MARINA ABRAMOVIĆ O LOS LÍMITES DEL CUERPO… Y DEL PÚBLICO (III)

Después de cuarenta años en los que la gente pensaba que estaba loca y que deberían meterme en un manicomio, finalmente parece que empiezo a recibir todos esos reconocimientos. Lleva mucho tiempo que te tomen en serio. Me gustaría que la performance fuese considerada una forma real de arte, con sus estructuras y características definidas… Antes de que me muera, si es posible.

Marina Abramović

 

Escribe / Jaime Flórez Meza – Ilustra / Stella Maris

Si la performance es el arte de lo efímero, pero arte a fin de cuentas, a Marina Abramović le ha llevado toda una vida luchar para que sea reconocido como tal. Las características viscerales, lacerantes y provocadoras de su obra hacen que esa tarea de práctica, defensa y divulgación encuentre sus resistencias en todas partes. Pero es que la performance nunca ha sido una forma de arte que pretenda agradar al espectador sino, por el contrario, lo que busca es desestabilizarlo, movilizarlo, irritarlo y cuestionarlo profundamente; exponer sus miedos, sus temores, sus contradicciones, su naturaleza humana, su lado más oscuro y su lado más luminoso, y cómo estas fuerzas entran en choque.

En los años posteriores a su separación definitiva de Ulay Marina continuó sus indagaciones artístico-corporales, míticas y ritualísticas. En su proyecto Dragon Head, iniciado en 1990, de alguna manera buscaba representarse como un dragón o dragonesa con la complicidad, si cabe decirlo así, de unas serpientes pitón que se enroscaban en su cuerpo (la leyenda dice que aquellas pitones no habían ingerido alimento durante dos semanas). Las serpientes se aferraban aún más a su cuerpo para buscar calor, debido a la presencia de bloques de hielo a su alrededor.

 

Le puede interesar:  MARINA ABRAMOVIĆ O LOS LÍMITES DEL CUERPO… Y DEL PÚBLICO (I)

 

Sin embargo, la obra más importante que realizó en la década de los noventa tenía que ver con la guerra de los Balcanes (1992-2001), que desgarró y desarticuló completamente a Yugoslavia, su país. Marina quiso decir y hacer algo y ello la llevó a Balkan Baroque (Barroco Balcánico) en 1997. Esta vez no había animales vivos como las pitones sino restos de animales: 2500 huesos de vacas, dos mil de ellos llenos de sangre aún, como si se tratara de osamentas humanas descuartizadas, en alusión al infierno de la guerra balcánica. En un subterráneo veneciano, durante seis días, seis horas diarias, en medio de un olor putrefacto, Marina estuvo lavando sin cesar (había dos fregadores y un baño lleno de agua) la sangre de aquellos huesos, mientras cantaba tonadas tradicionales balcánicas. No obstante, como ella misma dice, “no se puede lavar la sangre” porque “nunca se logra lavar la vergüenza de las guerras”.[1] Esta obra era, además, una video-instalación: presentada en la Bienal de Arte de Venecia incluía un dispositivo de video que proyectaba sobre las paredes del subterráneo imágenes de su madre, su padre y ella misma. Obtuvo el León de Oro en este certamen, uno de los más prestigiosos del mundo en artes visuales.

Balkan Baroque. Fotografías / ResearchGate

En la primera década del nuevo siglo Marina continuó infatigable su trabajo creativo y de divulgación de la performance. Grandes museos del mundo como el Museo Británico de Arte Moderno, el Museo de Arte Moderno de Nueva York (conocido con el acrónimo de MoMA por su sigla en inglés) y el Museo Guggenheim, también de Nueva York, le abrieron sus puertas. En esta ciudad se estableció poco tiempo después del derrumbamiento de las Torres Gemelas. Le parecí

a irreconocible, pero de ahí nació la idea de hacer una performance que reflejara esos cambios en la gran urbe y su gente:

Encontré a sus habitantes muy diferentes, más emocionales, más vulnerables, más espirituales. La idea del trabajo era el experimento: si me purifico a mí misma sin probar ninguna clase de comida durante doce días, solo bebiendo agua pura, y estando en el momento presente, aquí y ahora, en las tres unidades del muro que representa mi casa —el baño, la sala y el dormitorio— y los escalones que llevan a este espacio están hechos de afiladas hojas de cuchillos, nunca podré salir. Esa rigurosa forma de vida y purificación cambiaría el ambiente y la actitud de las personas que vendrían a verme [traducción del cronista].[2]  

 

Le puede interesar:  MARINA ABRAMOVIĆ O LOS LÍMITES DEL CUERPO… Y DEL PÚBLICO (II)

 

Marina tituló esta performance The House with the Ocean View (La casa con vista al océano) y la estrenó en 2002 en la Galería Sean Kelly de Nueva York. “Tuve en este período personas que vinieron por unos minutos y luego se quedaron tres horas, cuatro horas, y volvieron al día siguiente para quedarse por más tiempo, sin entender realmente lo que estaba pasando. Lo que pienso es que si estás en el presente y estás purificada creas un campo de energía que puede cambiar el nivel del espacio con el público, de manera tal que lo haces sentirse y estar en el momento presente” [traducción del cronista].[3]

The House with the Ocean View (2002). Fotografías / Art21

En el Guggenheim neoyorkino presentó en 2005 un montaje inusual en su carrera, que consistía en una recreación personal de siete obras que ella consideraba seminales en la historia de la performance, de artistas pioneros como Joseph Beuys, Valie Export, Vito Acconci, Bruce Nauman y Gina Pane, incluyéndose ella misma con dos piezas (“Lips of Thomas” y un trabajo nuevo, “Entering the other side”), abarcando un período en la evolución de la performance que va de 1965 a 1975, excepto por la última pieza que es de 2005. El título del montaje era Seven Easy Pieces (Siete piezas fáciles), irónico en mi opinión dada la dificultad de ejecutar cinco piezas de las que solo hay registros fotográficos o relatos de testigos que pudieron presenciarlas. La tarea de Marina era en ese sentido reconstruir aquellas obras de colegas suyos durante siete días, una pieza por día representada a lo largo de siete horas.

¿Por qué decidió hacer un montaje en cierto modo antológico, en el que ella misma se incluía como referente de la performance?

En los 70 la estética de la performance era copiada por la televisión, el teatro, el cine, la moda, el diseño. Y nunca se le dio crédito al material original. Y la verdad es que me enojé. Había muchos otros performers en mi misma situación, entonces decidí hacer una especie de declaración: elegí siete piezas de performance originales para llevar a escena en el Museo Guggenheim, solicitando antes un permiso a los creadores de cada pieza, a quienes también pagué los derechos de autor. (…) Tenía que ver con la dignidad de nuestro trabajo. La performance es una forma viva del arte y las piezas que decidí recrear necesitaban volver a ser vistas en acción, no en registros fotográficos.[4]

La experiencia quedó registrada en una película dirigida por Babette Mangolte —fotógrafa, guionista y cineasta franco-estadounidense—, bajo el mismo título, la cual “examina las posibilidades de representar y preservar una forma de arte que es, por naturaleza, efímera” [traducción del cronista].[5] Además de la ejecución de cada obra la película muestra las reacciones e impresiones de los espectadores ante las tres primeras piezas, de manera especial en la realización de “Seedbed” (Semillero), de Vito Acconci, en la que la artista, oculta debajo de una plataforma blanca sobre la que se encuentran los espectadores, relata algunas fantasías sexuales mientras se masturba; o cómo se conmueven con “Action Pants, Genital Panic” (Pantalones de acción, pánico genital), que la muestra blandiendo una ametralladora, su pantalón con una abertura en la entrepierna y hondamente atemorizada por un peligro (¿una amenaza de violación?). “La película”, dice Mangolte, “es acerca del cuerpo performático y cómo éste afecta visceralmente a las personas que lo confrontan, lo examinan y participan en la experiencia trascendental, que es su afecto primario” [traducción del cronista].[6]

Marina en “Action pants: Genital panic”, de Seven easy pieces. Fotografía / FlashArt

Esa confrontación, afectación y participación se aprecia, pues, en estas primeras piezas, mientras que a partir de la cuarta, “How to explain the pictures to a dead hare” (Cómo explicar las imágenes a una liebre muerta), de Joseph Beuys, la directora da prelación a lo ceremonial, al artista como si fuese un chamán. Un elemento importante aquí, y en la performance en general, es la repetición de los gestos, apelando siempre a lo procesual.  “Las culturas más antiguas están completamente basadas en la repetición. El tiempo que lleva, por ejemplo, elaborar en algunos pueblos los trajes ceremoniales, que se usan una sola vez al año y luego se queman. Hay algo ahí que tiene que ver con esta idea de que el proceso es más importante que el resultado”,[7] explica Marina.

Marina Abramović es una artista multifacética que no se ha limitado a la performance. Ha sido y es educadora en esta disciplina, labor que ha desarrollado en talleres internacionales y en Nueva York, donde reside desde 2002. Es también fotógrafa, video-artista, escenógrafa y productora de cine. En 2008 dirigió el corto de ficción Dangerous Games (Juegos peligrosos), cuyo epílogo dice: “En cerca de veinte países alrededor del mundo los niños son reclutados para la guerra. Se les ha negado su niñez y a menudo están sujetos a una horrible violencia; se estima que entre 200.000 y 300.000 niños sirven como soldados, tanto para grupos rebeldes como para fuerzas gubernamentales, en conflictos armados actuales” [traducción del cronista].[8]

Marina realizó esta película en Laos, pero lo que allí se representa tiene una connotación real en países como Colombia, donde el reclutamiento de menores por parte de distintos grupos armados ilegales sigue siendo una de las mayores vergüenzas de su conflicto armado interno: “La Coalición contra la Participación de Niños y Jóvenes en el Conflicto Armado de Colombia (Coalico), con sede en Bogotá, informó que al menos 190 menores fueron reclutados durante los primeros seis meses de 2020, cinco veces más que el año anterior. Esto, probablemente, representó solo un pequeño porcentaje de los casos reales, dado el temor que muchas familias tienen de informar tales episodios”.[9]

 

La artista está presente

Tal vez el punto más elevado en la carrera de Abramović ha sido la gran retrospectiva de su obra presentada en el MoMA en la primavera de 2010: The Artist is Present, conformada por fotografías, registros en video, obras de Marina como solista o con Ulay ejecutadas en vivo por otros performeros y, por encima de todo, una performance con ese mismo título, cuya idea era, posiblemente, la más elemental que se le había ocurrido: permanecer sentada en una silla, ante una mesa, en el atrio del museo, y mirar a cada persona que ocuparía por turno la otra silla, y así durante los dos meses y medio que estaría abierta la retrospectiva. El escepticismo de su curador fue mayúsculo: “Eso es ridículo, ya sabes, esto es Nueva York, esta silla permanecerá vacía, nadie tiene tiempo para sentarse delante de ti”.[10]

Lo cierto es que más de mil personas pasaron por esa silla y Marina batió su propio récord: 736 horas sentada, durante ocho horas diarias sin comer, a lo largo de 48 días, mirando a cada persona que por turno se iba sentando frente a ella. Marina ya venía pensando en una obra así cuando en 2008 declaró que se proponía “crear un tipo de obra que esté casi vacía de contenido pero que conserve una clase de energía pura que eleve el espíritu del espectador”.[11] Desde luego también está el antecedente de Nightsea crossing, la veintena de performances con Ulay en los ochenta, sentados ante una mesa mirándose.

Con La artista está presente fue tal la receptividad del público que muchos espectadores pasaban la noche a las afueras del museo para conseguir un turno al día siguiente y poder sentarse frente a Marina. Muy al contrario de lo que pasó en Ritmo 0 esta vez Marina logró sacar lo mejor del público, como ella misma lo reconoce:

La relación era de uno a uno. Yo veía a esta gente, que venía y se sentaba frente a mí, pero tenían que esperar horas y horas y horas hasta tocarles el turno y, finalmente, se sentaban. ¿Y qué pasó? Ellos son observados por las otras personas, ellos son fotografiados, ellos están siendo filmados, están siendo observados por mí y no tienen adónde escapar, excepto a sí mismos. Y eso marca la diferencia. Había tanto dolor y soledad, hay tantas cosas increíbles al mirar en los ojos de otra persona, porque en la mirada de un extraño, que ni siquiera dice una palabra, todo sucede.[12]

Cuando Marina estuvo por primera vez en Buenos Aires, en 2015, invitada por el Centro de Arte Experimental de la Universidad Nacional de San Martín, manifestó que si a los espectadores se les da “elementos para elevar la conciencia, también harán uso de ellos. Hay que encontrar el modo de elevar el espíritu, allí es en donde se obtiene lo mejor de las personas”.[13]  Ver video

 

Ulay vs. Marina

La artista está presente fue quizás el mayor suceso en la historia de la performance. Alrededor de 850.000 personas visitaron la retrospectiva. Entre los visitantes estuvo Ulay, quien fue uno de los que tomó asiento frente a Marina, después de veintidós años de su ruptura sentimental y creativa. El compañero de vida y aventuras artísticas, con el que Marina había vivido a bordo de una minivan Citröen viajando por Europa y haciendo performances, estaba ahora frente a ella como espectador. En aquellos años de vida rodante, sencilla y rústica “eran dos artistas utópicos, pobres, soñadores y enamorados”.[14] Ahora Marina era una artista legendaria, adinerada y reconocida mundialmente como la más grande performer. Y Ulay había contribuido a esa leyenda y gloria.

El reencuentro fue emocionante y se volvió un hecho mediático, pero aún no está claro si la presencia de Ulay fue inesperada o planeada por ambos y los organizadores, o si estos querían darle una sorpresa a Marina; hay versiones que defienden lo casual y otras que afirman que fue algo planificado.

Lo que sí es enteramente cierto es que en 2015 Ulay demandó a Marina por regalías y derechos de autor. Según la demanda, en dieciséis años ella no le había rendido cuentas de todas las ganancias generadas por las obras que crearon conjuntamente; solo le había pagado cuatro veces por las ventas, violando las cláusulas de un contrato que firmaron en 1999. En septiembre de 2016 un tribunal holandés emitió una sentencia a favor de Ulay: Marina fue condenada a pagar a su ex compañero 250.000 euros, más 23.000 euros de costos legales; el veredicto también ratificaba que a Ulay le correspondía un 20 % neto de las ganancias y obligaba a Abramović a reconocer y dar crédito siempre a la coautoría de todas las obras creadas, así: Ulay/Abramovic por el período 1976-1980 y Abramovic/Ulay por el de 1981-1988.

“El alivio fue como perder mi piel, física y mentalmente”, dijo Ulay al conocer el veredicto. Y comparó la feroz contienda legal con la que él había librado contra el cáncer linfático que sufría: “Mi calvario contra el cáncer amenazaba agresivamente mi vida y la batalla legal con Abramović estaba amenazando mi existencia. En mi opinión, el veredicto del jurado fue justo”.[15] El 2 de marzo de 2020, a los 76 años, Ulay perdió definitivamente la batalla contra el cáncer. Al saberlo Marina escribió en su cuenta de Instagram: “Con gran tristeza me enteré de la muerte de mi amigo y ex compañero Ulay hoy. Fue un artista y ser humano excepcional, al que echaremos de menos. En este día, es reconfortante saber que su arte y legado vivirán para siempre”.[16] Valga insistir en que parte de ese legado, justamente el que construyó con ella, Ulay tuvo que pelearlo en los tribunales. Que fue un artista y ser humano excepcional, ciertamente lo fue; pero hablar de su arte y legado ocuparía una crónica tan extensa como ésta.

“Todos llegan a algún lado. La muerte es la respuesta definitiva. Pero la vida es absoluta”,[17] decía Ulay. En una entrevista reciente para un diario chileno Marina dijo que Ulay llevaba enfermo diez años: “Su muerte, en ese sentido, no fue una sorpresa para mí. Lo triste de todo esto es que falleció un día antes de que nos fuéramos a cuarentena y nadie pudo ir a su funeral”.[18] Ulay murió en Liubliana, Eslovenia, donde vivía desde 2009.

Menos mal que Marina hizo las paces con él: sin Ulay, sin ese compañero vital y artístico que encontró, no habría llegado a ser lo que fue y lo que es. Fue una relación muy intensa y problemática, pero humana y artísticamente enriquecedora. En mi opinión, la etapa más interesante en la trayectoria de Marina. En la citada entrevista dijo ella que el 30 de noviembre de 2019, fecha de cumpleaños de ambos, y el último que celebró Ulay, lo pasó a su lado: “Estuvimos juntos y todo fue muy cálido, entrañable. Nos perdonamos el uno al otro e hicimos las paces. Creo que al menos terminamos como buenos amigos”.[19]

Marina y Ulay en 2017. Fotografía / Sten Rosenlund/Shutterstock

 

¿Odio al teatro?

Es obvio que a una artista de performance no le haría ninguna gracia que se confunda su trabajo con el de una actriz, que fue lo que hizo un entrevistador cuando antes de la inauguración de La artista está presente en el MoMA se dirigió a ella como actriz. Marina le dijo que siempre debería informarse mejor sobre el personaje que iba a entrevistar y le aclaró, de un modo radical, cuál es la diferencia entre el teatro y la performance. Es, por cierto, una pregunta que suelen hacerle. En Buenos Aires respondió lo mismo que en Nueva York, aunque de una manera, si se quiere, más amable: que en el teatro elementos como la sangre y un cuchillo no son reales, mientras que en la performance sí tienen que serlo.

A pesar de que muchos artistas escénicos podrían argumentar que en el teatro, por más ficcional que sea una obra, las emociones sí tienen que ser reales —contrario a lo dijera Marina en Nueva York—, para Ignacio Viloria resulta obvio que Marina en realidad no odia el teatro. Justo al año siguiente de su exitosa retrospectiva y performance en el MoMA protagonizó una obra escénica que, aunque sea de muy difícil clasificación, fue presentada como una ópera: Vida y muerte de Marina Abramović, ideada y dirigida por el prestigioso y vanguardista director, dramaturgo y artista visual estadounidense Robert Wilson, y en la que Marina comparte el escenario con el gran actor Willem Dafoe y el cantante Antony. Además de los aspectos biográficos de esta pieza Wilson representa lo que sería la propia muerte y funerales de la artista (que ella ya tiene arreglados para que se realicen simultáneamente en tres ciudades fundamentales en su vida: Belgrado, Ámsterdam y Nueva York), combinando ópera, teatro y artes visuales. El montaje fue coproducido por el Festival Internacional de Teatro de Manchester y el Teatro Real de Madrid. Wilson ha dirigido muchas óperas y obras teatrales vanguardistas y es también escenógrafo, iluminador, diseñador de vestuario, pintor y escultor: un artista integral.

“De un lado soy una artista de performance, todo lo que hago es real. Pero también estoy interesada en el teatro y en explorar algo que es totalmente opuesto, donde nada es real. Son dos mundos distintos y sentía curiosidad por entrar en este mundo”, dijo Marina en Madrid con ocasión del estreno de la obra en abril de 2011.

Marina Abramović y Willem Dafoe en Vida y muerte de Marina Abramović. Fotografía / Pinterest

A manera de epílogo

Marina Abramović estuvo casada dos veces: con el artista serbio Nesa Papirović entre 1971 y 1976 (año en que se fue a vivir con Ulay) y con el artista italiano Paolo Canevari entre 2005 y 2009. Es probable que estos fallidos matrimonios con artistas y su ruptura con Ulay hayan llevado a que dijera en un manifiesto que escribió en la década de 2010 que un artista no debería enamorarse de otro artista. Por otra parte, nunca tuvo hijos porque siempre ha pensado que no es buena idea que una artista sea madre. “La libertad de ser lo que uno quiere incluye la libertad de no participar en arquetipos tradicionales de la femineidad”,[20] dijo en una entrevista para un diario alemán.

En Belgrado, su ciudad natal, hoy capital de Serbia, se presentó al fin una retrospectiva suya en septiembre de 2019. Ella estuvo presente y fue un acontecimiento multitudinario. “En Belgrado nunca aceptaron ni comprendieron lo que yo proponía y sólo después de 47 años hubo una retrospectiva completa dedicada a mí en el Museo de Arte Moderno de Belgrado. (…) Había tanta gente que parecía un Woodstock moderno. Tal vez los artistas de mi generación en Serbia nunca me entendieron, pero había tantos muchachos en la exposición que al menos creo que los jóvenes sí me aceptan”.[21] En la última edición del Festival Internacional Santiago a Mil (enero de 2021), certamen de teatro y artes vivas realizado anualmente en Santiago de Chile, se presentó de manera virtual una retrospectiva de Abramović a través de registros audiovisuales de seis de sus obras, que cubren un período de 1976 a 2017.

Polémica, provocadora, incansable trabajadora del arte, desde hace varios años la vida de Marina parece girar en torno a su propia escuela de creación y preservación del arte de la performance, el Instituto Marina Abramovic (MAI, por su sigla en inglés), con sede en Hudson, Nueva York, sin dejar de presentar nuevas obras y proyectos. Por supuesto, contando con el incierto compás de espera que ha impuesto la pandemia:

Hay un viejo proverbio que usan los sufís (místicos islámicos) que dice: “Lo peor es al mismo tiempo lo mejor”. Quiere decir que en escenarios realmente malos es cuando la humanidad logra sacarle todo el potencial a sus capacidades. Creo que vivimos una época verdaderamente trascendental en el sentido de que debemos aprender a manejar la soledad y a lidiar con nosotros mismos. Debemos aprender a ser nuestros maestros. (…) En primer lugar creo que hay que ser pacientes. Yo, por ahora, prefiero esperar. Odio tener que transar en mis propuestas con el objetivo de adecuarme a las condiciones de la pandemia y es por eso que prefiero no hacerlas. Sobreviviremos a esta pandemia. La humanidad ya se enfrentó a 15 años de peste negra en la Edad Media y aún estamos acá.[22]

 

Notas

[1] Marina Abramović, “An art made of trust, vulnerability and connection”, trad. Lydia Cámara de la Fuente, TED, 2015, https://www.ted.com/talks/marina_abramovic_an_art_made_of_trust_vulnerability_and_connection/ transcript?language=en#t-939286

[2] Marina Abramović, “The House with the Ocean View. 2002”, Marina Abramović: The Artist Is Present, https: //www.moma.org/audio/playlist/243/3129

[3] Ibíd.

[4] Marina Abramović, “Quiero ver hasta dónde puedo llegar con mi cuerpo”, La revista de la UNSAM, año 4, N° 11, julio de 2015, p. 8

[5] “Seven Easy Pieces by Marina Abramović”, Internet Archive, 2007, https://archive.org/details/ubu-abramovic_seven

[6] Ibíd.

[7] Marina Abramović, “Quiero ver hasta dónde puedo…”, op. cit., p. 10

[8] “Dangerous Games by Marina Abramović”, Internet Archive, 2008, https://archive.org/details/ubu-abramovic_dangerous

[9] John Otis, “Cuando las escuelas cierran y el reclutamiento infantil se dispara”, El Tiempo, 31 de enero, 2021, p. 2.7

[10] Klaus Biesenbach, citado por M. Abramović en “An art made of trust…”, op. cit.

[11] Citada por Gracia Iglesias Lodares, “Marina Abramović, vida y muerte de la mujer-arte”, Activarte, 2011, p. 74, https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/4026927.pdf

[12] Marina Abramović, “An art made of trust…”, op. cit.

[13] Marina Abramović, “Quiero ver hasta dónde puedo…”, op. cit., p. 6

[14] Mercedes Pérez Bergliaffa, “El romance más conmovedor del arte: murió Ulay y se llevó una parte de Marina Abramović”, Clarín, 3 de marzo, 2020, https://www.clarin.com/cultura/muerte-ulay-llevo-parte-marina-abramovic-historia-amor_0_k7Dyv41g.html

[15] “Marina Abramovic, condenada a pagar 250.000 euros a su expareja por sus obras conjuntas”, ABC, 22 de septiembre, 2016, https://www.abc.es/cultura/arte/abci-marina-abramovic-condenada-pagar-250000-euros-expareja-obras-conjuntas-201609221758_noticia.html

[16] Citada por Gráffica, “Fallece el artista Ulay, compañero artístico de Marina Abramović”, 3 de marzo, 2020, https://graffica.info/fallece-el-artista-ulay-companero-artistico-de-marina-abramovic/

[17] Citado por El Cultural, “Muere el artista Ulay”, 2 de marzo, 2020, https://elcultural.com/muere-el-artista-ulay

[18] En entrevista con Rodrigo González, “Marina Abramović: ‘Estoy viviendo mi último acto’”, La Tercera, 19 de diciembre, 2020, https://www.latercera.com/culto/2020/12/20/marina-abramovic-estoy-viviendo-mi-ultimo -acto/

[19] Ibíd.

[20] Citada por Wendy Syfret, “Marina Abramović dice que los hijos frenan el trabajo de las artistas”, Vice, 29 de julio, 2016, https://www.vice.com/es/article/yv7yek/marina-abramovic-hijos-familia

[21] En entrevista con Rodrigo González, op. cit.

[22] Ibíd.