Jilder Antonio Aricapa, quien según la Fiscalía habría sido el encargado de conducir la motocicleta en la que huiría el sicario.

El asesinato

Refiere la Fiscal en su lectura del testimonio que el día del homicidio “El mono” y “Pecueca” le ayudaron indicándole cómo estaba vestido Alexander, quien almorzaba con frecuencia en el restaurante de la calle 22. También le reiteraron que en un lavadero de autos estaba el motociclista esperándolo para el escape. Por último, le informaron sobre la ubicación de la víctima en el restaurante. Era la 1 de la tarde y el asesino ingresó para luego disparar varias veces en medio de varios comensales que estaban allí, entre ellos el miembro del partido de La U, Jhon Diego Molina Molina, quien fue secretario de Gobierno durante la alcaldía de Israel Londoño.

El sicario salió del lugar corriendo, con el arma en la mano. De inmediato fue perseguido por agentes de policía que custodian el Concejo Municipal. El homicida tomó un taxi, debido a que el motociclista había huido ante el alboroto que se había armado con personas gritando que lo atraparan. El taxi bajó por la calle 19 hasta llegar a un puente peatonal que cruza el río Otún, donde se bajó para caminar por la Calle de las Aromas donde fue detenido luego de lastimarse el pie derecho.

Luego de la captura, con dos pistolas en su poder, el inculpado aceptó cargos por porte ilegal de armas de fuego. No aceptó haber cometido el asesinato. Fue condenado por el delito de porte ilegal de armas y solo meses después, de manera en apariencia espontánea, aceptó cargos por el crimen contra la vida de Alexander. Y en ese momento –casi un año después del homicidio– fue cuando informó que el determinador (autor intelectual) era Wilmar Vera. Con esta afirmación, de manera automática el asesino obtiene derecho a una rebaja de hasta el 50 por ciento de la futura pena que se le imponga.

Sigue relatando la Fiscal que el 29 de marzo del 2012 se hizo un cotejo en fotografías y en las mismas el sicario identificó tanto a Wilmar como a “El Indio”. Expone por tanto que Wilmar es la cabeza de una “empresa criminal” en la que participaron varios individuos.

Por su parte, el asesino Velásquez Villada ya había sido condenado con anterioridad por otro homicidio y hurto agravado, condena que no alcanzó a cumplir porque se fugó mientras hacía uso de un permiso extramural de 72 horas. En la actualidad tiene dos procesos pendientes de sentencia: fuga de presos y homicidio.

La pirámide

La Fiscal señala entonces como pruebas adicionales los testimonios tanto de los padres del asesinado –María Salomé y Luis Gerardo– y Viviana Ramírez, su esposa. En ellos todos afirman que Alexander se había mostrado preocupado días previos a su muerte por los dineros que como intermediario debía a las personas que le habían confiado el montaje de un proyecto de transporte de carbón en La Jagua de Ibirico, en Cesar, cuya cabeza y destinatario de los dineros era un tal Vega, un empresario minero bogotano. La Fiscal apenas mencionó una vez al receptor final de los dineros captados en esta especie de pirámide financiera.

Los mismos familiares entrevistados comentan que Wilmar le reclamó varias veces por la devolución del dinero que años antes le había confiado a Alexander. Incluso, entran en detalles sobre visitas, pero nunca refieren maltratos verbales o de otro tipo por parte de Wilmar, solo la petición para que retornara el dinero confiado.

Alexander captaba dinero a través de una empresa denominada Hybrid & Machine, cuyo asesor jurídico era el abogado Luis Gerardo Morales Ramírez, padre de la víctima, y su esposa también recibía dineros a través de una cuenta bancaria personal. Al parecer, no solo Wilmar les entregó dineros para tal proyecto. Todos estos detalles se conocen por fuentes externas, pues la Fiscal no los mencionó en su lectura.

Cabe resaltar que, por esta misma época, el asesinado adelantaba contactos políticos para despejar el camino para su posible candidatura al Concejo Municipal. De hecho, gestionaba diversas tareas y actividades para animar su posible campaña, lo cual implica gastos de gran monto.

La Fiscal terminó su exposición en la que fundamenta todo su acervo probatorio que, por cierto, solo incluye las ya mencionadas entrevistas al asesino y a los familiares de la víctima. No se mostraron en público pruebas de ningún otro tipo (videos, fotografías, grabaciones) o de algún peritazgo legal.

Refutaciones

El documento de la Fiscalía que contiene el acervo probatorio –de algo más de 150 hojas, aproximadamente- se le pasa al abogado de Wilmar y Jilder, quien en tan solo 15 minutos lo revisa de manera rápida y lo confronta con los apuntes que había tomado mientras hablaba la Fiscal del caso.

Toma, entonces, la palabra el abogado de oficio de los acusados, Hernando León Castillo Ponce, quien solo pudo entrevistarse en la mañana alrededor de una hora con los defendidos, antes de la audiencia de legalización de captura. Inicia su intervención con un refrán.

El abogado prosigue lamentándose por lo que él denomina como “novelita rosa” en la cual se expuso una cantidad de “exagerados detalles que llegan a la incertidumbre y llevan a la incredulidad”.

Cuestiona por ejemplo, que en el documento ni siquiera se escribió bien el nombre de Wilmar, pues aparece como Wilmer. Refiere, además, que el trabajo de la Fiscal con los agentes de la Sijín apenas se dedicó a entrevistas y a confirmar si existían los lugares que refiere el sicario en su informe verbal.

También califica como “montaje” el hecho de que se incluya en el informe una fotografía de Wilmar, a la cual se le añadió una cachucha. Y se extiende por un momento en ese aspecto.

Pone en entredicho varios artículos legales citados por la Fiscalía para sustentar su caso, y los contrasta con otras leyes que, refiere, son las que aplican en los asuntos que detalla.

Cuestiona por qué razón le dan validez a las entrevistas y no se exponen elementos materiales de conocimiento. En este punto se detiene un buen rato.

Incluso, de manera reiterada, se queja por el hecho de haber dejado de lado el asunto del pago efectivo al sicario Velásquez Villada. Nunca se aclara si hubo o no pago. Cuestiona el hecho de que el homicida no haya recibido dinero alguno y a pesar de ello cometió el delito. Solo se comenta –en el informe de la Fiscalía- que le mostraron los fajos de billetes, pero nunca se habla de entrega de un avance o el pago total. “¿Qué sicarios va a trabajar así?”, dice el abogado. “¿Por qué fue tan reiterativo en que le dijeran quién era el contratante y en cambio nunca discutió mayor cosa sobre el pago?”. Así no actúa un criminal de estos, remata.

Luego, con firmeza y voz elevada, se dirige a la Fiscal para enrostrarle que se haya esforzado tanto para encontrar los testimonios de las víctimas y del sicario, pero no haya el menor esfuerzo para comprobar lo referente a los acusados. Cuestiona cómo puede alguien estar parqueado en el centro, al mediodía, sentado en una moto sin placas y con chaleco y casco sin ninguna identificación, como lo relató la Fiscal en su lectura.

También cuestiona que no se haya hecho el menor esfuerzo por comprobar si el viernes 18 de febrero del 2011, día laboral, Wilmar estaba en Pereira, pues así lo dijo a la Fiscalía el asesino. Recuérdese que Vera desde diciembre del 2010 estaba residenciado en Antioquia y para ese entonces trabajaba en la Fundación Universitaria Lasallista. No podía estar en dos lugares distantes cientos de kilómetros y a más de cinco horas por vía terrestre.

Luego las otras partes, entre ellas la Fiscalía, controvierten lo dicho por Castillo Ponce, pero evaden responder las preguntas esenciales escritas antes.

Habla el juez

Sobre las 5:30 p.m. el juez Luis Fernando Moreno Bustamante ordena que se haga efectivo un receso de una hora, mientras se retira a su despacho a leer el informe de la Fiscalía. Comunica que la audiencia reinicia a las 6:30 de la noche.

La audiencia apenas se reinicia hacia las 7 de la noche. El juez se disculpa por la tardanza, la que atribuye al escaso tiempo para leer el documento mencionado. Nótese que el abogado Castillo Ponce, defensor de oficio de los acusados, solo gastó unos minutos para hojearlo.

En su intervención, hecha con una voz pausada y evidenciadora de control absoluto de emociones, el juez empieza a exponer las partes de su intervención. Para ello se ajusta de manera milimétrica a lo expuesto por la Fiscalía y apenas sí comenta los argumentos de la defensa.

Con voz modulada reafirma cada uno de los puntos expuestos por la Fiscalía y les da validez, incluso cuando advierte alguna inconsistencia, la excusa, como ocurrió en particular sobre el detalle de la estatura de Wilmar, según el asesino. Dice que ello se debe a que el victimario Velásquez Villada mide un metro noventa y por tanto lo ve más pequeño.

Acá empieza una larga digresión sobre el asesino, pues por causalidad el mismo Juez estuvo en la audiencia en la cual se legalizó su captura e imputación de cargos. Comenta con gestos de admiración que el sicario Velásquez Villada empleaba incluso terminología tomada del Derecho y que lo hacía de manera correcta. Explicó eso informando que el sujeto había estudiado dos semestres de Derecho y que le pareció verlo hojear códigos mientras transcurría la audiencia.

Comentó incluso que era un tipo de contextura gruesa, muy desconfiado, tanto que no quiso recibir un jugo por temor a que lo envenenaran. Dio otros detalles, como aquel que fue atacado varias veces en prisión y que por ello andaba armado al interior del penal. Dijo, por último, que ese individuo “no traga entero”.

Aseguró que la Fiscalía “tiene una información rica, que es creíble, concatenada”, en lo referente al testimonio leído de Velásquez Villada.

En fin, se mostró coincidente con la totalidad de lo expuesto por la Fiscalía y expuso el aseguramiento de los imputados, por hallar “inferencia razonable de autoría, que no culpabilidad” en la comisión de los delitos.

Además, ordenó al expedición de la boleta de captura y el traslado a un centro de reclusión intramural.

Wilmar, mientras tanto, dejaba evidenciar su abrumamiento, por primera vez en la larga jornada. Algunos asistentes, incluso, tampoco pudieron contener las lágrimas y se escucharon leves sollozos en la silenciosa sala.

En un último esfuerzo, el abogado interpone de manera verbal el recurso de reposición, el cual es negado en minutos. Como última opción, apenas queda exponer la solicitud de un poco preparado recurso de apelación, que por ley debe ser resuelto por un segundo juez.

El juez Moreno Bustamante aseguró, por último, “yo tengo que presumir la inocencia y eso no es retórico”. Eran ya las 9:30 de la noche y dio por terminada la sesión.

***

En las escalinatas que sirven de acceso al Palacio de Justicia, mientras corren remolinos de aire que tornan más fría la noche, una figura delgada sonríe y grita alegre mientras media docena de caras entristecidas, marcadas por las lágrimas que apenas sí pueden contener, tratan de asimilar aquellas palabras al viento que hablan de libros que leerá, para encontrar en sus líneas los puntos de fuga que aniquilen la certidumbre de la reclusión. Un hombre ha perdido su libertad.