Miquito.
Fotografía tomada por: César Romero

Por: Juan Francisco Molina Moncada

De los hilos pende la vida de algunos seres humanos, tal vez de todos en determinado momento; lo que sí es cierto es que estos dan vida a las marionetas, y ellas, a la comedia, a la magia, a la poesía y la fábula. Todo se escribe en un pequeño escenario, en donde destaca la armonía musical y la habilidad del artista para hacer actuar a unos muñecos bien elaborados.

Unos muñecos que mutan, unos muñecos que lloran, saltan, sueñan con quimeras; tal vez de esto se ríe el inquieto y escurridizo “Miquito”, acaso león, acaso duende, quien de una caja sale y por todo lado corre, gesticula, saluda. Aún así la hiperactividad de “Miquito” o la calavera de los huesos que bailan desaforadamente no logran desconcentrar a los niños malabaristas, quienes de un aro penden, quienes desde un aro vuelan mientras la música se armoniza con lo que sucede en escenario.

Esto de igual forma sucede mientras un peculiar cangrejo se transforma en avestruz o en resumen, una exótica ave de bello y adornado plumaje. Metamorfosis. Magia. Al igual que Gregorio Samsa, una bella hada muta a un insecto verde de resaltadas antenas y ojos saltones, quizá similar a aquella mariposa que quiere enseñar volar al gusano ante el testigo del espejo mágico, aquel mismo que obsesiona, y acaso consuela la tristeza del payaso viejo, quien es al mismo tiempo una o tres rosas blancas.

Los niños, en especial, disfrutaron de la obra.
Fotografía tomada por: César Romero

Aún así, la desolación del viejo payaso quizá no se puede comparar con la del “culebrero” hindú, quien no logra encantar con su “kaypacha” a la serpiente que se esconde en la canasta…o que dentro de él está y lo desarticula mientras insistente sigue tocando su instrumento.

Pero no todo acaba allí, porque la magia de las marionetas trae siempre nuevas sorpresas que emocionan al público, sobre todo, a los niños; de la canasta sale entonces una serpiente de dos cabezas, quien pone un huevo del cual nace una cría que orina encima del artista, quien junto a la serpiente siamés le da vida; la misma que se otorga a un pájaro de hojalata construido con martillo y alicate por un diminuto y colorido pájaro.

Al final aparece de nuevo “Miquito”, quien del público se despide, metiéndose de nuevo en su caja mientras los hilos se declinan y la magia, aquella fábula escrita tal vez por Fedro termina… o acaso empieza. Mientras tanto, ¿volvemos a pender de un hilo? Esto quizá sería divertido si perteneciésemos al mágico mundo de las marionetas.   

El payaso viejo.
Fotografía tomada por: César Romero

Ficha técnica de la obra

Obra: “La magia de las marionetas”

Autor: Gregor Schwank

Duración: 50 minutos

Público: Familiar