“A James Llanos lo domina un espíritu combativo difícil de simular, sus palabras son enfáticas, la manera de inclinarse sobre su interlocutor asegura la escucha y un grado especial de confianza, ese es el objeto de muchas charlas de café (…), confesar con la inocencia que confiere el goce de la libertad, sin estar atado a intereses ajenos a la obra”.

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Por: Alan Gonzales Salazar

“Estoy completamente seguro que nadie nace artista. Mi padre fue dibujante. El primer dibujo que le vi a mi papá fue un Simón Bolívar y me impactó, ese fue el veneno para decir: “mi mundo, es el mundo del arte”. Cuando veía a mi padre dibujando y veía en él un semblante distinto al del ser humano común, hacía un análisis de cómo el arte es un mundo que exorciza al ser humano, es el único estado del hombre en el que obligatoriamente tienes que estar en todo momento concentrado en la creación, no te permite un despabilo, porque se trataría de un abandono a ese infante que estás creando”. 

Toma otro sorbo de café, mira distraído a la gente, los edificios, el cielo… sus manos se crispan entonces y retoman el hilo. “Después inicié con otros procesos, sobre todo con la investigación social, pues el artista contemporáneo está vinculado estrechamente con la sociedad, distinto al arte moderno, porque éste era el goce de lo pagano, de la belleza, de la estética, de la imagen (el arbolito, el paisajito) y había mucho crítico en esta etapa. Se podía leer que un artista pintaba casi 10, 12, 14 años la misma tendencia. Hoy no, el artista contemporáneo hace una cosa distinta en dibujo, luego con un objeto hace un performance, monta una instalación”. 

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A James Llanos lo domina un espíritu combativo difícil de simular, sus palabras son enfáticas, la manera de inclinarse sobre su locutor asegura la escucha y un grado especial de confianza, ese es el objeto de muchas charlas de café (los cafés / oasis de inutilidades ruidosas), confesar con la inocencia que confiere el goce de la libertad, sin estar atado a intereses ajenos a la obra.

 “Para el 2008, Complementarios fue una serie ¡que me permite gritar!, en la que me ausento de la ciudad, de los encuentros  sociales, una obra de la bohemia, de la noche cómplice, de la ciudad, underground.  Comienzo a hacer un espionaje del corazón y a exorcizar el diablo”. Un conjunto de 24 obras de 1,80 por 1,50 cm, donde se presentan técnicas asistidas por computador “a propósito de que en esa época tenía una cátedra de Diseño Básico y Expresión Visual en una academia de diseño gráfico, experiencia en la que fluía el conocimiento de ambas partes (estudiante-profesor) y fue en la medida que enseñaba todos los textos para abordar una imagen, plantear una imagen en el fondo, su figura, o al formularme ¿cómo realizar todo un desarrollo proyectivo de un estudiante? Comencé a mirar cómo los chicos usaban el computador, me enamoré de esos lenguajes: cambiar del pincel al pixel, del lápiz al mouse, presentar una serie de rupturas de forma paradigmática, porque los artistas, hace más o menos 15 años, miraban el computador con algo de desinterés. Así que al enamorarme de esos lenguajes, asisto la obra conceptual por medio del computador, planteando el Corel y el Photoshop, la fotografía y la serigrafía, uniendo todo esto en un solo texto técnico, y lo llamo Complementarios, porque allí se mostraba la parte íntima de mi dibujo, de las libretas de apuntes que siempre me acompañan, el libro como objeto, el libro arte”.

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“Planteo la importancia del artista, reconociendo que el artista ha sido el hombre más contemporáneo del mundo, él ha sido el lector de la vida, del universo. En ese sentido expuse la impresión, intervenida por medio de la foto y de la serigrafía y en otra sala se presentaban mis dibujos, las libretas. Es de anotar que esa exposición fue completamente independiente. Hago el montaje, el diseño del catálogo, todo; una exposición en la que se dio, al igual que con la palabra, un debate con la imagen. De hecho, con esa obra estuve en Uruguay, luego en Bogotá, hasta que fue vendida.

Más tarde, presento otra exposición, en la que muestro una obra de cuadernos, con la que  fui a Buenos Aires; luego fui a Resistencia con una exposición que se llamó Libro de artista- Libro objeto “Lugar para existir”, invitado por la Universidad de Nordeste, en esa exposición fui como curador. Este fue un encuentro Colombo-Argentino, estaba Ruscha, Joseph Beuys, Alicia Díaz Rinaldi, Leonardo Gotleyb, y por Colombia estaban Ricardo Muñoz, Rubén Darío Gutiérrez, Antonio Isaza (q.e.p.d.) y Henry Villada, entre otros”.

***

Salimos a caminar, a buscar otro café como quien busca otro clima, al sentarnos de nuevo no puedo evitar preguntarle por su municipio, ese arbusto de aguijones fuertes y de frutos comestibles: “Zarzal es para mí el municipio de la caña, de la zarza y de la luz solar. Es un lugar en el que el sol conjuga con el verdor de los prados, las casas blancas, con la piel. Es mágico”. James Llanos Gómez nace en el 67, en una familia de obreros. Su abuelo, Manuel Antonio Llanos,  tenía un galpón en el que se hacían tejas y ladrillos para construir, y cierto día hubo un curso de arcilla, en el que se construían vasijas por medio de rollitos: “Participé en el curso gracias a mi abuelo y la edad de 5 años hice mi primera vasija precolombina. Después de Zarzal, me dirijo a Buga con mi madre, quien compra un papel, un gancho y un lápiz y me lleva a la Casa de la Cultura, allá me recibe Henry Vargas, uno de mis profesores, Perico y otros artistas. Me gradué como Técnico en Dibujo. Luego viajo a Bogotá, estudio unos semestres en la U. Nacional, paso a la escuela La Buhardilla del maestro Helman Gil, a quien le debo mucho… es un excelente pintor y comienzo a ver el arte no sólo desde la técnica, sino desde lo profesional, en contexto, como oficio, en el debate con las personas. Allí veo las primeras explosiones de arte contemporáneo y descubro los primeros performance, las interacciones de los artistas en la calle, en  colectivos,  grafitis. En esa ciudad veo que el arte ya no es del caballete, del lápiz, ni de la escultura, ni de la cerámica; el arte empieza a salir de la academia, lo más importante es la vinculación con el contexto”.

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“A la edad de 26 años viajo a Pereira, llego a encontrarme con mi hermano. La ciudad me permite entonces un rencuentro con la naturaleza. Tiempo atrás, cuando vivía en Buga, la dibujaba desde los cuatro puntos cardinales, dibujaba la cordillera, la laguna de Sonso, el parque y los techos nocturnos. Llego con posteridad a la Facultad de Bellas Artes, que se encontraba en el Olaya Herrera. Comienzo a desarrollar una teoría del paisaje, estudio la luz: cómo incidía la luz en el objeto, la importancia del color y el dibujo como pilar de la expresión conceptual, no meramente técnica. Pintaba día y noche. Luego, al notar ese anquilosamiento en el que estaba la Universidad, empiezo a hacer asambleas, a organizar el estudiantado. Nos tomamos la Facultad 20 días y ganamos el paro: enviaron a los maestros a capacitación y pedimos otros que eran estudiantes de la Universidad, algunos recién graduados, pero que tenían todo un acervo artístico. Así es como llegué a la conclusión de que la academia no influye tanto en la formación, en la sensibilidad, es lectura del hombre en contexto, de la cultura”.

Por un momento nos quedamos en silencio, sentimos pasar la vida como las filas de vagones de un tren, la lucha prometeica que ha significado llegar ¿dónde…?, a las palabras… éstas que testimonian las consecuencias de la libertad: “Me encuentro con unos ideales políticos; una cosa es un artista militante, otra que ponga su obra a militar; y, cuando un artista hace esto, la vuelve panfleto. Fue con los grupos Lumbalú (musical) con Hernando Muñoz y Arturito Rendón y El grupo San Luis (investigativo): Gustavo Orozco, Gussie y Carlos Hugo, entre otros, con los que emprendo un trabajo social, más o menos para el año 1993, y, otros artistas como Omar Bedoya, Fernando Auly, nos tomábamos desde el bar hasta los barrios y los momentos donde había cese de actividades laborales, académicas, o nos vinculábamos a manifestaciones estudiantiles.

Nosotros íbamos y nos vinculábamos a esos procesos y no era ir únicamente a “emplazarnos como artistas”, no, visitábamos a las personas en solidaridad con ellas; nos quedábamos en las noches, dormíamos en las carpas, hacíamos talleres, les explicábamos qué era el arte comprometido, interpretamos canciones con ellos (yo tocaba con un grupo conformado por Omar Bedoya e Iván Darío Mejía, un grupo de con cubano, llamado “Son del café”, ejecutaba la percusión,  y fue el grupo Lumbalú quien me enseñó a tocar instrumentos, entre ellos la tambora)”.

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“Todas estas actividades nos permitieron comenzar a permear la sociedad y dejarnos permear por ella, a hacer un trabajo en la urbe, leer la sociedad desde la creación. A partir de todo eso, inicio con mi trabajo, un trabajo de compromiso social, con un sentido estético, con un tratamiento de perfil, con una puesta en escena y desde ahí abro un debate desde la imagen”. Entre la política, la música y el performance, le pregunto a James cómo se manifiesta, qué características tienen los hechos de este ser polifacético: “En Pereira comienzo a notar un proceso que no avanza, algo efímero, en la que ningún grupo se consolida. Cuando me reencuentro con Carlos Enrique Hoyos, emprendemos políticas de salón, acompaño la fundación del Salón de Arte Joven, acompaño las primeras Cuadras de la Circunvalar. De hecho, una mañana de la boca de Helmer Mejía (q.e.p.d.) y como parte de este proceso, en la casa del Flaco Hoyos, nace el nombre de Corto Circuito. Esquemas de ciudad que buscamos cambiar, descentralizar la cultura, porque lo que no se hacía en la Facultad o en el Santiago Londoño, no existía (ese era el mundo cultural), se hacía sólo en estos espacios. Recuerde que Amigos del Arte es un emblema cultural, de allí salieron artistas de todas las áreas, creo que fueron los creadores del Salón de Agosto. En la actualidad, un grupo de artistas de la UTP, “investigadores” de la cultura, le cambiaron el nombre al Salón de Arte Joven y al Salón de Agosto. Hoy, en su mismo orden, se conocen por Trasluden y Vismio. Ahora estoy por la recuperación de su primer nombre, el cual está todavía en el imaginario cultural colectivo y artístico. En el Salón de Arte Joven, hace 5 años, participaban 30 o 50 colegios. De hecho, de ahí se promovió la primera cantera de los futuros artistas que iban a la Facultad de artes. Incluso, el primer ganador de Arte Joven fue Ricardo Muñoz Izquierdo, que hoy ha hecho trabajos con el Ministerio de Cultura, ganado una beca para ir a Brasil, se ha tomado la ciudades de Colombia con sus murales, es un muchacho al que no se le ha hecho un reconocimiento, y considero que su trabajo es importante desde el libro, desde todas sus propuestas plásticas”.

“También tenemos a Ángel Balanta, Yorlady Ruiz, muchos artistas que inician su carrera artística profesionalmente con el Salón de Arte Joven. Otros fenómenos culturales importantes se presentan en la ciudad, que hoy han aportado al desarrollo cultural y artístico, transformando a Pereira; con impacto a otras comunidades, a otros puntos estratégicos, naciendo otras calidades, a otras personas que, por medio de la cultura, generan un sentido de pertenencia por la ciudad. Siempre me he interesado por crear espacios de encuentro que sean un fogón creativo y crítico: Las Cuadras, las tomas culturales, los festivales, muestras y exposiciones con pereiranos, nacionales e internacionales. Mi consigna ha sido el reconocimiento del otro, sin ningún tipo de pretensiones. Existen muchos artistas en la ciudad que se creen “el ombligo de Zeus”, por el simple hecho de haber salido del país o ganado un premio, olvidando que lo más importante en el arte es cautivar al espectador; si se logra sensibilizar, se ha cumplido con una propuesta; me interesa que se abran los espacios y se presente competitividad desde los entes culturales”.

1061759_10151919517227602_303814568_nAvanza la tarde y la luz adquiere un tono irreal, de fatiga. Hemos estado conversando por horas, resumiendo las vicisitudes azarosas de la vida, nos lanzamos entonces a recorrer las calles, su río de gente, para quedar anclados en otro café, en donde no puedo evitar preguntarle a James por las personas que destaca del ámbito cultural de la ciudad: “Jaime Ochoa me parece un ser maravilloso. Desde la literatura, Carolina Hidalgo, es una joven a quien le he conocido su proceso académico, su proceso humano, su compromiso; es una escritora que promete mucho en el ámbito de la poesía. En la plástica, admiro a Carlos Enrique Hoyos, pues él abrió un panorama en la plástica de la ciudad, no quiere decir con esto que otros que no recuerde no lo hayan hecho, pero para mí él es emblemático. En música, admiro la Banda Sinfónica de Pereira, es un colectivo singular que va en ascenso, otros grupos como Papá Bocó, Lumbalú, de Arturo Rendón, grupos íntegros, con estudios, con investigación. En el cine club “Vamos Juntos” con Gussie, él me llevó a ese  primer encuentro y con esto puedo asegurar que Pereira, guardando las proporciones, es de las ciudades con mayor activismo en cine independiente, hoy por hoy cualquier barrio dispone de uno. Muchos grupos y organizaciones han generado una dinámica donde se discuten y crean obras únicas. En danza, tenemos el Ballet Michua y el Ballet Miluzka, y hablo como un lector que se conmueve. Me parece que el Instituto de Cultura y las Escuelas de Arte han generado un activismo cultural y han gestado en esta Perla del Otún, una nueva mirada cultural”. Sin embargo, después de esta sentencia, no abandona su punto crítico: “Acabo de renunciar al Consejo Nacional de Cultura, porque me parece que seguirán siendo los alcaldes de una ciudad de hierro, ¡desde lo nacional, departamental y cultural, estos consejos han sido un desastre! Muchos Consejos son de bolsillo, del alcalde, y muchos han servido para sacar proyectos propios”.

Las formas se confunden. El planeta girador nos ha traído la noche y con ella una despedida, la cual aprovecho para saber sus planes: “Para el presente año, tengo tres exposiciones, una en Pereira y dos por fuera. Puedo adelantarle el nombre que presentaré aquí, Cavaré. Sigo realizando “Pina para vivir”. Resultado de la lectura de la danza contemporánea alemana, desde Pina Bausch, pionera de la danza; pues me impactó el ver cómo ella lleva la danza clásica contemporánea al performance, un gesto muy visual accionando el organismo. Toma el cuerpo como un objeto que quiebra, que llora, lo hiere por medio de la seña, y eso la pone en el plano de un lenguaje sublime, excelso. En definitiva, el mundo de las artes es un mundo de la sensibilidad. Veo la danza de Pina en los cuerpos del que vende, el que grita “¡manzanas!”, el lustra botas; veo la ciudad, si me es permitido, como una Pina Bausch Urbana”. Termino este lindo encuentro contigo diciendo que “Caminar por la dermis de una ciudad, galería o un museo, es encontrarse con el silencio y la poesía muda; es llegar a la reflexión que angustia, pero que, al final, alcanza la felicidad efímera, cuando uno sale del espacio o del recorrido,  pensando en los actos humanos o en una de las tantas obras contempladas”.