Resistance también es un canto a la esperanza, al dolor y a la vida, un gesto profundo de total conmiseración con el otro, una sonrisa profunda desde el dolor y el vacío, que permite llenarse con esa “fuerza musical que es el silencio” en palabras de Marceau. 

 

Por / Miguel ángel Rubio Ospina

La máxima aspiración de la poesía debería ser el silencio. Sobre este principio gira la magnífica película Resistance del año 2020, que relata los tiempos de Marcel Marceau (1923-2007) en la resistencia judía contra la invasión alemana a Francia.

Todo un reto actoral para Jesse Eisenberg  (The social network, 2010) representar a quien hasta ahora es reconocido como el mejor mimo de todos los tiempos, pues la precisión de los movimientos del actor francés es producto de una disciplina adquirida por años de entrenamiento y estudio en la Academía de Arte Dramático de Charles Dullin en la que se inscribió el joven actor después de su experiencia en la segunda guerra, lo que supone todo un desafío profesional para lograr siquiera una interpretación aproximada.

Del paso por su formación con grandes maestros del arte de la pantomima, como Jean Louis Barrault, nace el que será el personaje más elocuente y famoso de este género, Bip, creado por Marceau en 1947, cuya característica chistera en la que llevaba siempre una flor roja, manifestaba “la fragilidad de la vida”, según palabras de su creador. Un personaje eminentemente poético, inspirado en Charles Chaplin, en quien se basó el mimo francés para crearlo  y que marcó toda una generación de actores y estudiosos de la pantomima.

Fue una suerte de Charlot contemporáneo que en vez de desplegarse en las pantallas del celuloide, relató con sus gestos, su cuerpo y  en el silencio, todas sus peripecias y tragedias en los más grandes teatros del mundo.

La gente que volvía de los campos de concentración no podía hablar, ni siquiera sabía cómo contar lo vivido. Yo me apellido Mangel y tengo origen Judío, tal vez por eso haya influido inconscientemente en mi elección del silencio

Marcel Marceau

Un uso novedoso de las cámaras, tomas de impresionante luz y envergadura, un sonido exquisito.

Resistance, dirigida por el venezolano Jonathan Jakubowicz (Manos de piedra, 2016) es, entonces, una semblanza de la juventud del artista francés antes de su fama como mimo. Relata un periodo histórico, que va desde 1938 hasta 1945, año en que finaliza la segunda guerra mundial; en este filme se cuenta un poco  la historia de los inicios de Marceau como actor en prostíbulos y sitios de mala muerte en Francia, así como el modo en el que llegó a involucrarse en la resistencia judía, la compleja relación con su padre, que después se resolverá desde el arte y el aporte que como activista antinazi realizó Marceau por sus correligionarios  judíos y su país, entre otras curiosidades.

Con un final digno de un homenaje al maestro del silencio, el filme que pasa de la calma a la tensión, de la tensión al paroxismo y del paroxismo de nuevo a la calma, nos lleva por un fresco histórico maravilloso.

Un uso novedoso de las cámaras, tomas de impresionante luz y envergadura, un sonido exquisito, música de Mozart, escenarios de lujo, actuaciones impecables y una dirección magistral, demuestran una vez más la vitalidad del cine independiente que le apuesta a contar vidas de seres tan preciosos para el arte y la cultura.

Resistance también es un canto a la esperanza, al dolor y a la vida, un gesto profundo de total conmiseración con el otro, una sonrisa profunda desde el dolor y el vacío, que permite llenarse con esa “fuerza musical que es el silencio”, en palabras de Marceau.

Después de apreciarla, el espectador puede esbozar una sonrisa ante una creación como hace mucho tiempo no veíamos en el cine, o una lágrima por lo terrible de algunas escenas, pero eso sí, de seguro, la película le robará a quien la ve un profundo y necesario silencio, cercano, muy cercano a la poesía.

@rubio_miguel