El Programa Nacional de Casas de Justicia nace con la visión de ser el Programa líder en el tema de métodos alternativos de solución de conflictos y facilitar el acceso a la justicia por parte de las poblaciones, que por motivos de localización geográfica, falta de asesoramiento o escasez de recursos les impide acudir a estos servicios.
Por: Daniel Mateo Martín Duque
Fotografías: Cortesía casa de la justicia
Patricia Flórez Giraldo, coordinadora de la Casa de Justicia en el sector de Camilo Torres, Dosquebradas, habla acerca del proceso que se viene llevando en el municipio, especialmente en zonas marginales o rurales, donde la conflictividad y la comisión de delitos es alta.
Daniel Mateo Martín Duque: ¿Qué es la Casa de Justicia?
Patricia Flórez Giraldo: Esta es una institución que es del ente nacional. El Ministerio hace un convenio con las alcaldías para que las instituciones como ésta funcionen en sitios muy vulnerables. Es una estrategia que tiene como objetivo reunir una serie de instituciones que le puedan brindar a la población un trabajo de atención en justicia formal y no formal de manera gratuita, por eso aquí nosotros estamos con instituciones a nivel nacional y a nivel municipal.
¿Cuál es su trabajo en la Casa de Justicia?
Ahora estoy coordinando la institución, debo velar porque todas las dependencias tengan absolutamente todos los elementos para poder funcionar, es coordinar todos los servicios que estamos en este instante brindando a la comunidad.
¿Hace cuánto funciona esta casa de justicia?
El 13 de septiembre cumplimos 4 años de funcionamiento.
¿Cómo ha sido la acogida de la comunidad?
Inicialmente fue un poquito como el choque por lo desconocido, además porque la gente del sector pensaba que aquí iban a funcionar calabozos y cosas así, que íbamos a empezar a hacer algo muy punitivo. Pero cuando empezamos a funcionar, empezamos a generar un acercamiento con la comunidad, e hicimos que ellos
conocieran que lo que nosotros íbamos a hacer acá no era nada de tener como una cárcel o unos calabozos para la población, sino al contrario generar una serie de servicios para que no tuvieran que acudir al eje central o a Pereira, que todo lo tuvieran aquí para aminorar gastos, tiempo y que todo es en forma gratuita, entonces por ahí empezamos a enganchar la gente en ese proceso.
Inicialmente fue durito porque habían amenazas de que la iban a volar, que no la iban a dejar funcionar, que esto acá no iba a arrancar porque la iban a sacar de funcionamiento, pero yo pienso que con la labor que se viene haciendo la gente empezó a entender que era más una institución que les iba a ser útil, por ahí este año nos tiraron algo que explotó, mínimamente en toda la entrada, y si hubiese algo allí más cercano de pronto hubiera podido dañarlo, quebrar los vidrios y todo, pero no pasó de allí. Siempre se siente la tensión en el horario de nosotros, por eso es en una jornada continua, porque después de las 3 de la tarde el entorno cambia, tú ahorita vienes y ves un entorno familiar, de la gente en su cuento normal, pero después de las 3 empieza a ponerse un poquito más duro y ya es un riesgo para las personas que estén aquí después de ese horario.
¿Qué conflictos atiende la Casa de Justicia?
Bueno, lo que más llega acá son asuntos policivos, violencia intrafamiliar, amenazas y ultrajes, de pronto pérdida de documentos, pero sobre todo violencia entre vecinos o familiares.
¿Qué otras Casas de Justicia existen en Risaralda?
Aquí en Risaralda sólo existen 3. Las de Pereira están ubicadas una en Villa Santana y la otra está en Cuba por San Fernando. Y nosotros, que estamos en el sector de Camilo Torres, Dosquebradas, donde aparentemente el sector es tranquilo pero se manejan muchas situaciones difíciles para la población, difíciles para nosotros, porque es muy vulnerable entonces tenemos muchos escenarios adicionales a las que decía de riesgo por el entorno en donde se mueven grupos armados al margen de la ley, el micro tráfico, la pelea por el territorio… Todas esas situaciones hacen que la población acá sea mucho más
neurálgica.
¿Qué nos puede contar del programa de Casa de Justicia móvil?
Las Casas de Justicia móviles son un accionar que debemos generar para llevar todos los servicios que prestamos aquí a otros sectores del municipio, entonces llevamos el servicio a sectores vulnerables donde sabemos que el acceso es difícil, que de pronto se les dificulta para movilizarse, y adicional a todos los servicios nuestros va Inspección, va Comisaría, entonces hay asesoría jurídica, psicológica, de trabajo social… También va la Defensoría del Pueblo, la Liga del Consumidor, va todo el equipo porque ahí a veces hay pregunticas de la misma gente que es bueno empezar a clarificarles y hacerles la atención. Adicional a toda esa parte vamos con otra serie de servicios que no manejamos, entonces conseguimos el acompañamiento de la Policía, de una peluquería. Por ejemplo, el Círculo de la Belleza nos acompaña mucho haciendo las brigadas. Llevamos actividades recreativas para los niños; la Secretaría de Salud se involucra y entonces lleva diferentes programas; a veces también nos acompañan otras instancias de la administración municipal como la Secretaría de Desarrollo que lleva el programa de discapacidad.
Todas las Secretarias que se quieran adherir a la actividad son bienvenidas, hacemos la labor en el barrio y se les genera todo el servicio en forma gratuita.
¿Cada cuánto o cuantas veces al año se hace esta labor?
Nosotros debemos hacer al año mínimo 4 Casas de Justicia móvil. Sin embargo, este año vamos por la quinta y todavía tenemos un espacio, entonces creo que vamos a hacer por ahí 6.
¿Qué nos puede contar del grupo juvenil de la Casa de Justicia?
Tenemos un grupo juvenil que nació como al segundo año de estar funcionando por una necesidad que había de empezar a trabajar la parte de prevención integral, sobre todo en el tema de reclutamiento de jóvenes por grupos al margen de la ley. Esta necesidad se evidenció y por ahí empezamos a trabajarlo con la
agencia para la reinserción, e hicimos una labor bien bonita donde trabajamos con un grupo de 30 jovencitos. La idea era seguirla fortaleciendo, entonces cuando se acabó el convenio los niños ya estaban enganchados y seguimos con la tarea.
Ahorita ya es el tercer año que tenemos con los niños, y es un grupito de 35 jovencitos entre los 7 y los 16 años. Vienen los días jueves, nosotros hacemos diferentes actividades con ellos: talleres de crecimiento personal, de prevención integral, hacemos algunas salidas lúdicas… Hemos sido muy afortunados porque tocamos puertas y nos están generando un apoyo muy grande. Este año ha habido muchas actividades programadas para ellos; son un grupito que si no estamos los contratistas todavía funcionando empiezan a pedir: “bueno ¿cuándo van a arrancar, cuándo van a empezar?”.
Es un espacio de 4 o 5 horas que de pronto uno dirá: “¡tan poquito tiempo!”, pero es un tiempito en que nosotros los tenemos acá y no están en calle en situación de riesgo, es jalárselos a procesos delictivos, y es una experiencia bien motivadora porque son niños que uno siente que aportan muchísimo, que han crecido y que se les está brindando una alternativa a lo cotidiano que ven en el sector.



