Pichón de paloma. Tomada de http://www.misamigaslaspalomas.com/

Palomas, mensajeras de amor y de guerra (II)

Esta es la segunda parte de nuestra serie de entradas sobre estos animales tan queridos por unos, y tan odiados por otros.

Como los perros, las gallinas, los gatos, las vacas, los caballos, y otros animales domesticados  las palomas han estado cerca al ser humano gracias a su enorme capacidad para adaptarse a la transformación que éste le hace continuamente al ambiente.

Por David White Delgado*

De hecho, Columba livia es una de las especies que mejor se ha adaptado a vivir en entornos urbanos, tanto así, que es muy improbable encontrar estas palomas en entornos salvajes que no estén cerca de la civilización. Una buena explicación para esto, parece ser el hecho de que en su pasado genético está su interés por anidar y descansar en estructuras rocosas, o al menos a base de piedra, como los edificios, dando preferencia a las grietas y cavidades de las paredes, puesto que se asemeja a las cuevas de los riscos en su entorno primitivo. Estos lugares otorgan el aislamiento, la privacidad, pese a ser tan sociales, y la seguridad ante depredadores que las asechan en un bosque o sabana. Les encanta la oscuridad.

Paloma anidando en un edificio en Portsmouth, UK. Foto de Alex Hyde.

 

La paloma bravía cuenta con un repertorio de sonidos que si bien no poseen estructuras acústicas complejas formando cantos tan ricos en altibajos como en la mayoría de los paseriformes, tienen la noción de indicar intenciones como si de lenguaje humano primitivo se tratase. Entre estos se encuentran los arrullos típicos cuando se les encuentra en celo. En este caso, es el macho quien emite este sonido para mostrar a la hembra sus cualidades viriles: un gran cuello ancho y colorido con iridiscencias verdes y púrpuras, una voz dominante, un tamaño adecuado para protegerla a ella y a sus crías y, un plumaje brillante, muy bien mantenido, indicando que se alimenta bien, o que es el líder de una bandada, o el macho alfa, puesto que estas aves se organizan en pequeñas comunidades a lo largo de un territorio, en donde surge un palomo dominante que ejerce su voluntad sobre los demás, dándole el privilegio a su pareja, de disfrutar del mejor sitio de anidada, de ser  la primera en comer, y de ser protegida por el más fuerte.

 

El ritual de cortejo del macho consta de cinco curiosas fases, en las que se intensifica la persistencia por persuadir a la hembra para que acceda a aparearse con él. Durante la primera fase el palomo se acerca a una  hembra objetivo y emite un ulular conocido como arrullo con un secuencia similar a un Pupúruru purú, siempre terminando con el –purú, que tal vez indica un código de lenguaje territorial, pues este mismo arrullo es usado para ahuyentar intrusos o indicar que se quiere pelear. Simultáneamente, el ave hace una especie de baile, en el que gira 360 grados sobre su propio eje. Hace esto por unos segundo, ensanchando su cuello, lo sube y lo baja mostrando su iridiscencia y observando atentamente qué tanto éxito está teniendo, a este evento se le conoce como baile y arrullo.

 

La segunda fase inicia con el arrastre de cola, un movimiento impetuoso en el que el macho eleva su cuello para bajar su cola de abanico y con esta, barrer el suelo, a la vez que se lanza directo a la hembra y continúa con sus giros y arrullos. En la tercera, la paloma aún no ha cedido ante la seducción del palomo, por lo que este procede a asediarla, y es este el nombre de la fase: el asedio. El palomo la perseguirá elegantemente mientras esta “huye” con una velocidad que depende del progreso del cortejo.

Para la cuarta fase, las dos aves ya se habrán emparejado, y entonces empiezan las caricias. Como otras aves, poseen zonas sensibles dentro de la topografía de su cuerpo, en donde se conectan varias terminaciones nerviosas. Una de estas es la carótida, sección que rodea los oídos, la base del pico, y la parte inferior de los ojos. Este lugar es objeto de caricias por parte de la pareja, de manera recíproca, por turnos. De hecho, es aquí cuando se da la señal para aparearse por enésima cuando ya viven juntos en su nido. Las dos aves se acarician mutuamente, incluso algunas otras partes como las alas y el pecho y entonces la paloma mete su pico en la garganta del palomo, para que este le regurgite en señal de estimulación sexual, para finalmente aparearse. La quinta y última fase de cortejo corresponde al coito como tal, una acción por la cual el macho se sube encima de la hembra y ambos juntan sus cloacas haciendo a un lado sus colas.

 

Tras aparearse, las palomas recién emparejadas inician la búsqueda de un sitio en dónde anidar, que por lo general suele ser la guarida en donde uno de los dos descansa y pasa las noches durmiendo. El hogar para la nueva familia debe ser oscuro, privado y generalmente alto, para evitar la visita de seres indeseables para ellos. Ponen dos huevos, a veces tres, y no dependen de la época del año para reproducirse, aunque suelen estar más en celo durante veranos largos en nuestro país. La puesta dura en promedio una semana y el calentamiento unos 19 días.

Una vez eclosiona el huevo, nace un polluelo ciego y totalmente dependiente de sus padres, quienes lo cuidan y alimentan con una sustancia especial llamada “leche” de buche, qué básicamente es una secreción producto de la disociación de capas celulares de las paredes más internas del buche,  y es muy nutritiva para ellos, aunque muy diferente a la leche de los mamíferos.

El pequeño tarda cerca de un mes en madurar y tratar de salir del nido, por lo que durante los primeros días, en donde carece de plumas y solo posee plumones, los padres comen poco para que la leche de buche salga más pura. A medida que va creciendo, van sustituyendo poco a poco la secreción con semillas (dieta natural de las palomas) y en nuestro caso, sobrados de comida regurgitados.

Pichón de paloma. Tomada de http://www.misamigaslaspalomas.com/

Como en los humanos, las palomas tienen edades, pero con diferentes nombres, así, el polluelo es el bebé recién nacido, el pichón es el polluelo con plumas ya formadas y con plumones remanentes, el chirriador es el pichón que pía con frecuencia y persigue a sus padres para ser alimentado, el volantón es aquel pichón que ya sabe comer y que se lanza del nido para intentar volar, pasando una temporada en el suelo y siendo aún regurgitado por sus padres que aterrizan constantemente. 

Cuando los juveniles van madurando, adquieren un rasgo instintivo muy común, que se repite en aquellos que no tienen íntimo contacto con humanos, y es volverse más precavidos, más atentos y desconfiados. Tras alcanzar la edad con suficiente desarrollo sexual como para reproducirse, se considera que se convierten palomas adultas y están preparados para continuar su ciclo reproductivo.

Tanto la hembra como el macho emiten un arrullo característico cuando desean indicar a su pareja que hay intrusos o que han regresado a su hogar, siendo en las primeras una secuencia más aguda y rápida. El macho siempre dará sus giros de baile e intentará mostrarse como un palomo de mayor tamaño, sea que llegue y se encuentre con intrusos, como que llegue y solo esté su pareja y sus hijos, como sería lo habitual.

 

En las próximas semanas, se harán algunas entregas sobre  historia natural,  la domesticación y los comportamientos de forrajeo, defensa y cortejo de las aves, además de su relación actual con los humanos.

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia apasionado por las aves, sobretodo por las palomas, lo que lo hace, como  Charles Darwin, un admirador de su belleza y comportamiento.