Gabriel Escobar Gaviria: “La forma de escribir dice mucho de uno”

Un ingeniero electricista de profesión, con más de 27 años de experiencia como columnista, cuenta sus anécdotas sobre la gramática y la ortografía.

 

Por / José David Chalarca Suescum

Unas gafas un poco empañadas, una camisa de rayas formal, un pantalón largo, unos zapatos cafés relucientes, vestía en aquel día lluvioso Gabriel Escobar Gaviria en la Biblioteca de EPM, cerca de La Alpujarra. Además, tenía la edición de El Espectador del lunes donde sale su columna. La revisa, luego sonríe y me pregunta “¿sobre qué vamos a hablar?”.

Gabriel Escobar es un ingeniero electricista, graduado de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), que tiene como pasatiempo preferido escribir. A menudo lo relacionan, por sus apellidos, con el difunto líder del Cartel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria; sin embargo, nada tiene que ver con él. Es parte de las dos ramas de los “Gavirias” que, según él, vienen de Sopetrán y es gran apasionado del latín; lengua que lleva estudiando desde su bachillerato por su antiguo interés por ser sacerdote salesiano.

Se ha desempeñado como ingeniero electricista en empresas como Interconexión Eléctrica S.A. (ISA) y Empresas Departamentales de Antioquia (EDA), pero su mayor virtud y pasatiempo son las letras.

Sus conocimientos sobre gramática y ortografía lo han llevado como columnista a periódicos como El Espectador; donde aún escribe, El Diario del Otún de Pereira y El Colombiano. Sus columnas siempre son sobre los errores ortográficos que encuentra en los periódicos y la correcta forma de usar las palabras para escribir.

Gabriel, a sus 73 años, cuenta sobre su trayectoria como columnista en los medios de comunicación, las anécdotas que le han dejado sus años allí y lo que ha aprendido sobre el lenguaje.

Gabriel Escobar Gaviria. Fotografía / Revista Contexto UPB

Amante de la ortografía y la gramática

 

¿Cómo empezó a interesarse en la escritura?

Yo me empecé a dar cuenta de que algunos compañeros de mi universidad tenían muy mala ortografía. Sin embargo, había entre ellos –no recuerdo el nombre, pero le decíamos Manizales- que nos daba conferencias de lo importante de la ortografía y eso nos ayudaba a ver la manera correcta de escribir las palabras. Desde aquellas reuniones me surgió el interés por saber la manera correcta de escribir y  me pregunté a mí mismo el porqué no tenía los errores de los demás. Resulta que yo hice todo el bachillerato en un seminario salesiano y allí me reforzaron la escritura en latín. Gracias al seminario y a aquellas conferencias, me di cuenta de que las faltas de ortografía se pueden evitar con un buen uso y conocimiento del latín.

 

¿Por qué es importante saber escribir?

La forma de escribir dice mucho de uno. Aunque mi carrera principal es ingeniería, yo lo tomé más bien como un pasatiempo. Uno muy importante.

El primer medio de comunicación en el que trabajó fue El Espectador, ¿cómo llegó allí?

Existía un ingeniero civil llamado Roberto Cadavid Misas, Argos, que tuvo la columna de nombre Gazapera, que aparecía en El Espectador los miércoles, por unos 5 o 6 años. Fue una sección de opinión con contenido muy bien recibido. Entonces, yo siempre compraba el periódico cada vez que salía su publicación. Roberto murió y dejó de salir su sección, por lo cual, asumió la dirección de ella uno de los hermanos del difunto director, Guillermo Cano.

A pesar del cambio de autor, Gabriel seguía comprando El Espectador para leer la Gazapera, hasta que un día cualquiera, vio unos 4 o 5 errores en una de las columnas y decidió enviarles una carta con el seudónimo de Sófocles para comentarles dichas equivocaciones.

No le puse mis dos apellidos, Escobar Gaviria, debido al incidente de la muerte de Guillermo Cano a causa de Pablo Escobar Gaviria; no creí que una carta criticando El Espectador, proveniente de alguien con los mismos apellidos que el narcotraficante que le hizo tanto daño al periódico estuviera bien.

Después, en una edición posterior de la columna, apareció la carta que les mandé con los errores que señalé. Además, exaltaron aquellas críticas y pidieron que el autor de aquella carta se comunicara con ellos. Lo hice, les dije mis intenciones y la explicación de mis dos apellidos, me terminaron ofreciendo la columna Gazapera y seguí con el seudónimo de Sófocles.

 

Foto cortesía de Gabriel Escobar Gaviria. También conocido por el seudónimo de “Sófocles” en su columna para El Espectador

 

¿Siguió escribiendo Gazapera?

Tengo la columna desde 1993, y aunque me cortaron la columna debido a la crisis financiera del periódico durante unos años, pude continuar escribiendo en octubre del 2000 y hasta hoy sigue intacta.

 

¿En cuáles otros medios trabajó?

Además de El Espectador, trabajé en El Colombiano con una columna llamada “Vista de lince” y en El Diario del Otún, de Pereira, en el cual todavía escribo, con el seudónimo de Abel Méndez. También saco algunas columnas para la emisora del CIPA (Círculo de Periodistas y Comunicadores de Antioquia). Son cosas varias, todas relacionadas con la ortografía y la gramática.

Fotografías / Cortesía de Gabriel Escobar Gaviria, autor de la Gazapera.

 

¿Cómo llegó a El Diario del Otún?

Empecé en El Diario del Otún de Pereira a mediados de 1995. Es uno de los periódicos que más me gustaban de Pereira. Un día leí la bandera del periódico y me di cuenta de que el director era Javier Ignacio Ramírez Múnera, un ingeniero electricista compañero mío de la promoción de ingenieros de la Bolivariana de 1971. Inmediatamente tomé el teléfono y pedí que me dejaran hablar con el director. Fue algo así:

—Hombre Javier, imagínate que desde hace días vengo comprando con regularidad un periódico pereirano que se llama El Diario del Otún y los errores que encuentro hacen parte de mi columna de El Espectador que se llama Gazapera. Hoy me di cuenta de que vos sos el director.

—Como así, entonces ¿vos sos Sófocles?

Dos meses después, me llamó y me pidió que le hiciera una columna similar. Apareció Taller del idioma, escrito por Abel Méndez. Todavía la escribo igual que a la Gazapera.

 

¿Cómo llegó a El Colombiano?

Entré a finales de 1995, meses después de haber empezado a trabajar en El Diario del Otún. Alberto Piedrahita Barrientos, mi primer decano en la UPB, que tenía una finca en Santafé de Antioquia y me hacía visitas en la oficina de El Espectador, me felicitaba por mi columna en El Espectador y me aseguraba que me conseguiría una columna en El Colombiano. Pasaron dos años sin contacto con él hasta que un día me llamó y me dijo que me tenía el puesto listo.

Cuando llegué a la sede de El Colombiano, Alberto me dijo que en el nombre de la columna introdujera la palabra «lince». Como si yo lo hubiera pensado antes, le dije de una vez, Vista de lince, nombre que gustó sobremanera a los directivos del diario. Allí hablamos con el subdirector y firmamos el contrato.

 

Desde su perspectiva, ¿cuáles son los errores más frecuentes en los medios de comunicación?

Me están enloqueciendo las comillas simples usadas en donde debe haber dobles y las comillas dobles o simples usadas donde no debe haber ninguna.

 

¿Cuáles son las claves para una buena escritura?

Abrir el diccionario. La gente es muy perezosa para abrir el diccionario. Tener cuidado con el mal uso y exageración de las comillas simples y dobles; es un error común tanto en periodistas como escritores. Todo lo “encomillan”. La gente debería leer los manuales de ortografía que saca la RAE, ya que son muy importantes y aseguran un buen conocimiento de la escritura. La Ortografía de la lengua española (2010) es el mejor libro que han sacado sobre la forma de escribir y ya está en la página web. También existe Fundeu que saca recomendaciones de escritura muy importantes.

Uno de los problemas actuales en la escritura es el uso de términos prestados de otras lenguas. Aunque eso demuestra que está viva y evoluciona, para Escobar representa a veces un problema.

¿Qué pasa hoy en día? que todo el mundo se dedica a mirar el inglés, entonces el latín pasa a un segundo plano; como es el caso de los extranjerismos mal utilizados en la lengua castellana.

Una anécdota que recuerde de sus apellidos…

El gobernador de Antioquia, Juan Gómez Martínez, inauguró el puente Antonio Roldán Betancur sobre el río Cauca, en el municipio de Cáceres. Yo era jefe de la Empresa Antioqueña de Energía, EADE, con sede en Tarazá. Al acto asistí en compañía de algunos subalternos. Tan pronto llegamos a Cáceres nos hicieron bajar del vehículo y nos metieron en una cancha de basquetbol, protegida por un cerco de alambre. De allí se salía después de mostrarle a un soldado el documento de identidad.

Cuando le tocó el turno al grupo que éramos, el soldado iba devolviendo a cada uno de nosotros el documento tras revisarlo, hasta que observó el mío y lo dejó en su mano derecha, lo miraba y seguía entregando con la mano izquierda a los demás; mis acompañantes se preocuparon y no querían salir de la cancha sin que se arreglara el incidente. Yo no me preocupé. Cuando, de pronto, el mayor a cuyo mando pertenecía el soldado estuvo cerca de nosotros y el soldado le gritó:

—Mi mayor, ¡venga, mire esto! —Y le entregó mi documento.

El soldado siguió con su trabajo de mirar las cédulas. Mientras tanto, el oficial miraba el documento y me miraba, hasta que por fin me hizo la pregunta:

— ¿Usted por qué se llama así?

—Mi mayor —le dije—, por un detalle muy significativo: mi papá era Escobar y mi mamá es Gaviria y entre los dos me hicieron.

—A pregunta tonta, respuesta tonta. Tome su documento —terminó el mayor. Yo me reí el resto de la tarde, dijo conservando aún algunas de esas sonrisas.

Gabriel Escobar lleva más de 30 años con sus columnas. Se siente feliz con ellas y quiere escribir hasta el último día, hasta que la vida le arrebate su pasión por las letras.

“Hoy me dedico a disfrutar de la pensión, a cumplir con las dos columnas que me quedan: la Gazapera y Taller del idioma; a animar los grupos de Whatsapp y escribir anécdotas de mi vida sobre la importancia de la ortografía en dos blogs que tengo, antes que el borrador de mi memoria lo impida.

@JoseDavidChala1