PROCESO DE LA IMAGINACIÓN CREADORA

La palabra inconsciente, en adelante, debe ser reemplazada por endoconsciente, ya que es un término más exacto y más diciente, pues este tipo de consciencia subyace en nuestra interioridad; mas no por eso podemos decir que es menos consciente.

 

Por: Jorge Triviño     

Se hace necesario comprender el funcionamiento de la imaginación creadora y, para ello, debemos hacer algunas aclaraciones indispensables.

La ciencia oficial ha denominado: inconsciente a “un conjunto de caracteres y procesos psíquicos que, aunque condicionan la conducta, no afloran en la conciencia”; pero haciendo un análisis más concienzudo, este término no corresponde con la realidad, ya que muchos de esos procesos, si bien aparentan ser elaborados en un limbo, no lo son, ya que hay un grado tal de consciencia en los desarrollos mentales, que parece inconcebible e incomprensible aún para la ciencia moderna; pero analicémoslos con más detalle, poniendo algunos ejemplos de cuanto acontece:

A nuestro cuerpo ingresa un cuerpo extraño, y nuestras células —que poseen un alto grado de consciencia—, aíslan del cuerpo el elemento, mediante un grupo de células que se congregan para que no entre hasta las partes vitales; todo con el fin de evitar que puedan causar mayores daños.

Cuando ingerimos alguna sustancia —que puede ser nociva por su contenido venenoso—, las células que componen los músculos estomacales reaccionan produciendo contracciones para eliminar la sustancia tóxica.

En el proceso de cicatrización de alguna herida de nuestro cuerpo es sorprendente cómo, después de varios días de haberse suturado la herida, se van copiando con precisión extraordinaria, una a una, las células que se hallaban comprometidas en la lesión y que podamos ver cómo se restaura la piel y los órganos que estuvieron implicados.

Hay, sin duda alguna, una consciencia subyacente en cada una de los sucesos que se presentan en nuestro organismo, y en todos los cuerpos vivos y aún en aquellos denominados inertes, lo cual invalida el término utilizado: subconsciente.

Hay, además, en todo átomo, en cada molécula, en cada órgano, y en cada cuerpo —por pequeño que sea—, y hasta los organismos más complejos como las galaxias, consciencia y vida.

La palabra inconsciente, en adelante, debe ser reemplazada por endoconsciente, ya que es un término más exacto y más diciente, pues este tipo de consciencia subyace en nuestra interioridad; mas no por eso podemos decir que es menos consciente.

Después de esta disquisición, si se nos permite, entremos en materia:

El proceso de materialización o debiéramos decir, de concreción de las ideas, es natural y sólo comparable con el proceso de germinación.

Las ideas son semillas y poseen vida, ya que provienen de un ser vivo consciente en determinado grado, y tienen la fuerza y la vida que les imprimió el ser del cual surgió; además están dotadas del espíritu divino que todo lo mueve con santo dinamismo.

Cada idea es un ente vivo y puede llegar a materializarse si se conoce el modus operandi, como vamos a describir de manera sucinta.

La idea, por poseer vida propia —la que le ha dado la persona de la cual partió— debe tener unas características para poder. germinar. Fotografía / Feblan Shah

Características de la idea

La idea, por poseer vida propia —la que le ha dado la persona de la cual partió— debe tener las siguientes características para poder germinar:

 Genuidad: Este rasgo nos da a entender que se hace necesario conocer de antemano, la índole de la idea o imagen que vamos a plantar en el subconsciente, cuidando siempre de que sea la más bella, lozana y armoniosa; además de buscar que sea la más útil para nuestro desarrollo a corto, mediano y a largo plazo. El tiempo se encargará de hacerla germinar en su debido momento.

Pureza: Las ideas primigenias no se deben contaminar con otras que vayan a dificultar el libre desarrollo de la idea original; debemos cultivar, además, ideas afines con nuestros proyectos.

Limpieza: Las ideas, que se plantarán en el subconsciente, deben estar libres de pensamientos de miedo, angustia y de escombros de pasadas imágenes morbosas, pues estas impedirán el libre desarrollo y el normal crecimiento.

Sanidad: Se hace necesario que las ideas que parten de nuestro cerebro no estén viciadas por el rencor, la malicia, la ira, la mala intención y el desdén.

Viabilidad: Hemos de tener en cuenta que hay cosas que son posibles a corto, a mediano y a largo plazo, y que es necesario que el tiempo favorezca su crecimiento posterior. No da frutos un cedro en días, debemos esperar que pasen muchos años para poder verlos; pero en cambio, es posible que proyectos a corto plazo se puedan concretar en lapsos breves.

Vigor: A pesar de las circunstancias aparentemente adversas, la confianza en la realización de nuestros propósitos y metas, debe permanecer incólume frente a los duros momentos, a las opiniones ajenas, al vaivén y a la furia de los conceptos de apáticos e incrédulos que siempre están listos a destruir las ideas loables y útiles. Muchos no darán créditos a las nuevas ideas de mejoramiento, por la forma en que presentemos los proyectos y los planteemos, por la aparente inconveniencia, porque riñe con otros intereses particulares o porque no es del gusto de los demás.

Una semilla de una rosa sabe que va a producir perfume, porque el aroma que surge posteriormente, está ya en potencia en su esencia. Ilustración / La mente es maravillosa

Preparándose para el escepticismo

Sarcasmos y risas, se oirán a nuestro alrededor y voces conformes con lo establecido, teorizarán sobre la innecesaria realización de nuestros ideales.

“Eso ya lo intentaron”, opinarán algunos; “no es posible en el momento”, dirán los demás. “En este país no se puede hacer”, indicarán los escépticos.

“¿Y usted por qué no ha triunfado?”, aludiendo a que el expositor no posee una elevada posición social, no pertenece determinado movimiento político o carece de suficiente dinero, siendo medido con el rasero propio del interlocutor o de los interlocutores.

Traigo a colación el pensamiento de Chaplin al respecto:

Hay que tener fe en uno mismo. Ahí reside el secreto. Aun cuando estaba en el orfanato y recorría las calles buscando qué comer para vivir, incluso entonces, me consideraba el actor más grande del mundo. Sin la absoluta confianza en sí mismo, uno está destinado al fracaso.

Charles Chaplin sabía qué potencialidades dormitaban en su interior y además estaba seguro de que ellas aflorarían a la superficie en su debido momento. Una semilla de una rosa sabe que va a producir perfume, porque el aroma que surge posteriormente, está ya en potencia en su esencia.

Habrá muchos pensamientos de oposición para la realización de los ideales que tienes, por ejemplo:

“¿Para qué se va a casar?”, “No cometa ese error”, “Esa literatura no le gusta a la gente”, “No estudie, el estudio es para los brutos”, “No gaste el dinero en libros”, “No haga eso, otros ya han fracasado en el intento”, “Usted ya está muy viejo para eso”, “¿Y usted quién se cree?”, “Usted no tiene un título universitario”, “¿Dónde lo van a ocupar?”, “Usted no tiene el dinero suficiente”, “¿Y a usted tan pobre, si le ponen cuidado?”, “¡Con lo difícil que es llegar allí!”, “¡Usted está loco!”, “Usted lo ha intentado ya muchas veces y siempre ha fracasado”, “Esa no es la mejor manera”, “Usted no puede vivir del arte”, “¿Y con qué va a sostener a su familia?”, “¿Y a usted quién le va a creer?”, “¿Usted no era el carpintero del barrio?”

Serán incontables las oposiciones que se le vayan a presentar en la vida, y por lo tanto, el ideal debe ser firme y fuerte, y mantenerse solido frente a cualquier inesperado acontecimiento.

Ya hemos definido que la tierra simboliza el inconsciente y que la semilla está representada por la imagen o idea viva, pues bien, el agua que debe regar tal semilla está significada por la fe. Ilustración / Daniel Colombo

Donde germina las ideas

Después de tener bien claro las características que debe poseer la idea o imagen que queremos plasmar es indispensable saber cómo vamos a preparar la tierra —que en este caso es el subconsciente—.

  1. Lo primero es remover la tierra (el inconsciente). Nuestros pensamientos deben estar en estado de quietud y calma, para que allí podamos sembrar las imágenes que queremos cultivar.
  2. Retirar de la superficie, las piedras y todos los elementos extraños a la tierra que más tarde pueden obstaculizar la plantación y el posterior enraizamiento. En el caso de la imaginación creadora, toda imagen anterior que pudiera entorpecer el libre desarrollo del ideal, debe ser eliminada de nuestra mente para siempre.

Continuando con la analogía de las siembras, vamos a dar algunas indicaciones para allegar mayor comprensión de este proceso divino, ya que este es el apelativo apropiado para definirlo.

Ya hemos definido que la tierra simboliza el inconsciente y que la semilla está representada por la imagen o idea viva, pues bien, el agua que debe regar tal semilla está significada por la fe; el aire que debe permitirle respirar, por la voluntad del imaginador, y la luz, por la fuerza del amor.

Todas estas consideraciones se deben tener en cuenta para llegar a plasmar el ideal que nos hemos forjado.

Todos los grandes creadores y reformadores han sufrido los vejámenes y apelativos más denigrantes. Ilustración / Getty Images

Una larga lista de perseguidos

Todos los grandes creadores y reformadores han sufrido los vejámenes y apelativos más denigrantes.

Galileo Galilei, el famoso matemático, filósofo y astrónomo, fue acusado por la iglesia católica por defender la idea de Copérnico de que la tierra giraba alrededor del sol y tuvo que abjurar de esa idea para evitar ser quemado en la hoguera, pero fue arrestado.

Juana de Arco fue quemada en la hoguera y considerada hereje por los clérigos, pero fue declarada santa en 1920 por el papa Benedicto XV; igual sucedió con Giordano Bruno, filósofo, matemático y astrónomo, que por sus elevados conceptos sobre Dios y el universo, y quien aseveraba que el sol era una estrella; otros más, como Girolamo Savonarola rompieron los moldes preestablecidos de su época y también fueron escarnecidos.

Lucilio Vanini, médico, físico y astrónomo, quien se cambió de nombre por Giulio Cesare Vanini, pero también fue quemado por la inquisición.

Jan Hus, profesor de teología de la Universidad de Praga, por promover reformas en el clero, y mediante engaño, acudió a los aposentos de un recinto, siendo quemado.

Pietro D’abano, médico, astrónomo, filósofo y profesor, enfrentó juicios de herejía y nigromancia, y quien murió en prisión.

Johanes Kepler, astrónomo, matemático y físico alemán, quien hizo investigaciones sobre las velocidades de los planetas y sobre sus órbitas, además de aportes sobre óptica, fue perseguido por la iglesia, que además lo amenazaba.

Miguel Servet, teólogo español, matemático, meteorólogo, astrónomo, anatomista, poeta, traductor y reformista protestante, fue perseguido, capturado en Ginebra y quemado en la hoguera.

García de Orta, científico, médico, naturista y explorador judío, sufrió las persecuciones de la iglesia por sus trabajos en medicina, su filosofía y su pensamiento religioso; por ello sus hermanas fueron quemadas en la hoguera.

Cayetano Ripoll, profesor, por divulgar su pensamiento humanista fue denunciado y quemado en la hoguera.

Incredulidad y desprestigio sufrió Cristóbal Colón; igual sucedió con Nikola Tesla. A Julio Verne se le reconoció su aporte a la ciencia mucho tiempo después. Loco, fue llamado el pintor catalán Salvador Dalí.

Nicolás Copérnico tuvo que recibir las afrentas y renegar de su idea a causa las mentes cerradas de los clérigos de entonces.

Como conclusión lógica debemos deducir que las ideas nuevas siempre serán rechazadas por otros de mentes estrechas, lo cual no debe ser óbice para mantenernos siempre como adalides y paladines de la verdad en cualquier época y ámbito social.