PINONCELLI (2): MARTILLAZOS POR MARCEL DUCHAMP

Les he tirado a la cara el estante de las botellas y el orinal y ahora los admiran por su belleza estética.

Marcel Duchamp

Desde el primer momento que lo vi (en una revista hace más de 40 años), supe de inmediato, que un día, haría un acto sobre este ‘mingitorio’(…) El ‘mingitorio’ de Duchamp, para mí, era la ‘gran ballena blanca’ que yo perseguía –en sueños por los museos del mundo– desde hace años. (…) y él lo ignoraba, el gran pez de porcelana blanca.

Pierre Pinoncelli

Escribe / Jaime Flórez Meza

Contestatario es tal vez el adjetivo que mejor define a Pierre Pinoncelli como artista. Dos semanas antes de su performance Un dedo para Ingrid Betancourt (en Cali en junio de 2002), había realizado otra sorprendente performance: se hizo enterrar en la inauguración del denominado “Cementerio Mundial del Arte”, cerca de Rouen, al noroeste de Francia, y permaneció así durante algunos minutos. Después de cerrar el Quinto Festival de Performance de Cali, Pinoncelli había dicho a la prensa, a propósito de la amputación de su dedo: “Quise hacer algo simbólico como rechazo a la violencia que vive el país. Quise que fuera un acto un poco fuerte, no sólo algo artístico. Entiendo que a la gente no le gustó mucho, porque tal vez no está bien hacer algo con violencia. Pero yo en mi arte me sirvo de mi cuerpo”.[1]

Sin embargo, esa acción extrema no sería la que más polémica suscitaría sino las que realizó contra un objeto que revolucionó la historia del arte.

 

La oreja de Van Gogh y el orinal de Duchamp

Dos de las obsesiones vitales y artísticas que Pinoncelli ha tenido a lo largo de su vida son el trágico pintor neerlandés Vincent Van Gogh, uno de los más grandes de la historia del arte, y el famoso orinal de Marcel Duchamp, artista francés considerado como el padre del arte conceptual. Su amor por el primero lo llevó a mudarse a Saint-Rémy, ciudad que forma un triángulo con Arlés y Aviñón en la esplendorosa y mítica Provenza francesa, cuyas vistas de ensueño atrajeron a los pintores impresionistas y postimpresionistas del siglo XIX, entre ellos a Van Gogh. Pinoncelli construyó en su casa un taller de pintura, escultura y performance, en el cual tiene un archivo de todas sus exposiciones y acciones artísticas (realizó más de setenta performances, muchas de las cuales serán para otros acciones psicóticas).

Autorretrato con la oreja vendada y pipa (detalle, 1889).Vincent Van Gogh. Fotografía / 3 minutos de arte

Pinoncelli dice identificarse con Van Gogh: “yo no me quiero comparar con él, pero tenemos tres cosas en común: no vendimos nuestro arte, vivimos en Saint-Rémy y a los dos nos falta una oreja”.[2] Con la automutilación de su oreja derecha, que luego regaló a una prostituta de Arlés, Van Gogh habría sido una suerte de pionero del body art. Pinoncelli asegura que un toro se le adelantó en su intención de hacer lo mismo: mientras observaba una corrida en 1979, un toro saltó la barrera y lo atacó arrancándole su oreja derecha de un mordisco. Le pusieron un implante de piel de burro. Dice que si no hubiera sucedido por accidente algún día lo habría hecho de todos modos, como tributo a Van Gogh.

Pero todo esto no significa que el body art implique la automutilación en el trabajo de un artista. Ni que Van Gogh se hubiera propuesto hacer arte a partir de su amputación. Pero esta es ya otra historia.

Fuente. Original expuesto por Marcel Duchamp en 1917. Fotografía / Alfred Stieglitz

La fijación con Duchamp, en cambio, es lo que le dio notoriedad internacional a Pinoncelli. El 25 de agosto de 1993 Fuente —nombre que Duchamp le dio al urinario de porcelana que había comprado y decidido enviar como obra a la Sociedad de Artistas Independientes de Nueva York en 1917— se exhibió en la ciudad de Nîmes en el Museo de Arte Contemporáneo Le Carré d’Art. Pinoncelli decidió, pues, intervenir la obra (que en realidad era una de las ocho copias del orinal que había en ese momento pues el original se perdió en 1917), obviamente sin el consentimiento del museo: se orinó en él; y remató su acción golpeándolo tres veces con un martillo. Fue condenado a pagar en francos el equivalente a 43.000 euros, pero alegó haberse encontrado con Duchamp en Nueva York en 1967 y que éste le había dicho que su orinal “había perdido la esencia, que había que actualizarlo”.[3] Así es que Pinoncelli le comentó su idea y a Duchamp le complació. El artífice del conceptualismo murió en 1968 y Pinoncelli esperó pacientemente desde entonces la oportunidad de intervenir el famoso orinal.

Duchamp, que en 1917 vivía en Nueva York, era miembro del jurado de la gran exposición de la Sociedad de Artistas Independientes y había enviado el orinal firmado con el seudónimo R. Mutt; los demás miembros del jurado lo rechazaron. Duchamp reveló que R. Mutt era él mismo, dimitió como jurado y su “obra” fue exhibida efímeramente en la Galería 291 de Nueva York el 9 de abril de 1917. Fue la fotografía tomada en ese momento por Alfred Stieglitz, fotógrafo y galerista estadounidense, la que dio a conocer la imagen internacionalmente. Lo que empezó como una broma, como un gesto de provocación, terminó como la pieza fundacional del conceptualismo y, según cientos de investigadores, como el objeto más influyente en las prácticas artísticas del siglo XX.

Esa era la obra conceptual que Pinoncelli había meado y luego resquebrajado con un martillo. “Les arrojé a la cabeza un urinario como provocación y ahora resulta que admiran su belleza estética”,[4] dijo Duchamp en una ocasión. Pinoncelli también estaba provocando, además se trataba de una de las ocho copias hechas en 1964 a partir de la foto de Stieglitz, que Duchamp había firmado con el mismo seudónimo para exhibirse en distintos museos debido al interés que este tipo de obras ocasionaban en una época de apogeo del arte pop, que trabajaba precisamente con la idea de reproducción múltiple de un mismo artefacto de consumo o uso. El objeto como tal es el más famoso de sus ready-mades: literalmente, objetos ya fabricados, revestidos del carácter de arte por decisión de un artista y aceptación de un museo.

Marcel Duchamp delante de una copia de su Fuente. Fotografía / Julian Wasser

No obstante, el acto más polémico de Pinoncelli contra el orinal ocurrió el 4 de enero de 2006 en el marco de la gran retrospectiva Dadá en el Centro Pompidou de París. Nadie detectó que llevaba un martillo; buscó la pieza estelar de la exposición y la atacó a martillazos. Sonaron las alarmas, unos guardias de seguridad tuvieron que atajarlo, esposarlo y sacarlo a rastras del más importante centro de arte contemporáneo de Francia.

Pinoncelli ofreció un orinal que había comprado por cien euros para reponer el que había roto, valuado en 2.800.000 euros, el orinal más caro del mundo. El Centro Pompidou lo rechazó (no era lo mismo uno nuevo que uno de los viejos firmados por Duchamp) y exigió una indemnización de 427.000 euros, argumentando que, de todas maneras, restaurar el orinal sería “insistir en la profunda desnaturalización de la obra una vez restaurada. Su estatus de ready-made, nuevo, intacto y sin pasado, desaparece por la fuerza”.[5] Sobrevino, entonces, todo un debate legal y artístico en el que críticos y juristas se pronunciaron a favor o en contra de Pinoncelli. Éste se defendió presentándose como coautor de la obra conceptual por haber intervenido sobre ella en dos ocasiones, lo cual le confería ese derecho: “Lo convertí en algo fresco y novedoso. Creé un objeto nuevo y Duchamp habría estado de acuerdo”.[6]

Un importante jurista francés, Emmanuel Pierrat, autoridad en materia de derechos de autor, consideró que Pinoncelli tenía razón. Pero Pinoncelli fue aún más lejos y dijo que, además de su coautoría, el orinal no era propiedad del Centro Pompidou sino del Estado francés; por consiguiente, el Pompidou no tenía potestad para reclamar una indemnización. Así es que el Estado, como se desprende de lo afirmado por Alejandro Cernuda, multó a Pinoncelli con 200.000 euros “por daños morales” a una obra que es… ¿patrimonio de Francia? Cernuda dice que la multa fue pagada por una asociación de amigos de Pinoncelli que se conformó para tal efecto. Otra vez Pinoncelli se salió con la suya. Pero anunció que ya no haría más performances. Tenía 77 años.

Las voces en contra de Pinoncelli decían, por ejemplo, que era “un artista mediocre con ganas de notoriedad”,[7] que lo suyo no había sido un acto artístico sino vandálico. En contraposición otras argumentaban que su gesto era coherente con lo que el mismo Duchamp buscaba, que había “desacralizado un objeto corriente cuyo mérito era precisamente ser un objeto corriente”.[8] Años después, estando ya retirado de la performance, Pinoncelli dijo: “Cuando rompí el orinal, salieron a decir que era como si le hubiera dado un martillazo a la Pietá de Miguel Ángel. No, yo nunca me habría atrevido a tocar la Pietá, como jamás se me pasaría por la cabeza atentar contra un Rembrandt o un Van Gogh”.[9]

En todo caso, como señala Gustavo Kortsartz, académico argentino, “desde el punto de vista conceptual, mear en la Fontaine es un acto que quizás el mismo Duchamp habría aprobado, pero nunca se sabe, los provocadores no siempre aceptan ser provocados”.[10]

Pero la obsesión de Pinoncelli por el orinal duchampiano no se ha limitado a estas debatidas intervenciones. Durante mucho tiempo se dedicó a coleccionar orinales y a intervenirlos con aerosol y pintura para recrear cómo quedó el orinal que atacó en 1993, firmando de un lado “R. Mutt 1917”, como lo hizo Duchamp, y del otro “Pierre Pinoncelli 1993”. Llegó a decorar cien orinales, de los cuales vendió uno por mil euros en 2003. Diez años después estaba trabajando en una serie de veinte orinales dibujados con aerosol sobre lienzo, decorados con la bandera de un país diferente en el fondo.

Uno de los orinales de Pinoncelli. Fotografía /Alchetron

Esto tampoco quiere decir que su obra pictórica y escultórica se limite a su fijación con el orinal iconoclasta. Su pintura es amplia, técnicamente diversa y abarca motivos que van de lo más crudo, visceral y pintoresco a lo más sobrio, y emplea en muchos de sus cuadros materiales no convencionales.

 

Pregúntale a Dadá

Las vanguardias de comienzos del siglo XX como el expresionismo, el cubismo, el futurismo y el constructivismo ciertamente sacudieron los cimientos del arte; pero ninguna lo hizo de una manera tan radical y revolucionaria como Dadá o dadaísmo desde su aparición en 1916 —en Zúrich, Suiza—, desde el punto de vista del cuestionamiento, de la transgresión y destrucción de lo que hasta entonces se consideraba como arte. Artistas como Hugo Ball, Tristan Tzara, Hans Arp, François Picabia y Hans Richter, entre otros, plantearon una propuesta de arte tremendamente vital, crítica e irónica que influyó en las posteriores vanguardias del siglo XX, abogando por una eliminación de los límites entre vida y arte, y de cualquier condicionamiento en la creación y práctica artística. Por primera vez el nombre de un movimiento artístico —Dadá en este caso— no tiene ningún significado o no tiene por qué tenerlo.

Los dadaístas dieron gran importancia a materiales no convencionales (objetos de uso cotidiano y de desecho) como materia de creación plástica o directamente como objetos susceptibles de valoración estética, tal el caso de Fuente. Duchamp no perteneció al grupo de Zúrich, pero sí es considerado uno de los principales representantes de esta vanguardia histórica que mucho le debe a sus ready-mades.

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Los dadaístas buscaron irracionalidad, ilogicismo y acción en la poesía, un uso de la fotografía como forma de experimentación artística, una visceralidad y absurdez en la música, el teatro y el cine. En suma, el azar, el sinsentido, el caos y el humor en el manejo de palabras, sonidos e imágenes, una libertad absoluta en el hecho artístico. Una velada dadaísta, como las que realizaban estos artistas en el Cabaret Voltaire de Zúrich, su lugar de reunión, era una presentación y celebración irreverente, crítica, azarosa, efímera y vivencial de distintas formas artísticas, a menudo entremezcladas, un anticipo de lo que serían los happenings y performances de los sesenta. Y en esa nueva concepción y materialización del arte Duchamp fue fundamental:

La historia del siglo XX da la razón a Marcel Duchamp: su golpe de Estado ha triunfado, su revolución metamorfosea la mirada, la creación, la producción, la exposición artística. No obstante, algunos —todavía hoy— rechazan a Duchamp y su herencia, apelan al retorno de una época en la que bastaba representar lo real, figurarlo, transmitirlo de la manera más fiel posible. (…) Duchamp retuerce el pescuezo a la Belleza e inventa un arte radicalmente cerebral, conceptual e intelectual. (…) Duchamp asesta otro golpe mortal: el de los soportes. Antes de él, el artista trabaja materiales nobles —el oro, la plata, el mármol, el bronce, la piedra, el lienzo, el muro de una iglesia, etc.—. Tras él, todos los soportes se hacen posibles. Y vemos, en la historia del arte del siglo XX, surgir materiales en modo alguno nobles, incluso innobles en el sentido etimológico (…). De donde viene otra revolución integral, la de los objetos posibles y las combinaciones pensables.[11]

Justamente el cuerpo y los ready-mades como dos de esos materiales “innobles”. El propio Duchamp decía que no le interesaban los productos visuales en sí sino las ideas que se podían generar con ellos.

Pinoncelli en su homenaje por los cien años de Dadá, luciendo su intencional parche Nice (Niza en francés, por la ciudad que ha sido clave en su trabajo artístico; “bonito” en inglés).  Fotografía / Le Lieu – Centre en Art Actuel

Sobre el arte corporal y performático de artistas como Marina Abramović, Gina Pane y la francesa Orlan, Pinoncelli dice no ver “nada de subversivo en lo que hacen personas como ellas. Trabajan con su cuerpo, pueden llegar a herirse, pero al final cobran un cheque en euros que termina en cuatro ceros. Eso no es polémico, ni siquiera es arte. Escandalizar por dinero no es arte y disculpe si sueno machista, pero creo que hay mucha mujer que aprovecha su desnudez como base para performances que ningún museo pagaría a un hombre”.[12] Por cierto, además de su parodia del filósofo Diógenes (que gustaba de provocar a otros filósofos como Platón y a los ciudadanos atenienses), Pinoncelli se fotografió desnudo en el año 2000 parodiando al Pensador de Rodin, sentado sobre una letrina y un tanto pasado de kilos.

Como tantos performeros, hippies, grafiteros, punks y artistas conceptuales Pinoncelli es un heredero de la revolución dadaísta. En 2013, cuando tenía 84 años, admitía no poder más “grafitear en la calle”, porque ya no estaba para escapar rápidamente de la policía. Su vida como performero y provocador terminó en 2006. Hoy con 91 años puede ser que aún esté pintando. Y vendiendo de cuando en vez alguna de sus obras. De sus pinturas dijo la crítica de arte Victoria Combalía que “difícilmente pasarán a la historia”.[13] Eso será lo que menos le interese a Pinoncelli, que nunca ha obtenido grandes ganancias como artista plástico y que si acaso es recordado y referenciado es por sus acciones contra el objeto icónico de Duchamp. Y por el dedo que dejó en un museo colombiano. No obstante, en 2019 un museo de Quebec, Canadá, presentó una exposición fotográfica, durante tres semanas, de las performances de Pinoncelli desde los años sesenta hasta los noventa. La muestra se tituló Total return! Pierre Pinoncelli y estaba compuesta por diversos documentos fotográficos que reportan sus controvertidas acciones artísticas; además fue complementada por tres días de conferencias y debates con siete invitados especiales y la presencia del propio Pinoncelli.

Pero esto no es todo. En junio de 2021 se estrenará el documental Have you taken your Pinoncelli today?, dirigido por el artista y cineasta francés Virgile Novarina, que ausculta la vida-obra de este artista contestatario, con testimonios de diversos personajes que han tenido que ver de alguna u otra forma con este viejo provocador, entre ellos algunos colombianos como la propia Ingrid Betancourt, el curador y crítico de arte Miguel González y el artista Wilson Díaz. Aunque nunca haya sido esa su intención, Pierre Pinoncelli parece haber recibido reconocimientos por su particular forma de concebir y practicar el arte de la performance. Y de la provocación.

 

Notas       

[1] “Un artista se amputa un dedo para que liberen a Betancourt”, La Voz de Galicia, 11 de junio, 2006, https:// www.lavozdegalicia.es/noticia/internacional/2002/06/11/artista-amputa-dedo-liberen-betancourt/0003_1119145.htm

[2]Citado por Ricardo Abdahllah, “La amputación como una de las bellas artes”, SoHo, https://www.soho.co/ historias/articulo/la-amputacion-como-una-de-las-bellas-artes-por-ricardo-abdallah/33255.

[3] Citado por Ricardo Abdahllah, op.cit.

[4] Fulwood Lampkin, “La Fuente. Nada menos que la obra de arte más influyente del siglo XX”, HA!, https:// historia-arte.com/obras/la-fuente-de-duchamp

[5] Citado por Ricardo Abdahllah, op. cit.

[6] D. Mendoza, “¿Es arte un acto vandálico?”, La Razón, 28 de septiembre, 2018, https://www.larazon.es/ cultura/es-arte-un-acto-vandalico-IJ19980888/

[7] Victoria Combalía, “El urinario de Duchamp otra vez agredido”, El País, 14 de enero, 2006, https://elpais.com/diario/2006/01/15/catalunya/1137290846_850215.html

[8] Amélie Pekin, citada por Ricardo Abdahllah, op. cit.

[9] Ricardo Abdahllah, op. cit.

[10] Gustavo Kortsartz, “La duchampizzación del arte”, Cuaderno 41, Centro de Estudios en Diseño y Comunicación, 2012, p. 140.

[11] Michel Onfray, Antimanual de filosofía, trad. Irache Ganuza Fernández, Madrid: EDAF, 2005, p. 84-85.

[12] Citado por Ricardo Abdahllah, op. cit.

[13] Victoria Combalía, op. cit.