El horror del presidio no fue constituido por el nacimiento del estado, ni siquiera por las élites gobernantes, sino por intelectuales preocupados por una sociedad sin crimen y delito, mayormente escépticos sobre una educación universal que corrigiera al ser humano.  Así fue que por el siglo XVIII, Jeremy Bentham, el inventor de una tecnología de vigilancia carcelaria, publica un libro llamado “El Panóptico”, donde describe arquitectónicamente y filosóficamente cómo cuidar o inspeccionar el comportamiento de los presos. 

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Panóptico de Bentham
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Por: Diego Firmiano

Huevonada social

Si usted alguna vez ha visitado una cárcel, comprobará que las horas que esté allí, se sentirá preso entre los demás. Respirará el mismo aire que aquellos, mirará igual, y hasta podría cruzársele la temerosa idea de “¿y si me confunden con uno de ellos y me dejan aquí sin justa razón?”.  Entrar a un presidio no es nada fácil y una vez que entre saldrá diferente de como entró. Personalmente he visitado algunos que he podido:La Cuarenta, en Pereira, Colombia; el García Moreno, en Quito, Ecuador; Huamancaca, en Huancayo, Perú, y Colina II, en Santiago de Chile, entre otros. He entrado libre, pero el hecho de estar adentro, siempre me ha transmitido el sentir de ser un confinado más, un preso entre los presos, ya que sin una plena identificación con la situación precaria de otro hombre, no hay una sincera humanidad libre.

Por eso cuando se trata de una realidad dolorosa como la cárcel, teorizar es un acto de segundo saber, porque lo que se siente al estar confinado a un lugar extraño y el tener vetado los privilegios de la libertad es algo que escapa de toda teoría.  Es como pretender hablar de la naturaleza de los peces sin visitar su hábitat. Pero tampoco limita el hecho de que el hacinamiento carcelario sea una realidad concreta en nuestro país.Que personas apiladas como cosas en lugares infrahumanos, que sufren maltrato y en el peor de los casos hambre extrema, estén como una bomba de tiempo a punto de estallar por un sistema penal y judicial que no es efectivo ni eficaz, y mucho menos justo. El asunto es grave. Expresiones periodísticas comoPeor que la cárcel, morir en la cárcel[1]del comunicador social Wilmar Vera, encarcelado y envuelto en un laberinto judicial por el deterioro del sistema penal, es una muestra de botón para una realidad más ancha y más desatendida en nuestro país particularmente. También la historia de Norbey Cardona, un preso más de un sistema ciego.

El huevo histórico y funcional de la prisión

De cómo se creó la prisión y con qué propósito es algo que, repito, es de segunda mano pues el nacimiento de la prisión se debe a los correctivos aplicados por el poder para reconducir los comportamientos desordenados. Correctivos o sanciones que iban desde el descuartizamiento, crucifixión, lapidación, mutilación, exposición pública,  hasta los trabajos forzados, expatriación, maceramiento entre otros[2].El aislamiento forzado de los demás era una terapia para sus males, por eso el confinamiento, que terminó aceptándose por parte del grupo social, fue una institución que nació para cuidar el orden y la cordura civil. La prisión, también en su idea original, era un lugar donde se pudiera contener y corregir a las personas, en otras palabras, el presidido en su funcionamiento debía seguir la idea de sanatorio y hospital, ya que eran lugares de reforma donde por la precaria condición antihigiénica, la gente se moría sin más. El resultado eran cuerpos deteriorados, vidas confinadas a lugares oscuros que impedían la entera visibilidad de las cosas o de las personas. Un aislamiento total.

El horror del presidio no fue constituido por el nacimiento del estado, ni siquiera por las élites gobernantes, sino por intelectuales preocupados por una sociedad sin crimen y delito, mayormente escépticos sobre una educación universal que corrigiera al ser humano. Así fue que por el siglo XVIII, Jeremy Bentham, el inventor de una tecnología de vigilancia carcelaria, publica un libro llamado “El Panóptico”, donde describe arquitectónicamente y filosóficamente como cuidar o inspeccionar el comportamiento de los presos. Su invento, que él mismo denominó “El huevo de Colón”, consistía en la idea de  un edificio circular, con una torre en el centro que, atravesada por amplias ventanas, se abrían sobre la cara interior del círculo. El edificio periférico estaba dividido en celdas, cada uno de las cuales ocupaba todo el espesor del edificio. Estas celdas tenían dos ventanas: una abierta hacia el interior que se correspondía con las ventanas de las torres, y otra hacia el exterior que dejaba pasar la luz de un lado a otro de la celda. Bastaba con situar un vigilante en la torre central para que lo observaro todo y luego encerrar en cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno[3].

Jeremy Bentham Imagen tomada de: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/fotos/bentham.jpg

Jeremy Bentham
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La idea de Bentham  con esta elaboración arquitectónica, era la noción del ojo que todo lo ve, del ojo omnipresente que no solo vigilaba sino que también reprimía toda intención de pensar o actuar diferente dentro de la cárcel.  Hubiera sido una obra maestra, sino hubiera sido por que el mismo Bentham nunca tocó una cárcel para comprobar si su teoría sobre la vigilancia de los presos era eficaz o no. He ahí su mayor desvarió. Su culpabilidad  teórica. Su pecado intelectual. Aunque para hacer justicia a su trabajo, sus ideas fueron casi una revolución tecnología de vigilancia que hoy, en pleno siglo XXI, se hace uso con mucha efectividad: Ojos de águila en las calles, cámaras en las cárceles, micrófonos, sensores, registros filmográficos, etc.

El huevo comunista

Y es extraño o mejor, es coincidencialmente extraño que lo más parecido a un sistema de gobierno comunista, sea precisamente una cárcel, pues allí, como dijo el mismo Jeremy Bentham, cada camarada se convierte en un vigilante[4], es decir en pequeños vigilantes que someten a otros bajo una mirada inquisidora a persuadirse de que hagan lo que hagan o piensen, deben perder todo intento de hacer el mal, porque hay alguien que los mira. También los inspectores (guardianes, carceleros, capataces, alcaldes, caciques) cumplen la función de guiar, supervisar y en cierta forma, moldear la conducta de los internos,con la diferencia de que estos cumplen su funciónen una asimetría de conocimiento: los inspectores saben todo sobre los internos, mientras que los internos no saben nada de los inspectores[5]. Todos los espacios en el interior de la cárcel están sometidos a este constante escrutinio: los baños, el patio de recreo, las celdas, los pasillos, la tienda, la capilla religiosa.

Y toda esta vigilancia rigurosa posee una doble intención psicológica, a saber, primero adoctrinar a los presos o convencerlos de que una mirada siempre está puesta sobre ellos, casi como si una ley óptica de la cual no pueden escapar, encorsetara todo el espacio; y segundo la intención de ejercer una disciplina sobre los infractores de la ley para producir cuerpos dóciles (docilis, educables) para una reinserción a la sociedad que los recibirá de vuelta. Casi que una domesticación social. De ahí que todo comportamiento en el interior sea inspeccionado, aprobado o desaprobado según las miradas de aquellos camaradas vigilantes, que en lenguaje criollo, serían los mismos presos entre los presos.

También el penal o la cárcel es el lugar donde se moldea una materia amorfa, desadaptada, poco maleable. Los actos de violencia o injusticia de parte de los guardianes, que siempre intentan ser denunciados por activistas deorganizaciones como Amnistía Internacional o movimientos de Derechos Humanos independientes, no son más que métodos utilizados para aflojar esa masa, es decir, intentar transformar el preso en algo que el mismo no quiere y se resiste ser.   Como refiere Vivien David[6], el uso de la fuerza es un hecho inherente a los comportamientos humanos, no se puede suprimir -lo cuál sería ilusorio- su utilización. Más el Derecho busca purificar su empleo, restándole las connotaciones peyorativas, convirtiendo de este hecho, aparentemente insoportable, en algo racional y socialmente aceptable.

Y junto con la mirada rigurosa y la violencia, el hacinamiento es otra técnica para controlar a la población carcelaria. Las autoridades administrativas del penal minimizan este problema, o no se atienden las quejas constantes, porque el hecho conlleva una intencionalidad: que agrupados, se vigilen y se adapten a esa nueva sociedad carcelaria. La idea que se busca, repito, tácitamente, es que baste una mirada que vigile y que cada uno la sienta pesar sobre si para quien es mirado, termine por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a su mismo; cada uno ejerciendo vigilancia sobre y contra sí mismo. La idea de cárcel estriba en esto. Sin ignorar los tubos de acero que también reprimen y que hacen parte del diseño arquitectónico del presidio.

El huevo de Colón decodificado

Se podría afirmar entonces que del modelo comunista nace de esta pequeña maquetación de control social, aunque también pudiera ser a la inversa. La democracia participa de los mismos elementos de control, solo que de una manera más subrepticia: con la invención de libertad como relación social no como libre elección[7]. Lo incongruente de la cárcel como “instituciones controladoras” o “maquinarias punitivas” del estado, es la financiación de estas de parte de los contribuyentes y el impuesto ciudadano. Caso inverso, la otra oscura cara de la misma moneda, sería que estas factorías de represión fueran administradas por grupos privados a sus anchas e intereses como pasó con las cárceles privadas de la edad media en Inglaterra en el siglo XIII.

Los que apelan a los Derechos Humanos casi que obligan al gobierno a que vele y se responsabilice por los presos que también son ciudadanos. Presos que carentes de voluntad para adaptarse a las normas sociales, han sido llevados a esos lugares oscuros y herméticos para ser sometidos a una especie de terapia penológica de reajuste moral, intelectual, y jurídico.

El problema es mucho mayor en cuanto las cárceles han demostrado su poca efectividad respecto a los fines para los cuales fueron creadas. Los amotinamientos, sobrepoblación e irrespeto a los derechos de los confinados dicen mucho de lo poco que sirven estos centros de reclusión. ¿La solución? Si existe alguna, tampoco será la destrucción de algo que ya es parte de la idea de democracia o gobierno, sino más bien, un viraje de la identidad social de estos espacios humanos. Ayudaría el que se erradique la idea(mayormente adoptada por la custodia penitenciaria, que solo cumple un servicio obligatorio por el estado) de que las personas allí privadas de su libertad deben hacer lo que se les ordena, más que entiendan la intención de su regeneración por medio de los trabajos asignados.Un programa serio de reinserción social en la vida laboral y civil, después de que el condenado haya recobrado su libertad, es algo humanamente viable y sustentable, como lo hacen otros países desarrollados con mucha eficacia.

Una revisión al derecho penal de nuestro país sería clave para recobrar la fuerza y la fe en la justicia y para que la población en todo el territorio colombiano pierda el miedo que produce los continuos errores judiciales que en granados casos castiga al inocente y deja libre al culpable. Juicios parciales o totales basados no en la arbitrariedad sino en el buen manejo de las fuentes, la apelación y el derecho de demostrar la presunta inocencia sin temor de ver aparecer un testigo falso  que pretende hundir a otro ser humano en una mazmorra por cientos de años.  La liberación del periodista Wilmar Vera debe ser un Huevo de Colón, es decir, un hecho decisivo para que la justicia penal recobre la altura de su esencia y función.

  [1] Artículo escrito por la misma mano del profesor y comunicador Wilmar Vera desde la cárcel “San Bernardo” en Armenia, Risaralda, y publicado en el año 2013 por el portal de investigación periodística Tras la Cola de la Rata http:www.traslacoladelarata.com [2]Rodriguez-Magariños, Faustino Gudín.  Introducción Historia de las Prisiones. Capítulo 1. [3] Foucault, Michael. El Ojo del Poder. Edition Pierre Belfond. Madrid 1979.Pág. 10. Entrevista  de Jean-Pierre a Michael Foucault, donde este describe así el Panóptico de Jeremy Bentham. [4] Bentham, Jeremías. El Panóptico. Ediciones: La Piqueta. España. 1979. Pág 15. [5]Bauman, Zygmunt. Libertad. -1 ed. –Buenos Aires: Losada. 2010. 248 p. [6]David, Vivien, “Au delà des bornes, il y a limité”. Esquissed´unearticulation de la force et dedroit, RevuePénitentiaire. Núm. 2, junio, 2004, p. 361. [7]Bauman, Zygmunt. La Libertad. Edición Losada. Colección: Aniversario. Argentina. 2010. Pág.: 28