Tercera entrega de la serie de cuentos escritos por mujeres que se destacan en la literatura risaraldense, seleccionados por Jáiber Ladino G. Mañana, espere la publicación de un ensayo donde se aborda la obra de las autoras seleccionadas.

 

La crucifixión de Jairo Orlando García

Por / Albalucía Ángel – Ilustración / Daniela Cuéllar*

 

Hemos aceptado la total crucifixión,

nuestra ecuación perfecta, nuestro espejo,

nuestra agrietada forma de futuro.

Darío Jaramillo Agudelo

 

Drama en tres actos

            Principales escenas

La entrada a Jerusalén

El Sanedrín

Jesús ante Pilato y Caifás

Encuentro con la Samaritana

La última Cena

La vía dolorosa

 

(El trayecto comenzará en el río Sáchica, a la entrada del pueblo, seguirá hasta la plaza, donde se desarrollarán las otras escenas)

(La vía Dolorosa será situada en las afueras, y las tres cruces se colocarán en el monte de los olivos de don Jesús María Rodríguez)

 

Primer acto

(Tres personas miran el espectáculo. Un cultivador de cebada, un ama de casa y un trabajador de las minas de yeso. Los tres visten trajes domingueros. La mujer debe ser cincuentona y los dos hombres pueden escogerse de cualquier edad. La población está adornada con ramos santos y demás elementos pertinentes al caso)

Agricultor: Eso sí es de lujo, francamente, todo el mundo estrenando, ¿quién es esa muchacha tan bonita? La del vestido rojo tan brillante…

Ama de casa: Esa es Flor María, la Magdalena, es nueva. El año pasado se llamaba Luz Dary Osorio, era más para el papel, mejor dicho, a mí me gustaba más, parecía de verdad una Magdalena, con el pelo largo hasta aquí. El de esta le queda cortico, es peluca, además.

Yesero: ¿Usted es de por estos lados?

Ama: De aquí mismo: de Sáchica. Nací aquí como mi papá y mis cuatro abuelos. Al lado de la iglesia: ¿ve esa casa con los balcones verdes? Pues allá. Boyacense de cepa, sí señor.

Yesero: Yo estuve aquí el año pasado, también. Me contrataron dizque de extra. Pero este año sí no me dejé, no mijo, con ese calorón que le entra a uno con ese tunicón que le ponen, nos dieron las cuatro casi y sin podernos tomar ni una cerveza.

Agricultor: Yo hace más de seis años seguiditos que vengo aquí en Semana Santa. Al principio no era tan bonito. Hoy por ejemplo esto es de lujo, avemaría: de Castilla. Vea esos soldados con esos correajes, puro cuero legítimo, esa de allá es muy buenamoza también, ¿cómo se llama? La pelimona, que tiene túnica morada y el velo azul… esita…

Ama: ¡Ah, esa…! Leopoldina, la Samaritana. Ni tanto tan bonita, ¿a usted le parece?

Agricultor: ¡A mí sí!

Yesero: A mí también. Es tetoncita, ¿no?

Ama: Y culifruncida y presuntuosa. Ni que fuera la Virgen. Eso sí es buenamoza, Elizabeth. Es la novia de Pilato, ese que está lavándose las manos. Se ennoviaron el año pasado en los ensayos y la culifruncida de la Samaritana se está muriendo de pique, porque además él es un muchacho preparado. Lleva la contabilidad en el almacén Tía de Bogotá, un partidazo.

Yesero: ¿Y ese de allí, quién es? El de la barba y ese cosiánfiro tan grandote y tan raro en la cabeza.

Ama: Es Francisco Javier, Caifás. Es cajero del Banco de la República.

Agricultor: ¿Qué es lo que está diciendo el altoparlante?

Yesero: Que se perdió un niño que se llama Giovanni Ortiz y que tiene cinco años, pobre señora: en esta pelotera lo va a encontrar después de la crucifixión. Yo aquel de allí lo conozco, ¿no es don Genaro Chicunque?

Ama: Ese es San Pedro, trabaja en la Cooperativa, primo de Benhur García, hermano de la Virgen, o sea cuñado de Pilato.

Agricultor: ¿Qué gentío, no? Más que el año pasado. Esta se está volviendo una atracción de primera, y hasta café dan gratis.

Yesero: Y aguardientico. Yo ya me zampé dos, compadre. Ahora lo invito a un trago, ¿quiere? Qué verraquera de cruz, ¿y ese hombre se la piensa cargar así no más?

Ama: Bueno, el Cirineo se la ayuda a cargar después de un rato.

Yesero: Esa berrionda tiene que pesar sus dos arrobas.

Ama: Tres.

Agricultor: ¿Y sí podrá?

Ama: Claro que sí. Hace tres meses ya que están ensayando. Además Jairo Orlando con esta son seis veces que lo crucifican. Es el mejor que hemos tenido. Acaba todo entumido por las ligaduras y hasta morado de latigazos, a mí me hace llorar todos los años.

Yesero: ¿Aquel es Cristo? Es un tipo muy serio…

Agricultor: Y muy fornido. La policía se va a tirar en todo. ¿Por qué empujan tanto? No van a dejar ver. (Al yesero) ¿Nos vamos mejor a echarnos el traguito?

Yesero: Sí, claro. Arranque pues, compadre.

 

(Mutis por el foro. El ama de casa se queda sola, mirando la entrada a Jerusalén).

 

Telón.

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Segundo acto

 

(Los mismos personajes, más un cura de unos sesenta años, que será un simple observador, pues no abrirá jamás la boca).

 

Ama: ¿Estaba bueno el aguardiente?

Ambos (A dúo): De primera.

Yesero: Ya se está calentando el mediodía, yo me quito esta ruana (y se la quita).

Ama: Se perdieron lo mejor. El vino y las mogollas que sobraron de la última cena. Además, Judas estuvo tan bueno en esa parte que todo el mundo lo aplaudió cuando terminó de alegar con Jesucristo y luego salió a perderse, en estampida. Encontraron al niño, menos mal.

Yesero: ¿Cuál niño?

Ama: Pues el que se había perdido, Giovanni no sé qué: pobre mamá. Estaba ya transida de la angustia. Los muchachos son un encarte siempre. Ahora le tuve que repartir dos pescozones a unos piernipeludos que andaban pataneando y azuzando los perros, cagoncitos.

Cura: (Hace un gesto de disgusto)

Yesero: ¿Y eso qué es…? Parecen truenos. ¿Va a llover? Pero si ni siquiera está nublado.

Agricultor: Ni riesgos. Hoy no llueve, es luna llena. ¿Qué es eso, doña? Son los altoparlantes, ¿no?

Ama: Claro, ¿no ven que ahora Judas se va a ahorcar? Eso es un ruido de ventarrón tumbando techos, nunca había sido tan bonito, la Defensa Civil se está luciendo.

Yesero: ¡Se está colgando el hombre! ¡Se está colgando de verdad! ¡Hijuelosdiablos… se colgó!

Agricultor: ¡Carajo, se colgó sí señor, allá está chapaleando…!

Ama: Es la vez que más bonito se ha ahorcado Luis García, la más emocionante. Lleva con esta veintiséis veces que se ahorca.

Yesero: Pero esta sí es la última, mi doña. En esta vez sí se le fue la mano. Ese hombre es hombre muerto.

Ama: (Riéndose) ¡Qué va! La Defensa Civil puso en los árboles una polea con un garfio (se oyen aplausos, gritos) ¿no ve? (suelta otra carcajada) ¡qué emocionante! ¡qué belleza…!

Agricultor: ¡Ah, qué hijueputas tan sabidos…!

Cura: (Hace un nuevo gesto de disgusto, y opta por embozarse con su capa).

Yesero: Yo me perdí el domingo la procesión de ramos que dizque fue lo más bonito que hubo en Villa de Leyva, en muchos años. Tuve que ir a votar a Tunja, se me tiraron todo, mucha lástima. (Dirigiéndose al agricultor) ¿Usted por quién votó, si no es indiscreción?

Agricultor: Yo por la UNO, compañero, y usted, si no es indiscreción…

Yesero: Por el Partido Liberal, de todos modos. Tanto letrero, mire, empapelaron hasta el atrio de la iglesia.

Ama: Es que ahora la política ya no respeta nada. ¡Ni a Dios!

Cura: (Hace un movimiento afirmativo con la cabeza).

Agricultor: ¿Qué pasó…? ¿Ya arrancamos?

Ama: Sí. Ahora comienza la vía Dolorosa.

 

Telón.

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Tercer acto

 

(Los mismos personajes, salvo el cura que se ha ido).

 

Yesero: Ya empezó la llovizna. Se está toldando en serio, aquí hasta en luna llena, qué paramero tan maluco, y la subidita mamadora, ¿no? ¿Quiere un Pielroja? (ofreciendo primero a la señora).

Ama: No, gracias, yo no fumo nunca en Semana Santa. Una promesa.

Agricultor: Mi señora también hace promesas en esta época. Ahora anda por Tunja, porque dizque hizo una manda de llevar una cruz en la procesión de esta noche. Con capuchón y no sé cuántas más enguandas.

Yesero: A mí eso me parece exagerado.

Ama: ¿Exagerado llevar cruces? ¿Y el pobre Jesús, que la llevó a cuestas por nosotros…? ¡Pero es que ustedes no son cristianos ni siquiera…!

Yesero: Yo sí señora, ¡claro! Lo que pasa es que tanta matraca y tanto perendengue que están usando ahora, no me tientan. ¿Cómo dijo que se llama la Virgen? Qué hermosura de mujer, ¿verdad compadre?

Ama: Elizabeth García. Hermana de Judas.

Agricultor: Qué lempo de hembra, sí señor. ¡Qué palidez! ¡Que pelo tan bonito!

Ama: Ese sí es natural. No como la pelucona de la Samaritana.

Yesero: Bueno, pero no hay que negar que el vestido de la Samaritana es mucho más elegante que el de la Santísima Virgen. Qué opina usted, compadre.

Agricultor: Pues yo opino que sí. Que es más elegante, eso es verdad. Lo que pasa también es que no se le puede quitar a la Virgen que es mucho más buenamoza y no tiene peluca, como nos dijo la señora…

Yesero: Bueno… yo, con perdón de aquí de misiá, a mí las hembras bien tetonas, compadre. Harta pechuga, ¿no?

Agricultor: Lo que pasa compadre es que eso está por ver. La Virgen lleva un manto que se lo tapa todo, a lo mejor también…

Ama: (interrumpiéndolos) ¡Herejes…! ¡ustedes son herejes!

Yesero: No sumercé, no se ofusque, somos hombres. No tiene nada de malo. Vea: a mí por ejemplo me tiene impresionado que esos tres tipos tengan que cargar esas cruces mientras que los vergajos de soldados les dan fuete, no hay derecho. Si así fue de verdad, fueron muy abusivos, aunque fueran ladrones. ¡Qué hombre tan grandotote es ese Cirineo!

Agricultor: Compadre, ¿quiere una cervecita?

Yesero: Pero usted sí es precavido, amigo. ¿Se la embolsilló desde allá abajo? Se largó el aguacero, ¿no les dije…?

Ama: ¿Ni siquiera en la crucifixión respetan…? ¡De rodillas!

Yesero: ¿Le van a clavar también los clavos? ¡No charle hermano! Ese hombre es bien fornido. Esa cruz no le aguanta, apuesto.

Agricultor: Métase aquí debajo del árbol, nos vamos a ensopar. Esa que está llorando allá, al lado de la Magdalena, es una hembrita fina, ¿no compadre?

Yesero: ¿Que si qué…? Pero mucho…

Ama: Creo en Dios Padre Todopoderoso Creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor…

Agricultor: ¡Se vino abajo el Cristo! ¡Diablos…!

Yesero: ¡Carajo!, se va a volver pomada ese hombre… (dando un salto) ¡ataje aquí, compadre! ¡Que vengan más soldados! ¡Agarren…! ¡Tengan duro…!

Ama: ¡Virgen María Santísima…! ¡Virgen Santa!

Telón.

 

Albalucía Ángel. “La crucifixión de Jairo Orlando García” en: ¡Oh gloria inmarcesible! Alcaldía de Pereira – Secretaría de Cultura. Colombia, 2019. Pp. 76-88

*Contacto Daniela Cuéllar https://danielacuellar.com/