Colombia es el país del mundo con mayor diversidad de aves, ya que contamos con alrededor de 1900 especies, de un total mundial de 10500. Al tener semejante diversidad, habitan en nuestro país, a la vez, las aves más comunes y las más extrañas, especies de todos los hábitats, hábitos, tamaños y comportamientos. Viven en nuestro territorio desde el gigantesco cóndor y otros 5 buitres americanos, hasta cientos de minúsculos colibríes; desde las coloridas tángaras hasta los oscuros y poco visibles tapaculos; desde las ruidosas guacharacas, hasta las silenciosas perdices.
Por Edwin Alejandro Hurtado:
Tenemos también una buena variedad de aves nocturnas, las más conocidas, por supuesto, son los búhos, con 27 especies, y una especie de lechuza, que es cosmopolita y se puede ver incluso en nuestras ciudades acechando roedores desde las copas de los árboles y cuchicheando con sus compañeras como dice la canción infantil. Sin embargo, hay otro grupo importante de aves nocturnas, desafortunadamente desconocidas por la mayoría de la gente: los caprimulgiformes. Entre ellas se encuentran los guardacaminos, los nictibios, los chotacabras y los guácharos; y a pesar de que muchos al verlas las asocian con los búhos y lechuzas, sus familiares más cercanos son los vencejos y los colibríes, según las investigaciones filogenéticas más recientes.
Entre las especies mencionadas, hay una que es relativamente conocida en Colombia: el guácharo. El parque nacional natural más antiguo de Colombia, fundado en 1960, se llama Cueva de los Guácharos, en honor a estas extrañas aves que aún viven en sus sistemas de cavernas. También hay un parque natural con el mismo nombre en Venezuela y Ecuador (aunque en este caso les dicen “tayos”). Estas aves no solo viven en nuestro país, sino en todo el norte de Sudamérica, desde Bolivia hasta las Islas de Trinidad y Tobago, aunque se han reportado algunos individuos aislados en Aruba, Costa Rica y Panamá. De hecho, esta especie fue descrita por Alexander Von Humboldt en la localidad de Caripe, en Venezuela, de donde viene la segunda parte de su nombre científico Steatornis caripensis; la primera parte, Steatornis, significa literalmente “ave aceitosa” debido a sus hábitos alimenticios, ya que se alimenta principalmente de frutos de palmas, siendo la única ave nocturna en el mundo que se alimenta de frutas, y la única de su orden, ya que los demás caprimulgiformes como los raros nictibios o bienparados son insectívoros. Por estos hábitos alimenticios, sus polluelos eran usados por algunas personas para extraer aceite, y además según cuentan en algunas crónicas, eran usados también para hacer antorchas, ya que al contener gran cantidad de aceite podían permanecer encendidas por intervalos de tiempo considerables.

Como ya mencioné antes, viven en sistemas de cavernas de zonas boscosas, de donde salen en las noches en busca de las frutas de las que se alimentan. No está muy claro cómo se da el movimiento entre los diferentes sistemas de cavernas, pero se sabe que existe, es decir que la especie es un migrante estacional. Por esto se están desarrollando investigaciones que buscan estimar la longitud de sus movimientos y establecer cuándo vuelven o no al sistema de cavernas del que salieron. Ellos utilizan las cuevas como sitio de refugio y reproducción, anidando en las cornisas y salientes de roca de las cuevas donde habitan.
Sin embargo, su característica más sorprendente es su sistema de ecolocación, ya que junto con los vencejos del género Aerodramus, son las únicas aves del mundo con esta capacidad, presente también en muchas de las especies (no todas) de murciélagos. La ecolocación consiste básicamente en la “emisión de ondas sonoras de corta duración que al rebotar contra estructuras sólidas son detectadas por el emisor, permitiéndole determinar características del objeto como distancia de ubicación, forma, textura, etc” (Griffin, 1944). Los guácharos tienen dos tipos de vocalización, ambas audibles por los humanos: unas son vocalizaciones sociales, similares a gritos, por lo que son conocidos como “diablotín” en algunos lugares; y el segundo tipo son unos clics de 40 a 80 milisegundos (ms) y entre 1.5 y 2.5 KHz, estos clics son los que actúan en el proceso de ecolocalización, permitiéndoles detectar objetos menores a 20 cm de diámetro. Sin embargo, ellos encuentran la comida usando su capacidad visual, y la ecolocalización solo la usan para el movimiento dentro de las cavernas. Otras aves nocturnas, como búhos, lechuzas y chotacabras dependen totalmente de su capacidad visual y/o auditiva, pero por lo que se sabe, son incapaces de ecolocalizar.
Yo apenas tuve la oportunidad de conocer en vivo estas aves hace un mes, en la reserva antioqueña Río Claro, ubicada en el sudeste del departamento, en el municipio de Puerto Triunfo. Muchas personas van allá a conocerlas y a disfrutar de sus otras actividades turísticas como deportes extremos y otras atracciones naturales. Al parecer, no se encuentran en peligro de extinción, pero la sobre explotación de los lugares donde viven y su intensa actividad turística podrían acarrearle algunos problemas. Esperemos que cada vez las conozcamos mejor y que sus poblaciones permanezcan estables, para que así sigan embelleciendo nuestros ecosistemas y las redes tróficas a las que pertenecen no se vean afectadas.



