“No hay Cultura, hay gente que hace la cultura, así como no hay Literatura ni Periodismo, sino escritores y periodistas. Estoy absolutamente convencido de que escribir nos transforma. Y bueno, por eso y para eso escribo”

Fernando Araújo, editor de Cultura de El Espectador. Fotografía / Andrés Torres

 

Por / Jhonwi Hurtado

Fernando Araújo Vélez, el caminante, el editor de Cultura de El Espectador, el escritor, el hombre que en sus columnas lanza palabras envueltas en nostalgia, en sarcasmo, que lanza momentos que llegan al lector como gritos de esperanza y de fuerza. Fernando Araújo Vélez cuestiona, sin importar el escenario al que va dirigido, a través de su escritura cuestiona al mundo y se cuestiona él mismo.

Algunas de las prohibiciones que vivió en su infancia, esas mismas que a veces quienes tienen el poder arrojan sin argumento alguno, fueron gasolina para sus búsquedas, para plasmar en letras esas inquietudes: “Esas prohibiciones, precisamente, me llevaron a preguntarme las razones y a buscar aquello que estaba prohibido, y a profundizar en los motivos del ser humano para prohibir. Entonces, muy a pesar de que en aquel momento me molestaban, a la larga fueron muy importantes. Lo mismo puedo decir de los castigos, de la obediencia, de la religión, incluso. Tantos años después del colegio, tuve que retomar parte de lo que viví entonces para hacer la audionovela que estamos haciendo en el periódico”.

Fernando le ha abierto las puertas a muchas personas que escriben y se las ha abierto en las páginas de El Espectador, allí le ha dado voz a la cultura, pues señala que la cultura es algo que nos lleva a pensar, sin importar para qué lado, nos ayuda a pensar: “Aunque parezca absurdo (a mí me parece absurdo), muchos de los personajes del mundo de la cultura a veces no quieren dar espacio a otros personajes. Entonces disfrazan ese No interés con manuales y deberes ser, con críticas despiadadas que no suman nada, al contrario, restan, y con posturas de sabios. No hay Cultura, hay gente que hace la cultura, así como no hay Literatura ni Periodismo, sino escritores y periodistas. Estoy absolutamente convencido de que escribir nos transforma. Y bueno, por eso y para eso escribo”.

El proyecto más reciente de Fernando Araújo  Vélez se titula Yo confieso, de esas ideas que nacen en Consejos de redacción, de esas luchas que lanzan los periodistas y muchas veces no reciben el eco suficiente para hacerlas realidad, nació esta obra, la que posiblemente sea el primer audiolibro producido por un periódico en Colombia.
“Hágase tu voluntad” titula el primer capítulo de este audiolibro. La historia habla de un sacerdote; el padre Andrés y Lucrecia Sandoval son los personajes que entrarán por los oídos a quienes se interesen por la obra, acompañados de otros personajes que con su voz llevarán la imaginación a momentos tensos, a intrigas, a sinsabores. Hablamos con Fernando Araújo Vélez sobre Yo confieso.

Jhonwi Hurtado: Fernando, ¿antes de escribir Yo confieso te habías interesado por escuchar radionovelas?

Fotografía/ Archivo El Espectador

Fernando Araújo Vélez: No había escuchado ninguna radionovela, la verdad, pero obviamente sabía que existían, y conocía más o menos las tramas. Me llamaban mucho la atención, digamos que a la distancia. Me fascinaba imaginar cómo un texto pasaba a unas voces, y cómo esas voces, más los efectos de sonidos, música, etc, podían crear una historia. Era lo más parecido a un libro. El texto debía tener y tenía toda la fuerza. El texto debía ser todo: imagen, pensamiento, narración, diálogos.

J.W.H: ¿Cómo lo toma un medio impreso como El Espectador, o sea, es el primer audiolibro del medio?

F.A.V: En El Espectador siempre ha habido y hay libertad. Yo propuse la idea hace algo más de un año en un consejo de redacción, y de inmediato casi todos los editores y el director se entusiasmaron. Incluso, me preguntaron de qué se trataba y demás, pero yo hasta ese instante solo tenía la idea de hacerla. Luego de esa reunión, ya tenía que hacerla.

J.W.H: ¿Antes de pensarlo como audiolibro, lo pensaste como novela escrita?

F.A.V: Lo pensé siempre como radionovela, aunque no tenía ni idea cómo escribirla. Luego deduje que no era “radio” en el sentido exacto del término, y Daniel Medina, uno de los integrantes de la banda que nos regaló la música, Montaña, me sugirió que la llamáramos “audionovela”. Era más preciso. Pensé varias semanas en cómo podía ser ese texto. Lo primero, obvio, era el tema. Y recurrí a una columna que había escrito sobre un padre, y una señora que le confesaba que tenía un hijo con su hijo. Decidí que debía haber un narrador y los diálogos y todo el resto. Luego, con el texto listo, o casi listo, empezamos a grabar, y a desgrabar y a volver a grabar, después de varias reuniones con el equipo de Cultura y otros colaboradores, que me habían dicho que querían hacer parte del equipo (David Guarín, Manuela Cano, Joseph Casañas, Laura Camila Arévalo, Andrés Osorio, Daniela Vargas, María Paula Lizarazo, Laura Valeria López). Fue todo ensayo y error mil veces.

J.W.H: Háblame un poco de la trama, en lo que he escuchado sé que la iglesia juega ahí un papel, pero también esos elementos que no nos agradan de la iglesia

F.A.V: La iglesia y lo que rodea a la iglesia siempre han sido un misterio, los misterios de dios y de la fe. Yo estudié en un colegio de curas agustinos, el Liceo de Cervantes. Digamos que por eso conocía un poco el eco de Dios, por llamarlo de alguna manera.

Ilustración / Éder Leandro Rodríguez /El Espectador

J.W.H: Un audiolibro requiere de mucha producción, ¿cuántas personas hay contigo?, ¿cómo ha sido ese proceso de edición, de leer, de actuar tu propio libro?

F.A.V: Hemos sido los que nombré antes, mas algunos periodistas de la redacción y otras personas que nos han colaborado con sus voces, o con asuntos técnicos, etc. (Hugo García, Nelson Sierra, Olga Barona, Luis Guillermo Ordóñez, Germán Gómez, Estefy Pardo, Beatriz Valdez, Tatiana Gómez, Karen Rodríguez, Jennifer Rodríguez, Edwin Bohórquez, Eder Leandro Rodríguez, Natalia Romero, Óscar Guesguán… en fin, una lista larga, y que me perdonen los que dejo por fuera). Debo agradecer que nadie se ha negado a nada en ningún momento. Desde quienes manejan las redes en el periódico, hasta los que trabajan con las suscripciones digitales, los de diseño, los editores… Creo que para todos ellos este proyecto ha sido un bálsamo. Aire, como decía Raskolnikov.

J.W.H: Fernando, en tu escritura desde las columnas, hasta un libro como No era fútbol era fraude, luego en Y por favor miénteme, uno logra entender que te mueve a escribir cierto inconformismo, pero que además hay una pizca de nostalgia allí. ¿En Yo confieso hay nostalgia, hay inconformismo?

F.A.V: Todo lo que uno escribe es parte de uno, surge de uno. Es una especie de autobiografía. En Yo confieso hay nostalgia de un tiempo y de una ciudad que cambiaron drásticamente, y hay unas luchas que dejaron de darse, pues los valores también se han transformado. Pienso que cualquier persona que se baje del tren blindado a 500 kilómetros por hora en el que nos hemos dejado embutir se dará cuenta de que precisamente el conformismo es lo que nos ha llevado a este estado de robotización. ¿Y la verdad? Considero que la más honesta y profunda manera de halar a alguien para se baje de ese tren es con letras, sean en papel, en audio, en imagen, en música, en lo que sea, pero con la palabra.

Fernando Araújo Vélez también acaba de publicar la novela Aunque me muera a la izquierda, publicada por la editorial Sílaba Editores.

Escuche acá el primer capítulo de Yo Confieso