Crónicas Tras las Rejas (XI) “Ser pluma, entre poco amor y mucho odio”

Si usted se quiere  quedar en la celda le valen $ 300.000, le dijo Saúl “pelándole” un arma al cinto-

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Por: Wilmar Vera Zapata

Ilustraciones: Chucho 

 

El último rincón de salvajismo, donde la ley del más fuerte predomina en nuestra sociedad, es el patio o pabellón de una cárcel.  Allí El viejo, El Cacique, La Pluma, La Firma, o el representante es la persona encargada de Derechos Humanos, es la persona encargada de poner e imponer la Ley y el orden, el control y las reglas a un grupo de personas acostumbradas, precisamente a no acatarlas. No en vano están muchos aquí por violar las normas.

Cada cárcel  y cada patio, como las personas, tienen sus particularidades y diferencias, pero lo normal es que alguien lleve las riendas del lugar y responda ante la guardia por lo que pasa en su interior.

“Hay patios que no tienen pluma porque a nadie obedecen y en otros dependiendo de la cantidad de reos o si pertenecen a una u otra organización tienen su pluma”. E.P tiene 56 años Y desde que cumplió la mayoría de edad ha pasado más días de su vida en una cárcel que  en la calle. Esa amplia experiencia le ha permitido conocer múltiples cárceles colombianas, unas veces como reo, otras piloteando un pasillo o patio.

“La primera vez  que fui pluma fue entre 1995 – 1996, en un pasillo del patio 4 de la modelo, en Bogotá. En esa ocasión no me eligieron sino que me lo tomé a la fuerza” recuerda E.P

Cuando supo para dónde iba, le pidió a un directivo de ese entonces ciertos elementos que necesitaría para su supervivencia en dicha cárcel. Ingresó a una celda cerca al pasillo de salida y anunció que se tomaba ese lugar. El pluma encargado se le acercó con sus “carros” o “rancho”, guardia personal que se encarga de hacer cumplir sus órdenes y cobran las deudas.

-Si usted se quiere  quedar en la celda le valen $ 300.000, le dijo Saúl “pelándole” un arma al cinto-

-Me tocará empeñar esto –respondió E.P descubriendo una pistola y un revólver. –  Y si no me alcanza, tengo estas dos pepitas para ayudar.TrasLasRejasXI02

“Apenas vieron las dos granadas de fragmentación, no me dijeron nada, se fue renegando y me dejaron sano. Con el tiempo fui depurando el pasillo y quedé con puros señores. A pesar de ser   un antisocial, no me gusta la droga y no la permití en mi pasillo”, añadió  E.P

 

Buen negocio           

‘Qué se puede comprar y vender? De todo. Los ingresos de un pluma parecen más propios de una tienda o una miscelánea: minutos de celular, teléfonos celulares, alquiler de planchas para conyugales en visita familiar, comida del rancho donde preparan alimentos, las frutas del desayuno, los dulces del almuerzo, fabricación y parte de una “punta”  o chuzo,  la posibilidad de bañarse antes que el grueso de los presos y, por supuesto, la mina de oro presente en cualquier patio: la droga.

“Las líneas de droga son las más rentables, porque generan plata para uno, para el proveedor, y para la guardia, que también come”  A.R fue pluma en una cárcel de Caldas y se podía entrar marihuana o perico, siempre y cuando le dejaran a él la mitad.

“Me daban mi parte para mí y mis “carros” y el resto lo vendíamos en el patio. Usted sabe que entre más gente mejor, porque hay más consumidores y el mercado no se acaba”, destacó.

Las ganancias pueden superar los 3 millones semanales dada la diversificación de ingresos y no hay riesgos de contar a fin de mes con una amplia cartera por cobrar o saldo en rojo.

“Si uno se enreda y no paga el sábado o domingo, luego de la visita, le quitan a uno las cositas: implementos de aseo, colchoneta, ropa, comida y lo mandan con un recuerdito a enfermería, sostuvo un recluso que llegó a endeudarse en más de 700 mil pesos en droga y antes de que lo chuzaran corrió a la reja y pidió “puerta”, porque no podía vivir en el patio. Como las deudas son sagradas,  esto no la cancela, simplemente la incrementa tanto que puede que la pague con lo más valioso que se tiene: la vida.

 Guardia Pretoriana

El rancho o la casa son los ojos y oídos del Pluma. Y también sus puños. Se reconocen por ser altivos, sobradores y porque hablan duro, pues se sienten respaldados por el Pluma y por “La segunda”, que funge de jefe inferior al principal, pero de entera confianza del cacique.

El rancho tiene sus ventajas   en el patio y la cárcel. Si no se levantan antes tienen un baño y ducha para ellos, no hacen fila en el caspete para comprar alimentos, a la hora de repartir el postre o la fruta las monopolizan, caminan rodeando al viejo por el hacinado patio pidiendo con voz amable de domador “Pista, pista” y como fieles perros, esperan las migajas que les cargan del jefe para repartírsela entre ellos. Entrar a ese círculo permite ciertos privilegios que desaparecen cuando sus trasladados o caen en desgracia y “sobran” del patio. Ahí los que antaño maltrataban encuentran la oportunidad para devolver favores. Nada más cierto que, en la cárcel, “Golpe con golpe” se paga.

“Hace poco llegó a Calarcá Cachorro, que fue la segunda de Cholo. Apenas lo vieron entrar al patio le dieron 7 puntazos en el tórax de bienvenida”.

 

Patios raros         

No obstante el temor y el vértigo que pueden  generar ciertos patios de cárceles en  Colombia, también hay otros espacios que tratan de ser lo que para muchos se transforma en el encierro obligatorio instaurado por la ley: nuestro hogar.

“Querámoslo o no, este lugar es nuestra casa y a nadie le gusta vivir en un lugar, sucio, desordenado y donde no le respeten nada”. Yiyo , quien habla, fue pluma de este patio por más de un año aunque no permitió el “menosprecio” a los viejos o a los reos recién llegados, cumplía muchos de las tareas propias de un pluma en la cárcel. No cobraba “impuestos” ni aceptó cuotas por negocios al interior, pero su rancho y él si gozó de ciertos privilegios en detrimento del vestir de la población recluida en este patio.

 

E.G. reemplazó a Yiyo y su política, como representante de DDHH, fue diferente. Ese es el término legal del que manda en el patio y cada semana acude a reuniones donde las directivas, para discutir y buscar soluciones a múltiples problemas que se presentan, como la calidad de la alimentación. El trato de la guardia, los cupos de descuento o redención de pena, la “terapia” a la visita o los traslados de patio de algunos presos.

“Aquí no aceptamos el menosprecio ni hay tanta “terapia” como en otros patios. No “damos el pedazo”  (permiso para pelear) ni aceptamos armas como puntas o chuzos, o platinas, porque no las necesitan. Muchos aquí no han recibido de la vida sino golpes y sufrimiento, ¿Por qué le daría lo mismo aquí? Me interesó más una política de respeto, un control más pedagógico” recalcó E.G

Y aunque la semilla sembrada tal vez no germine en un futuro lejano, varias normas se cumplen sin necesidad de “masajear”, “chuzar” o “terapiar” a nadie. Es como construir un castillo de arena exactamente en el recorrido permanente  de las olas del mar, pues consideran que una vida digna y cárcel son dos palabras imposibles de incluir en una frase o en la ida penal colombiana.

“Es que si yo fuera Pluma sería bien estricto con el comportamiento de la gente. ¿Qué no “copea”? pues pa’afuera porque las normas se respetan” concluye Juan asestando un golpe con su puño en la palma de la mano.

“Antes el peligro que tenía un Pluma era que lo mataran. Hoy eso ya no se ve. Hoy no vale la pena meterse en esas actividades. Actualmente un Pluma es el “carro” de la guardia” resume E.P. antes de continuar con su lectura diaria de la Biblia.

Tal vez tenga razón y las condiciones de vida al interior de una cárcel no tenga los riesgos y problemas de hace 20-30 o 40 años, cuando habían menos reclusos y menos control de la guardia.

Tal vez tenga razón y estemos ante el último refugio de civilización, allí donde impera la ley del más fuerte.

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Reservado

Renovación   de plumaje

El pluma tiene un segundo que le ayuda y en ocasiones le hace golpes de estado, atacándolo en un momento de debilidad y, con el apoyo de un nuevo rancho, “arruinar” a los viejos líderes hasta que llegue su turno.