“Estáis aquí ya no sólo por vuestro propio nombre y el de vuestro burgo, sino también por el de la nación entera que ha puesto en vuestros pies el último latido de su libertad y esperanza”. ¡Calcio!, Juan Esteban Constaín, página 125.

Esta obra narra lo que se podría llamar “la prehistoria del fútbol”
Imagen tomada de: http://www.gophoto.it

Por: Juan Francisco Molina Moncada

Se considera como el opio del pueblo, como una herramienta propicia para conducir al apacible rebaño, aún así, antes, el fútbol, o mejor, sus manifestaciones prehistóricas, eran condenadas como una actividad burda y por tanto prohibida, y aún así practicada por aquellos que empezaban a dominar a la pelota con el pie, y a hacer de este juego un ritual pagano que desafiaba al emperador, que desafiaba al papa, y que incluso, en cierto momento, podría decidir la suerte de un pueblo además de un vasto imperio. Motivo de guerra. Sí se podría decir que se jugaba “a muerte”.

Año 1530. Los florentinos y los españoles decidían su suerte, la guerra, no con las espadas, si con la pelota. Lo documentan cronistas como Pablo Jovio y Gonzalo Ximénez de Quesada. Lo archiva el historiador italiano Arnaldo Momigliano  a raíz de una disputa que en la academia inglesa se propició dada su insinuación de que el fútbol no era un invento inglés, y esto lo recopila Juan Esteban Constaín en su obra “¡Calcio!”, de 202 páginas y editada por Seix Barral…ah, y dedicada a Enrique Serrano, Eduardo Barajas y a “Ese D10s argentino que pateaba con la zurda y hacía goles con la mano”.

Y sí, dios juega con la mano, con aquella misma que escribe la historia, aquella que juega con nosotros, aquella que trae consigo amoríos y traiciones, aquella en la que el teatro es más real que la “vida real”. Por momentos pareciera que dios es William Shakespeare (¡también se duda de su existencia!), y que escribió aquella historia recopilada por Constaín, Momigliano y los cronistas citados; al menos, esto lo hace pensar sus giros, sus protagonistas, sus contradicciones, utopías y quizá poesía.

¡Calcio! Se trata entonces de una historia que documenta aquellos movimientos que se daban en el siglo XVI, época en la cual dos autoridades (papa y emperador) buscaban dominar el globo, y a su vez, someter a la representación de poder rival; de ahí, la disputa entre Güelfos y Gibelinos, y de ahí, la alianza, después  de la rivalidad, entre emperador y papa para conseguir el primero la corona del mismo papa, y este, recobrar su dominio sobre la Florencia que era libre, y que al son de los cuernos y tambores practicaba multiplicidad de rituales paganos, condenados por la autoridad, reivindicadores de la libertad.

Entre tales festividades estaba el calcio, un juego que promovía el dominar la pelota con los pies, si bien es cierto se podía usar la mano, y que ante la incertidumbre de la guerra, sirvió para que españoles (luchaban en nombre del emperador y el papa) y florentinos (nada más y nada menos peleaban por su libertad, por preservar su república) decidieran buena parte de su destino histórico…

Así pues, Shakespeare, o dios, a través de Ximénez, Jovio, Momigliano y Constaín, escribieron una historia apasionante, llena de magia, en la que interviene el mismo Miguel Ángel Buonarrotti, por si belleza artística e ingenio hacía falta,  y que será recordada por aquel que ama al fútbol, por aquel que ama la historia, o bien, por aquel que disfruta de embriagarse con el mejor vino: una novela bien escrita.