Columba livia, es el nombre científico para una de las aves más famosas, más exitosas y mejor adaptada al Antropoceno, es decir, a los nuevos ecosistemas que la intervención humana ha establecido sobre los salvajes. Conocida de forma vulgar como paloma bravía, paloma de la roca o simplemente paloma doméstica es un ave columbiforme perteneciente a la única familia de este orden taxonómico, Columbidae, término otorgado por el género del nombre científico Columba cuyo significado es “paloma” en latín. Es un ave bastante social, gregaria, relativamente territorial y con múltiples conductas interesantes.

Por David White Delgado*

Todas las palomas, o bien, cada uno de los individuos de esta especie tan dispersa alrededor del mundo descienden de una población ancestral que habita en los riscos escarpados de las costas del noreste africano, la península arábiga y el sureste europeo, rodeando al Mediterráneo.

Palomas en entorno natural. Andrew Dunn, 2006

Se estima que estas aves comenzaron a relacionarse con nuestra especie al interceptar las caravanas mercantes antiguas que pasaban por su hábitat con sacos de granos, que eran su objetivo principal para alimentarse. Con el paso de los años, algunas poblaciones de palomas fueron adentrándose cada vez más ante las puertas de la civilización, hasta dejar por completo su entorno natural y mudarse a vivir en las rústicas edificaciones, atraídas por la gran disposición de alimento, refugio contra depredadores e incluso, sin ellas saberlo (o eso creemos) la posibilidad de expandirse y colonizar nuevos territorios en compañía del ser humano.

No se tiene certeza en qué siglo fueron domesticadas, pero se atribuye su observación, encanto y crianza pionera a civilizaciones como los antiguos egipcios y a los persas, quienes para antes del 3000 a.c ya habían erigido soberbios palomares rústicos para su manutención.

Venus jugando con dos palomas. Francesco Hayes, 1830.

Es un ave bastante popular que ha aparecido en múltiples culturas y ha sido venerada incluso en algunas mitologías, como la romana, donde eran el símbolo de la diosa Venus. En el imperio romano comenzó una fascinación por cruzar a esta especie para obtener diversas razas, como la romana, que lleva el nombre, la capuchinna y la escampadissa entre otras.

Durante la edad media, esta ave ya era aprovechada por su capacidad de regresar al lugar en el que se adesa, esto es, el sitio en donde aprende a volar, en donde tiene familia o en donde está su pareja anidando. De esta manera, resultaba rápido y efectivo enviar un mensaje en la pata de este animal pues siempre volvería a tu hogar en caso de que tu expedición tuviera problemas y necesitaras refuerzos. Y por cientos de años fue usada de esta manera, como una distracción, y como una disciplina, la colombofilia, algo opuesta a la cetrería, que consiste en criar a algunos de sus predadores para la caza, los halcones.

Entrada la revolución industrial en Francia, las palomas fueron usadas para comunicar a París con otras de las ciudades gálicas que aún no habían cedido ante el asedio de los prusianos. Como los globos aerostáticos eran un blanco fácil para la artillería, el mejor método tanto rápido como preciso era soltar palomas desde la capital francesa hasta las otras ciudades, en donde ellas tenían sus palomares base, por lo que eran catalogadas según su procedencia, tal cual como lo harían con las señales de radio, unos ciento cincuenta años después. Sin embargo, este sería apenas el inicio de una “carrera militar” para la especie ya que fue durante la Gran Guerra, cuando las columbas debutaron y se hicieron famosas como héroes de guerra o como instrumentos de comunicación militar, dependiendo de la moral del asunto.

Para ese entonces, no existían radios portátiles eficientes,  teléfonos, sino el telégrafo, un instrumento innovador, pero lento y rudimentario que transmitía mensajes codificados bajo un listado de patrones de sonidos conocidos como código Morse. El problema, es que durante la guerra, los cables de este aparato podían ser interceptados por el bando enemigo, además de que la presión de estar entre un tiroteo no permitía a los operadores tener certeza de que estaban enviando el patrón correcto, por lo que era incómodo para resolver una situación de vida o muerte, en la que estás acorralado. De esta manera, hubo movilización de carros con palomares de carga, soldados que llevaban palomas en su espalda y sitios de adesamiento masivo en las ciudades de los países en conflicto, para proporcionar una red rápida de comunicación basada en la geolocalización de las palomas. Durante los enfrentamientos, si se requería enviar información rápidamente, se soltaba toda una escuadrilla de palomas, con unos varios ejemplares, con la finalidad de aumentar la probabilidad de entrega, dado que algunas se desorientaban por los disparos o morían en el camino.

Durante la Segunda Guerra Mundial, su uso tuvo el mismo objetivo que su precursora, con la diferencia de que esta vez,

Palomares militares. Fotografía Q 27756 del Imperial War Museum

ya existían divisiones de la fuerza aérea tanto en la Luftwaffe, en el eje, como en la RAF británica y la USAF estadounidense, porque se había asignado una nueva modalidad de disposición estratégica, el contraespionaje. Ahora las palomas eran equipadas con “pequeñas” cámaras a escala, que se les ataba en el vientre o en la espalda, y que tomaban fotos seguidas por un tiempo definido para lograr capturar imágenes de convoyes, bases o movimiento del bando opuesto sin ser detectados. Eran como los drones de la época.

Así pues, las palomas se hicieron tan populares durante el conflicto bélico más grande de la historia, que entre los aliados y el eje, se hicieron campañas de caza e interceptación de las palomas mensajeras enemigas, usando guarniciones de soldados que les disparaban al verlas, en un principio, y luego halcones (Falco peregrinus) posteriormente, entrenando pues, a su cazador natural. La labor de contraespionaje se daba una vez obtenían los mensajes cifrados en microfotografías del enemigo, ocultos en el tubo que colgaba de la pata de una paloma bravía.

Muchas palomas fueron partícipes de la guerra sin saberlo, se salvaron muchas vidas, y se contribuyó a acabar con otras, sin ser conscientes de que llevaba un mensaje para un conflicto entre simios con fuego y acero, y yendo solo tras la búsqueda de su hogar y alimento, las palomas era condecoradas una vez regresaban salvas, ya que no siempre sanas.

En las próximas semanas, se harán algunas entregas sobre  historia natural,  la domesticación y los comportamientos de forrajeo, defensa y cortejo de las aves, además de su relación actual con los humanos.

*Estudiante de biología de la Universidad de Antioquia apasionado por las aves, sobretodo por las palomas, lo que lo hace, como  Charles Darwin, un admirador de su belleza y comportamiento.