En últimas, la izquierda Petrista se embriaga en el éxtasis de su exposición pública, de estar de segunda en las encuestas, como el exhibicionista que se roba sus 15 minutos de fama en la mitad del cotejo deportivo, cuando todos están en los camerinos.

 

Por: Julián Bedoya

El trasfondo social es conocido: Colombia es un país mayoritariamente de derechas, conservador, cristiano y prejuicioso. Un país gobernado desde siempre por 15 familias todopoderosas. Hijos y nietos de expresidentes ocupan la primera plana entre los candidatos a la magistratura nacional. Y es sobre todo un país violento. La violencia lo ha permeado todo, tanto que hoy sigue siendo una reivindicación de la izquierda en democracia el derecho a participar sin temer por su vida.

La extrema derecha (uribismo), inflada y arrogante después de su victoria en el referendo por la aprobación del proceso de paz, sabe que no es mayoritaria. Sabe que su victoria (la del NO) contra el proceso de paz contó con la ayuda de otros actores políticos que no jugarán con ella a las presidenciales. Sola no logrará volver al poder siendo aún una fuerza poderosa en el escenario político nacional. Prueba de esta fuerza son los resultados  del partido uribista en las elecciones del Congreso (11 de marzo 2018), donde se convierte en la bancada más grande (19 senadores y 32 representantes a la cámara baja), sin alcanzar la mayoría matemática.

El debate hoy en Colombia entre los sectores democráticos es si la ambición nos puede y queremos tomarlo todo, y por ende galvanizamos a una derecha cuasi mayoritaria en Colombia (sumando centro derecha y extrema derecha), o si damos un paso intermedio, que para un país que ha vivido toda su vida republicana en guerra (y son más de 200 años), implicaría salir de la violencia endémica y la formulación de un proyecto modernizador.

Hay un sector de la izquierda colombiana (el Polo Democrático) que entiende que hoy las mayorías ideológicas no son precisamente de derecha dura pero sí anti izquierdas y anti comunistas; y se propuso construir una propuesta con la burguesía nacional, un proyecto modernizador, no revolucionario ni socialista, pero de avanzada dadas las relaciones feudales, de atraso y de violencia política de nuestro país.

Es una izquierda que sabe que en el mejor de los casos llegaría sola al 20 por ciento de los votos. Y sus militantes se irían a tomar unas copas en un bar después del conteo, y hablarían de lo lindo que fue la campaña y tres anécdotas más. En últimas, el Polo Democrático no sueña con acompañar coreográficamente las victorias aplastantes de la derecha y quiere romper con el seudo techo del “voto de opinión” de la izquierda colombiana (alrededor de 3 millones de votos de un total de 15 millones de votantes).

El Polo Democrático impulsó la Coalición Colombia, que escogió como candidato a Sergio Fajardo. Foto / 360 Radio

Una coalición de largo aliento

El Polo Democrático impulsó la Coalición Colombia, que escogió como candidato a Sergio Fajardo, el único con reales capacidades electorales de derrotar a la extrema derecha terrateniente y la derecha oligárquica proimperialista. Todas las encuestas así lo muestran.

Sin embargo, hay un candidato de “izquierda” (más símbolo que realidad) que repunta basándose en su poderosa retórica; en sus propuestas ilusorias, pero efectistas en la opinión política; en su capacidad de aglutinar a todos los sectores de izquierda fuera del Polo Democrático y a la imagen construida de víctima del sistema, así en el pasado haya cohonestado con la derecha que dice combatir. Y el sistema lo ayuda: entrevistas, reportajes y primeras páginas lo impulsan a los primeros puestos y debilitan a Fajardo.

La fórmula estaba preparada desde la extrema derecha: inflar a Gustavo Petro, ex guerrillero del M19, exalcalde de Bogotá (con bastante líos administrativos y pésimas ejecutorias), que no se atreve a decir que Chávez es dictador (y no lo son, pero le cobran su cercanía para azuzar los miedos y los paralelismos) y que logra personificar todos los temores de la Colombia retardataria. Venezuela y el chavismo son el fantasma y el trapo a agitar por la derecha mundial.

Prueba de su baja capacidad de aglutinar al pueblo colombiano más allá de las encuestas son los resultados de las pasadas legislativas, donde Gustavo Petro obtuvo una de las bancadas más pequeñas del congreso (4 senadores y 2 representantes) mientras la Coalición Colombia lo supera con creces  (15 senadores y 12 representantes).

El meollo de todo esto está en saber leer el momento histórico. Después de un proceso de paz que ha costado tantos intentos fallidos, que la izquierda que está con Petro se empecine en una especie de masturbación política, impulsando al candidato que saben que no va a ganar contra el heredero de la extrema derecha, de la persecución a las cortes, a los periodistas, de las ejecuciones extra judiciales, es una irresponsabilidad inadmisible demostradora que en estos sectores sigue pesando más el fetichismo de ver fastuosas banderas ondeando en el aire que mejorar las condiciones de vida del pueblo del que tanto se habla en los discursos de plaza pública, sin mayores compromisos.

Elegir hoy un candidato de centro en Colombia, que nunca se ha reclamado como de izquierda, ni más faltaba, y que no va a generar todos los cambios que el país necesita, implica una enorme generosidad de parte de los sectores más lúcidos y consecuentes del campo democrático colombiano.

Se sacrifican banderas y consignas del simbolismo propio de la identidad política en aras de abrirle paso a un punto de quiebre a la historia nacional, una apertura democrática que siente las bases para procesos de transformación más profundos.

En últimas, la izquierda Petrista se embriaga en el éxtasis de su exposición pública, de estar de segunda en las encuestas. Fotografía / petro.com.co

Panorama con ganador de derecha

En últimas, la izquierda Petrista se embriaga en el éxtasis de su exposición pública, de estar de segunda en las encuestas, como el exhibicionista que se roba sus 15 minutos de fama en la mitad del cotejo deportivo, cuando todos están en los camerinos.

Es como un fantasma, que no conocíamos antes: el fanatismo de los nuestros, de los que históricamente se han autodenominado revolucionarios y de izquierda. Entre los seguidores de Petro y los militantes del Polo Democrático todos los puentes están rotos. La discusión argumentada y seria se ha hecho imposible. Cada uno posa de ser el macho lomo plateado, el más rojo de los rojos.

Los recién graduados en izquierdismo radical califican de “tibios” a quienes procuran la apertura democrática con el centro del espectro. Viven a plenitud su éxtasis de identidad adolescente, sin sentido de la responsabilidad histórica. Ahora, quienes han resistido, por ser más viejos, la barbarie del uribismo en el poder, son tratados de inconsecuentes por no apoyar la candidatura del que pretende ser más puro y más rojo, olvidando sus deslices vergonzosos de antaño, al lado incluso del mismo Uribe en su perorata antiterrorista.

El candidato de la Coalición Colombia tiene hoy pocas posibilidades de pasar a segunda vuelta, aunque las encuestas lo ponen como el candidato que menos rechazo genera entre el electorado de todos los sectores, dato importantísimo para segundas vueltas.

Es casi un hecho, salvo una remontada digna del 4 a 0 del Barca al PSG, que la extrema derecha uribista va a pasar a segunda vuelta con el candidato de la “izquierda”, con Petro. Y la tunda será 3 a 1. El heredero del gobierno más sanguinario de la historia llegará al poder, a menos que el centro se abra paso en la última recta de la competencia y le malogre la fiesta a la propuesta hirsuta de la falsa izquierda radical.

No obstante, también la derrota dará sus dividendos. La división entre la izquierda colombiana se va a profundizar mucho más. Auguro 30 años más de división antes de un nuevo intento de frente popular, de unidad más allá de los rencores y los ajustes de cuentas.

Mientras ello sucede, la Coalición Colombia y el Polo Democrático desde ya se preparan para la contienda electoral de carácter regional de 2019, y para encabezar las expresiones de rebeldía democrática de la sociedad colombiana.

Y vamos a ver qué da un nuevo gobierno de extrema derecha. Vamos a ver cómo y a cuántos de los nuestros les van reventar los intestinos.

(Al día de hoy van más de 82 líderes asesinados desde el fin del proceso de paz, en su mayoría defensores de derechos humanos, líderes campesinos y de sustitución de cultivos).

@AJulianBV