“…en eso consiste esto de la poesía, en querer comunicar de la manera más honda algo que te pertenece y que le pertenece al lector de manera distinta.”

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Por: Alan González Salazar

Han pasado seis años desde la primera edición de la Revista Polifonía, en donde se publicó este pequeño diálogo con una de las representantes, hoy por hoy, de las vanguardias literarias de nuestro país.

Para la fecha había leído sólo algunas reseñas y ninguno de sus libros, sabía del impacto de su obra y esa mañana, en el lobby del Hotel Soratama, a mis escasos veinte años, resultó carismática, a pesar de la sombra de un temperamento severo, que daban a entender alguno de sus gestos y frases, que pueden ser malinterpretados, como hemos visto, en encuentros anteriores del festival de Poesía Luna de Locos.

Con los años y apoyado en la existencia de algunos de sus libros en la biblioteca (ya que es imposible comprarlos), me dediqué a entender los motivos de tantos reproches que se le enrostran, y encontré justificación para algunos de ellos, como el hecho de dedicarle un poema a un bollo, en una edición respetable del F.C.E.:

 

TERCA SEÑAL

En un rincón de la mañana,

bajo el lívido sol, como una ampolla

de la hirviente ciudad,

los excrementos:

Terca señal de que allí estuvo un hombre.

¿Qué fantasías poblarán sus sueños?

 

Esto sin desmeritar otros logros que, es sabido, sigue sumando para un público cada vez más diferenciado, pero es el lector (hipócrita lector) el que debe espiar y juzgar. Con objeto entonces de motivar el diálogo, unas cuantas palabras de la polémica Piedad Bonett:

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¿Se puede hablar de alguna temática en su obra?

No tengo temas recurrentes. Sí hay una serie de temas que se pueden encontrar, pero son varios. Podría decir: la infancia, la muerte, el amor, el cuerpo… no son míos, son de la poesía de todos los tiempos.

Hay sentido sin lenguaje y éste se vincula a lo simbólico. ¿En ese puente se dice todo lo que se siente, lo que la experiencia le ha otorgado?

Es lo que intento, decir todo lo que pueda de una experiencia. Si lo logro no lo sé yo, porque el lector tampoco sabe cuánto quise decir. Pero no doy por terminado un poema hasta que no tengo la sensación de decir todo lo que quería decir. El lector reinterpreta el texto, el poema le dice otra cosa; en eso consiste esto de la poesía, en querer comunicar de la manera más honda algo que te pertenece y que le pertenece al lector de manera distinta.

¿Cuál es su Daimon?

El yo… lo que trato es de sostener un diálogo con un yo que no es fijo, que es móvil, que a veces tiene una cara y luego otra, paradito aquí en el hombro, susurrándome con distintas voces.

¿Qué intertextualidad puede reconocer en sus obras?

579998_411328938924456_2034381561_nCuando hago una lista de los escritores que me han marcado, en la simplificación que la conciencia tiene clara, podría hablar, por ejemplo, de los autores que han influido en la juventud: Neruda, Vallejo, Borges, Baudelaire… toda la narrativa norteamericana ha influido en mi poesía; pero a medida que el tiempo pasa y uno se vuelve un lector más avezado, más integral, y yo que he sido profesora durante tanto tiempo en la academia, ya no sé dilucidar muy bien en ese entramado de cosas. Podría decir que mi poesía rinde homenaje a Truman Capote, hay huellas por supuesto de Eliseo Diego, Alejandra Pizarnik, José Watanabe, Olga Orozco… ¡De muchísimos! Leyendo mí poesía podría hacer un rastreo de quién me iluminó. La literatura en general es una labor perenne de saqueo de la memoria, 26 y allí están integrados todos los textos que uno ha leído; escribir consiste en relacionar y en esa memoria está la pura experiencia práctica pasada por el tamiz de los escritores.

¿En qué medida las fuerzas de ficción en su poesía (el mito) resisten a las fuerzas del poder, de la coacción?

La buena poesía lleva siempre al centro, esa es su gran virtud, hablar de una cosa aparentando decir otra; aunque en ciertos momentos de la historia eso no ha sido así, se habla directamente, pero esa poesía me interesa menos. Toda poesía es política desde el silencio. Entonces todo lo que uno ha dejado de decir es también la postura que se tiene del mundo. El silencio es tan expresivo como una palabra.