Las acusaciones de doping atormentan al ciclista, que en su momento superó un cáncer testicular y a continuación se adjudicó siete títulos consecutivos del Tour de Francia.

Por: Juan Francisco Molina Moncada

Armstrong enfrenta las acusaciones formales en su contra por presunto uso de sustancias prohibidas para aumentar su rendimiento deportivo.
Foto tomada de: http://a.abcnews.com

 

Su trayectoria se podría definir en una palabra: superación. Son varios los obstáculos con los que ha luchado el ciclista texano, al punto de que se puede hablar de una de las leyendas vivas del ciclismo. No obstante, ahora, afronta uno de los momentos más difíciles de su carrera, siendo esto un formalismo, pues ya está retirado. En todo caso, Armstrong ha sido siempre acusado de dopaje, algo que pasó de ser un rumor a una situación que adquiere cada vez más matices reales y que podría derivar en la pérdida de sus siete trofeos correspondientes al Tour de Francia, aquello que lo encumbró y lo hizo célebre en el panorama deportivo mundial.

Del posible retiro a la gloria

A inicios de 1998 Armstrong pudo haberse retirado de la actividad deportiva. Después de superar un cáncer de testículo detectado en 1996, cuando era un joven que prometía en el ámbito ciclístico tras destacar en su país en tal disciplina en sus épocas de triatleta y haber ganado unos títulos de carreras secundarias, Armstrong decidió regresar a las carreteras para participar en la Paris-Niza, competencia en la cual el estadounidense se retiró en el póologo, acusando aún las secuelas de su recién curada enfermedad.

Pese a esto, una de las personas que más acompañarían a Lance en su carrera, Johan Bruyneel, lo hizo desistir de tal decisión, marcándole desde ese momento los más altos objetivos. El revulsivo al parecer hizo efecto positivo en el ciclista, quien ese mismo año se clasificó cuarto en la Vuelta a España, posición que repitió en el campeonato mundial de Valkenburg, Holanda. Armstrong parecía recuperar su bien nivel, no perdía rueda con los favoritos, y con buena moral afrontaba el año que marcó el inicio de su época dorada.

Desde 1999 hasta 2005 la casilla correspondiente al ganador del Tour de Francia tuvo el mismo nombre y apellido: Lance Armstrong. Además de sus éxitos, nunca se olvidaba, precisamente, que había superado una grave enfermedad, algo que era un plus a una más que exitosa trayectoria.

De esta forma, Armstrong se convertía en el corredor más ganador de la competencia ciclística más importante superando a mitos como Miguel Induraín, Eddy Merckx, Bernard Hinault o Jacques Anquetil. Imborrable era aquella imagen del 2005 cuando señalando con sus dedos sus siete triunfos y teniendo una copa de champagne, montando en su bicicleta Lance iba a consagrarse por última vez teniendo a los campos elíseos y al arco del triunfo como testigos de honor. Era su retiro, estaba en la cumbre.

Toda cumbre, al final, tiene su descenso

Los pedalazos eran constantes, denotaban esfuerzo pero a su vez convencimiento y hambre de triunfo. Sin casco, sudoroso, Armstrong coronaba una cumbre “fuera de categoría”, de un gradiente de inclinación significativo; al final, su especialidad, que es la escalada de los puertos montañosos, termina siendo una especie de metáfora a lo que ha sido su trayectoria y vida. No sin esfuerzo Lance superó a sus rivales, dejando atrás momentos incómodos y levantando sus brazos al estar en la cumbre. Sin duda, se trataba (o se trata) de un ganador nato.

Armstrong, más allá de superar el Alpe D´Huez y otras míticas cumbres, superaba al final la más importante de todas: la de sus propios obstáculos; se le consideraba un ejemplo a seguir, era una figura que representaba la lucha contra el cáncer. Parecía ser un personaje inventado por Paulo Coelho en sus libros de superación. Pese a ello, Armstrong, al parecer, no se percató que la cima ante sus ojos desaparecía, y quizá tomándolo desprevenido, comenzaba el declive, el descenso, comenzando así a perder el control de su bicicleta.

Aún Lance no ha caído, pero algo lo perturba…parece ser peor que su más que 100 veces citada en este texto enfermedad…tras el sol aparece la sombra,  detrás del héroe se encuentra el villano…y detrás de Armstrong empezaron a aparecer acusaciones de dopaje.

Al principio parecían ser señalamientos esporádicos que no poseían mayor fundamento. Por tal motivo, Armstrong empezó a tener querellas con la prensa, en especial, la francesa que empezaba a sospechar de su dopaje, más a modo de especulación que otra cosa. Aún así, luego la dificultad empezaba a aumentar como si de un juego macabro se tratase. Empezaron a aparecer los testimonios, ocasionales, sí, pero al fin y al cabo más dicientes.

Fue entonces cuando en un primer momento Emma O´Reilly, ex masajista del corredor, lo acusaba a este de que se hacía inyectar sustancias prohibidas ocultas con maquillaje. Luego, aparecía el testimonio de su ex ayudante personal Mike Anderson, quien aseguró ver en la habitación del ciclista una sustancia llamada “androsterina”. Tal caso se resolvió de forma extra judicial, nunca quedando claros los términos de acuerdo entre el ciclista y el empleado.

Mientras Armstrong regresaba sin mucho éxito al ciclismo (participó en el Tour del 2009 y el 2010 sin mucho éxito, retirándose de forma definitiva), las acusaciones de doping sobre el texano eran más reiteradas mientras este se defendía aludiendo que pasó por más de 500 controles y jamás registró un positivo. Pese a esto, la situación más incómoda estaba aún por llegar: fue en el 2011 cuando Tyler Hamilton, ex compañero de Armstrong, reconoció que lo vio “más de una vez” inyectándose EPO, aceptando además que él y demás compañeros hacían lo mismo. Esta declaración se añadía a la de Floyd Landis (ganador del Tour 2006, el cual luego perdió por doping), también ex compañero de Lance.

Absuelto…pero luego acusado formalmente

Tuvo entonces Armstrong un altercado con Hamilton, quien dijo haber sido amenazado por el campeón cuando se encontraron en un restaurante. El corredor texano restó importancia al asunto y en su cuenta de twitter se defendía de las acusaciones que comenzaban a ser más constantes y ya no eran casuales. Sin embargo, en febrero del 2012 Armstrong era absuelto en un tribunal de Los Angeles, donde no se presentaron cargos de dopaje en su contra. Parecía pues que la tormenta, o mejor la bajada, era controlada por Lance Armstrong quien, de nuevo, fue sorprendido por una situación que se lo ponía más difícil: una acusación formal.

Esta fue el 13 junio del 2012, y en esta ocasión, la USADA (agencia de Antidopaje estadounidense) presentó 15 páginas de cargos contra el deportista, acusándolo del uso de hormonas EPO, transfusiones de sangre, testosterona y corticoides. A esto, se le añade el testimonio de 4 de sus ex compañeros: George Hincapié, Levi Leipheimer, Cristian Vande Velde y David Zabriskie y del director del equipo GARMIN Jonathan Vaughters.

Los ciclistas citados a su vez admitieron doparse, razón por la cual serán suspendidos 6 meses (la suspensión promedio por doping es de 2 años en adelante). Armstrong por su parte se defiende alegando una “venganza” por parte de la agencia antidopaje, aludiendo que los ciclistas testimonian lo que ellos quieren a cambio de “inmunidad y anonimato”.

Pese a ello, la amenaza de que Lance Armstrong pierda sus siete títulos de Tour y su prestigio como deportista limpio está latente. El texano, quien superó el cáncer, el Alpe D´Huez, el Gabilier, el Tourmalet, entre otros difíciles y legendarios puertos escarpados, se encuentra ahora ante un puerto complicado, quizá el más difícil que le ha tocado enfrentar: se trata de demostrar su inocencia.