CHARLAS DEL LUNES/ EL POETA FERDOUSÍ (III)

El pensamiento de Voltaire es filosófico, es humano; será la inspiración del horror de las guerras civiles. Ferdousí, atareado de tradición, está lejos de haber tenido una intención similar…

 

Por / Charles Augustin Sainte-Beuve*

El episodio más célebre del poema, aquel cuya naturaleza más nos interesa, tiene como objeto el reencuentro del héroe Rostam con su hijo Sohrab. Es una bella y sensible historia que recorre el mundo, floreciendo en cuanta balada cantan los países, y que los poetas han sabido reinventar a su manera, desde Ossian con Carthon hasta Voltaire y su Henriade. Voltaire seguramente no leyó a Ferdousí pero ambos concibieron la idea sobre un padre que mata a su hijo sin saberlo en un violento combate. El pensamiento de Voltaire es filosófico, es humano; será la inspiración del horror de las guerras civiles. Ferdousí, atareado de tradición, está lejos de haber tenido una intención similar; pero después de leer este episodio dramático e impresionante, una sensitiva aventura de colores y perfumes, donde uno termina vertiendo lágrimas, podemos dirigirnos al Octavo canto de la Henriade. Sentimos la altura de la poesía épica hasta los modernos. Sentimos la misma impresión si pasamos por el río Ganges o alrededor de una cuenca en Versalles.

Quiero decir en pocas palabras una idea del episodio en Ferdousí. Rostam es la representación perfecta del Hércules o del Roland de las tradiciones orientales: no es precisamente un rey, es más que eso, y él mismo lo dice con orgullo:

Yo establezco soberanos y nunca he querido ser uno.

Rostam pertenece a la edad heroica cuando la fuerza física era considerada la primera de las virtudes. Un día, fue enviado solo a la caza del asno salvaje africano, en el país de los turcos. Montaba a su caballo Rakhsh, tan rápido como el fuego. Después de haber matado a un buen número de bestias, termina rendido, se duerme y deja que el caballo paste al gusto. Los turcos capturan a Rakhsh, no sin que este mate a un par en acto de bella resistencia. Al despertar el héroe se encuentra confundido, humillado por la suerte. Se encamina lento hacia Semengan, la ciudad más cercana. Su renombre era tal, que el rey de la ciudad, súbdito de los turcos, conociendo sobre su cercanía llegó buscándolo, prometiéndole encontrar al caballo, y ofreciendo, además, espléndida hospitalidad. Se sienta al banquete y se emborracha, pero no es indigno. La noche estaba abriéndose cuando en la puerta de la habitación donde dulcemente reposaba aparece una mujer bellísima, guiada por una esclava. “¿Cuál es tu nombre?  —pregunta él estupefacto— ¿qué buscas en la noche sombría? ¿qué quieres?”. La imprevista no era otra que la hermosa Tehmimeh, la única hija del rey; al héroe confesará ingenuamente su deseo. De él escuchó variedad de relatos fabulosos similares a los de Medea y Jasón, Ariana y Teseo, Desdémona y Otelo. Le repetirá algunas de las historias que enardecieron su razón: “Son tan impresionantes que continuamente me muerdo los labios por tu causa”. Hay una bella frase de Sage: “No hables sobre hombres delante de mujeres porque sus corazones son refugio del maligno, y con ellas esos relatos renacen maledicentes”. Breve, la bella se ofrece, franca y simplemente, como madre para un hijo de Rostam. No olvidará agregar, ya al final, que se compromete a recuperarle el caballo. Escuchando sus promesas, y sobre todo la última, se decide sin mayor pena. Para no mancillar la hospitalidad recibida envía a un hombre que demande al padre su hija. No hay contratiempos; todo se acuerda según los ritos del país, fáciles al parecer. La mujer encuentra todo propicio. Con el primer rayo de la aurora el héroe toma el célebre ónix que rodeaba su brazo para dárselo. Le dice: “Guarda esta joya, y si el Cielo quiere que traigas al mundo una hija pónselo en los bucles de su cabellera, y que el día esté bajo una buena estrella, la de los mejores auspicios; más si los astros te acuerdan un hijo, rodéale el brazo como lo llevaba su padre…”.

 

Le puede interesar CHARLAS DEL LUNES / EL POETA FERDOUSÍ (II)

 

Rostam parte en la mañana montando a Rakhsh, viaja hacia Irán. Pasan los años y no tiene más que vagas noticias de la bella Tehmimeh y su descendencia. Nace niño. Es bello, de cara luminosa. Se llamó Sohrab. “Cuando tenía un mes era como un niño de un año; con tres se ejercitaba en los juegos de armas y, con cinco, le había arrancado el corazón a un león. Cuando llegó a los diez nadie en su país osaba desafiarlo”. Se distinguió de todos los turcos alrededor. Era consciente de la proveniencia extraña de su raza. Haciendo demostración de fuerza contra la madre exige el nombre del padre y, cuando lo sabe, no quiere tardarse en una asamblea para organizar el ejército que combatirá a los iraníes. Quiere hacerse reconocer del glorioso padre con explosiones y bravura.

Sohrab elige llevarse un caballo fuerte como un elefante: dirigiendo al ejército se pone en marcha, no para combatir a su padre, sino para destronar al soberano donde Rostam es feudatario, y con el fin de poner a su poderosa raza en el lugar del rey holgazán. Aquí las acciones empiezan a nutrirse de un arte, el de las habilidades únicas de poeta. La solución fatal se entrevé y se retrasa con sutiles gradaciones que la hacen más dramática. Rostam enviado por el aterrado rey no se apresura en acudir. Con la noticia de un ejército turco conducido por un valiente y heroico joven, tuvo la idea, al principio, de que podía tratarse de su hijo. Pero no, no es posible, es todavía un niño, piensa, “y sus labios aún saborean la leche”. Rostam es mal recibido por el rey, lo que lo hace entrar en una cólera de Aquiles, y regresa veloz a su tienda de campaña. Lo vemos dudoso cuando piensa el rencuentro, pero parecerá arrepentido cuando esté delante del joven héroe. Mientras tanto los ejércitos hacen acto de presencia.

*“Le livre des rois, par le poete persan Firdousi publié et traduit par M. Jules Mohl”, Causeries de lundi, París, Garnier frères, 1857 (3e éd.), tome premier. Versión de Kevin Marín Pimienta (@_sobreeldolmen_).

Portada: Fragmento de Rustam duerme, mientras que su caballo Rakhsh se defiende de un león. 1515-22. Fuente: Wikipedia Commons.