“El amor es como la fiebre: nace y se extingue sin que la voluntad  tome en ello la menor parte.”

Stendhal

Imagen tomada de: http://www.elpais.cr/files/news/image/detail/100113amour.jpg

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Por: John Harold Giraldo Herrera*

Fue el poeta maldito Charles Baudelaire quien dijo: “El amor es un crimen que no puede realizarse sin un cómplice” y su idea no puede cobrar más valor que en la película Amour. Una extraña manera de enfrentarse luego de los 80 años a vivir con ese sentimiento que nos potencia. La película es una bofetada, sobre todo en épocas tan herméticas, y es una bofetada cuando desde nuestra forma de crianza estamos predispuestos para enfrentar las situaciones corrientes y de felicidad, aún cuando contamos con la monotonía y la melancolía. No importa cuál sea la causa o cómo se genera el modo de ese sentimiento del amor, existe y es una de esas prótesis indispensables para la existencia, mejor, es parte de nuestra existencia y del cual morimos tanto como vivimos.

En fin, el hecho es que al ver Amour nos encontramos con una de esas películas incómodas, no por su factura, tampoco por su temática, menos por la trama ni los personajes, es incómoda porque quizás nos revela ese lado impredecible, insospechado, e impensado de las decisiones del ser humano. Debo decir que no pude creerlo, luego sentí como si me asfixiara, hasta que entendí y lo acepté. La película goza de una parsimonia propicia para sorprender, como los relatos fríos y calculadores que nos van llevando hasta el punto donde no tenemos retorno y entonces ocurre eso que decía Baudelaire: la necesidad de un cómplice para cometer un crimen.

Nunca se pronuncia la palabra amor, aparece como si fuera un exorcismo. Así los dos viejos recluidos en su casa, después de haberse jubilado, esperan lo inevitable: la muerte. Ella llega entre una ventana, abierta, antes unos bomberos irrumpen en la casa donde yace un cuerpo, el de ella, rodeado por pétalos de flores. Luce radiante en medio de la desolación. El artífice de esta película es Michael Haneke, el mismo que en el 2009 causó fascinación con una película ganadora del premio de la academia en la categoría de Mejor película de habla no inglesa (La cinta blanca), y repitió ahora con Amour.

No podría decirse si es una película para recomendar, tampoco es posible ofrecer unos calificativos, salvo el de la rareza, un sentimiento humano muy poco explorado en el cine comercial, debido a que lomasivo es lo común. Incluso lo masivo es lo más fácil de asimilar, y Amour cuesta, nos duele, causa miedo, nos irrita, y será por esa parsimonia también inevitable que salta a flote lo truculento, como decía, la que es consideraba la creadora de la danza contemporánea, Isadora Duncan: “El amor puede ser un pasatiempo y una tragedia”. En medio de la convivencia con alguien, además en una etapa irreversible, se puede encontrar tanto el pasatiempo como la tragedia. Y el pasatiempo puede ser prolongado, mientras la tragedia es una irrupción, un quebranto repentino.

Cuando asistimos a ver ese cadáver desde el inicio, sabemos el hecho crucial: hubo un crimen, con lo que no contamos es con el cómo sucede, ni menos el acopio de indicios que llevarán a esa bella fatalidad: una decisión impostergable para seguir dejando la ventana abierta para que entre la luz. La película resulta difícil, si se plantea el tema del amor, debería encontrarse algo explícito, y así es, pero es una especie de crueldad. Quizás compasión, tal vez impedir que el dolor perdure, o puede ser una sensación de impotencia, que no quiere perpetuarse, se trata de la decisión, de elegir qué es lo que sigue, de asumir el control, antes que la vida siga por un cauce de desborde.

Amour es una película imposible de olvidar, el tema de la vejez, sumado al de un paro cardíaco, con elementos de violencia, nos ofrecen un paisaje de soledad, de determinación. Ahora, Amour es un espejo en proyección, donde se nos prende un faro: el de nuestra vida en la edad de adultos mayores, y allí podrían sugerirse una serie de apreciaciones, pero la más especial es la que surge de tomar una decisión, esa que es irreversible, no se toma con antelación, salvo en un momento, en donde sea como sea está presente el amor, comoNietzsche, lo decía: “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”.  El crimen con un cómplice se ha consumado, los espectadores participamos de esa complicidad.

Ficha técnica

 

Año, país, duración 2012, Austria, Francia, Alemania. 127 minutos.
Director y guión
Música Franz Schubert, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach
Fotografía Darius Khondji
Actores Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert, William Shimell, Ramón Agirre,Rita Blanco, Alexandre Tharaud, Laurent Capelluto, Carole Franck, Dinara Drukarova
Productora Coproducción Francia-Alemania-Austria; Les Films du Losange / X-Filme Creative Pool / Wega Film / France 3 cinéma / ARD degeto / Bayerischer Rundfunk / Westdeutscher Rundfunk / Canal + / France télévisions
Género Drama | Drama romántico. Vejez. Enfermedad. Discapacidad
Página web http://www.golem.es/distribucion/pelicula.php?id=277
Premios 2012: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. 5 Nominaciones, incluyendo película
2012: Festival de Cannes: Palma de Oro (Mejor película)
2012: 5 Premios César, incluyendo mejor película y director. 10 nominaciones
2012: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2012: Premios del Cine Europeo: Mejor película, director, actor y actriz. 6 nominaciones
2012: Critics Choice Awards: Mejor película de habla no inglesa. 2 nominaciones
2012: 2 Premios BAFTA: Mejor película extranjera y actriz (Riva). 4 nominaciones
2012: Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera
2012: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
2012: National Board of Review (NBR): Mejor película extranjera
2012: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor película
2012: Satellite Awards: Nominada a Mejor película extranjera y mejor actriz (Riva)
2012: Premios Guldbagge: Mejor película extranjera