Fotografía / Archivo

Merardo Aristizábal: teatrero, loco y soñador  

El teatro, como arte de la representación, nos permite conversar con las pasiones humanas, con sus tragedias, con sus alegrías y con todos los hechos que hacen del diario vivir una historia que contar

merardo2

Por: Jhonattan Arredondo Grisales

Fotografías: María Laura Idárraga Alzate

Merardo Aristizábal, actor, poeta y dramaturgo pereirano, dice que para ser artistas de teatro hay que tener amor, pasión, disciplina, curiosidad, fuerza, constancia y, sobre todo, mucha mística en lo que se hace. Cualidades a las que no es ajeno y en las que trabaja con ferviente devoción. Acá nos habla un poco de su historia en el arte de las máscaras y de su quehacer teatral.

Jhonattan Arredondo: Desde joven ha estado relacionado con las artes ¿Qué lo llevó a tomar el teatro como proyecto de vida?

Merardo Arístizabal: Recuerdo que cuando era niño mis hermanos estaban montando una danza para la escuela en la que estudiaban. Verlos ensayar me despertó cierta atracción por el arte de la representación. También recuerdo que un día mi mamá me llevó –sin saberlo– a un evento teatral en una escuelita. Se trataba de un monólogo que interpretaba una señora lo más de sencilla. Esto me impresionó muchísimo, tanto como para hoy decir que ese fue el detonante para soñar con algún día ser un actor. Ah, por cierto, cuando ya era un adolescente, extrañamente, me doy cuenta que la señora que vi interpretando el monólogo cuando era niño, era nada más y nada menos que Antonieta Mercury, persona a quien debo la mayor parte de mi formación.

merardo3Como ya lo ha mencionado, la mítica y precursora del teatro pereirano Antonieta Mercury tiene gran valor para usted. Cuéntenos un poco cómo fue su experiencia junto a ella.

Siempre que recuerdo a Toña no puedo evitar que mis ojos se nublen y que mi alma se llene de nostalgia. Gracias a ella, yo y otros compañeros recibimos una formación maravillosa, como artistas de teatro y como personas. Ella decía que el teatro no solo formaba actores y actrices, sino que también formaba mejores seres humanos. Además, gracias a ella conocimos a maestros como Enrique Buenaventura (Teatro Experimental de Cali) y Santiago García (Teatro La Candelaria), responsables de la modernización del teatro colombiano, que arrancó a mediados del siglo pasado. Ella siempre está presente en nuestros corazones y en cada uno de los personajes que he interpretado a lo largo de mi carrera. Siempre.

J.A: A propósito de los personajes que ha interpretado, ¿Cuál de ellos ha sido el que más lo ha marcado?

M.A:¡Todos! Todos los personajes que he interpretado han dejado una huella en mi memoria y todos, sin excepción, siempre me han enseñado algo nuevo. Cada presentación, además, le enseña algo más al actor y le deja una cantidad de cosas no vistas en el personaje. De ahí que para mí no haya personaje grande ni pequeño, todos merecen el mismo respeto y a todos les brindo la misma dedicación. El teatro, amigo, no tendría razón si cada personaje, por minúsculo que parezca, no transmitiera cosas, si no removiera fibras en el espectador. Sin embargo, personajes como ‘La joven casadera’, o ‘Jean Genet’, aún permanecen en la memoria de las personas que me han visto en escena.

J.A: Después de varios años de ausencia en las tablas, ¿Por qué regresas al grupo de Teatro Hora 25?

merardo1M.A: Me retiro del teatro porque en determinado momento de mi vida miro hacia atrás y me doy cuenta que no ha pasado nada. Que todo el esfuerzo, que todo lo luchado y  que todo lo soñado para que el teatro en Pereira tuviera mayor reconocimiento, se ha desvanecido. En ese momento no quería más que la muerte. Todos mis sueños se habían deshilachado. Cuando miras al pasado en una ciudad que brinda poco, ese mirar te deja el alma hueca, sin ánimos de nada. Pero un día mis amigos van a mi casa y me invitan a ser parte del comité editorial de la Revista El Juglar, una revista especializada en teatro; lo cual me ayudó mucho para salir de ese estado emocional. Y es precisamente cuando viajo a Manizales a entregar unas revistas, donde, por casualidad, me encuentro de nuevo a Farley Velásquez, director del grupo de teatro Hora 25. Quien me invita a su grupo para que represente un personaje en su nuevo montaje teatral. Así es la vida, cambia de color de un momento a otro.

J.A: Además de teatrero, también eres poeta ¿Cómo unes estas dos artes?

M.A:¡Todo es culpa de Toña! Pues la formación que recibí de ella fue una formación integral. Siempre quiso que sus actores tuvieran la capacidad de explorar en las demás artes, o más bien lo que ella nos quiso enseñar: que al teatro lo unen muchas cosas. Por eso mi poesía tiene algo de teatro, y por eso mis personajes siempre tienen algo de músico, poeta y loco.

J.A: Hablando de poesía y ya para terminar, dice un poeta que el teatro es un lugar donde habitan los recuerdos, las sombras, los fantasmas. ¿Cuál de ellos lo persigue?

Sin duda, el de la inolvidable Antonieta Mercury. Siempre he dicho: “Somos Toña, deambulando por el mundo, con el teatro a cuestas”.