MKR19T Moliere Breakfasting with Louis XIV. Image shot 1899. Exact date unknown.

CHARLAS DEL LUNES/ LA VOLUPTUOSIDAD DEL ABATE CHAULIEU

“si la razón conserva su imperio, todo está permitido; es la manera de usar los espíritus para la voluptuosidad o el libertinaje; la voluptuosidad es el arte de usar los placeres con delicadeza y probarlos con sentimiento”. Hamilton.

 

Por Charles Augustin Sainte-Beuve*

 No nos hagamos ninguna ilusión al respecto; hay dos siglos de Louis XIV; uno, es noble, majestuoso, magnífico, sabio y conducido por el rigor, decente hasta la solemnidad, representado por el rey mismo, sus oradores y elevados poetas, por Bossuet, Racine, Despréaux. Pero hay otro río corriendo, deslizándose bajo un largo puente, que va de la Regencia de la reina-madre a la de Phillipe d’Orléans. Las bellas y espirituales sobrinas de Mazarin tuvieron mucho que ver con la transmisión del espíritu entre ambas Regencias; las duquesas de Mazarin, de Bouillon y todo ese mundo; Saint-Évremond y los voluptuosos de su escuela; Ninon y sus alumnos; los descontentos y sátiros de principio, todos juntos. A medida que avanzaba el reino, y que ampliaba la monarquía su rigorismo, esta vena proscrita no hace más que replegarse hacia adentro. Las ambiciones truncas, o las que al menos se esperaban, son recompensadas con la libertad de espíritu y de los placeres.

Estos placeres son los que todavía encontramos, los que debían ser sobre todo en una época de inmensa desigualdad y donde el control de la publicidad era nulo: eran verdaderas bacanales.

Podríamos hablar, por ejemplo, de las orgías de Anet o en la torre del Templo de los Venme, y del espíritu que desprendían, ese que La Bruyére atribuyó a Rabelais: “Es una monstruosa asamblea de una moral fina e ingeniosa y de una sucia corrupción: donde hay maldad va más lejos de lo execrable, es encantación de la canallada; donde está el bien, llega hasta lo exquisito y excelente, puede ser el más delicado”. Es la definición más precisa de las costumbres y del espíritu de los Chaulieu y de los La Fare. Chaulieu vivirá menos como poeta porque es una de las figuras más características en las que se unen dos épocas; enseña el vínculo de una Regencia a la otra; recibió la inspiración de la primera, el espíritu libre y temerario de los epicúreos anteriores a Louis XIV, y vivió mucho para dar el espaldarazo a Voltaire.

Mencioné los dos aspectos del siglo que reinó Louis XIV; el aparente, imponente y noble, y el reverso, el fondo más natural, mucho más natural, y donde no debería mirarse mucho; agreguemos solamente que, a una cierta hora, en el más bello momento del reinado, dos hombres enseñaron, en más de una obra, lo que podía el genio uniendo los dos tonos, rompiendo la máscara de la solemnidad haciendo hablar a la naturaleza con todo su esplendor y dignidad: estos dos hombres son Moliere y La Fontaine.

Chaulieu se asemeja al último, pero sobre todo a la Chapelle; pero si se alimenta de ambos para sus negligencias como rimador, se gobierna mejor que ellos en la vida y, bajo sus aires de Anacreonte, siempre supo dónde se encontraba. El representa bien al monje querido de Rabelais, al verdadero prior de la abadía de Thélème. En una de sus cartas inéditas, lo vemos, después de un viaje a Nivernais, que fue uno de los más fatigantes, llegando a una tierra llamada los Bordes: hay que entender cómo describe las delicias: “Comemos cuatros veces al día, dormimos veinte horas y no hay más cama que la construida por el Sueño con sus propias manos”. Y entonces entra en detalles sobre las ventajas del lugar, sobre ciertas aprobaciones de la vestimenta descritas con amplitud y entusiasmo a su cuñada, con una suerte de brío lírico que me abstendré de citar; nos hemos convertido en personas muy refinadas para eso. Aquellos que, juzgando con una lectura ligera, creen que Chaulieu es un pequeño monje poeta, almizclado y mitológico, se equivocaron: se trata de una naturaleza brillante y rica, un genio fácil y descuidado, tal como nos lo ha mostrado Voltaire en Le Temple du Goût. El mismo Voltaire nos lo enseña, en otro lugar, un poco glorioso de naturaleza:

 

No sospecho de esta vanidad

Porque es nuestro amigo Chaulieu hablando de sí mismo.

Tiene el corazón elevado, como le había dicho Le Fare, y sobre su talento:

El don de imaginar con facilidad.

 

Encontramos ahí el trato distintivo como poeta de sociedad y sucesor de Voltaire. Esa efervescencia de la imaginación que lo toma en medio de compañías y festines lo abandonó algunas veces; tuvo sus altos y sus bajos, como todos los genios. Tenía con frecuencia mucho humor y era desigualmente amable; pero cuando lo era, lo hacía con plena amplitud. Él se gobernaba, decía, y por eso era considerado un maestro y un árbitro. Pensaba como Hamilton que, “si la razón conserva su imperio, todo está permitido; es la manera de usar los espíritus para la voluptuosidad o el libertinaje; la voluptuosidad es el arte de usar los placeres con delicadeza y probarlos con sentimiento”. “Estoy hecho de sentimientos y de voluptuosidad”, dice también. De estas máximas se supone bien la ociosidad, el refinamiento, y todo el arte que nuestros años de lucha y de trabajo apenas podrían comprender. En una epístola a su amigo La Fare, donde se pinta al natural con sus cualidades y defectos, Chaulieu se enseña positivo desde un punto esencial:

Ahogado en los placeres, pero capaz de los asuntos.

 

[Fragmento]

*Causeries de lundi, París, Garnier frères, 1857 (3e éd.), tome premier. Versión de Kevin Marín Pimienta (@_sobreeldolmen_).