1. Cosmogonías y mitos

En el principio no existían ni los dioses ni las diosas, sólo la tierra, una Gran Madre de todo lo existente y dadora de vida, de cuyo seno todo nace y todo retorna en un ciclo sin principio ni fin.
Los hijos de esa Gran Madre eran sólo sus hijos, todos iguales ante ella pero diferentes entre ellos, dueños de sí mismos y de sus cuerpos. Cuerpos animados por “el espíritu”, el hálito de La Madre, ese hálito que ella comparte y con el cual anima, por igual, la vida de todos sus hijos y de todo lo existente en la Naturaleza.
Y los hombres, las mujeres, los niños, los animales, las plantas, el agua, el aire, el fuego, la tierra y todas las cosas, vivían en comunidades matriciales y solidarias en las que todos, por igual, compartían el poder y las responsabilidades por el bienestar de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
Pero, un día, La Madre Tierra se secó y el hambre y las necesidades y el dolor y el sufrimiento desesperaron a los hombres y a las mujeres y ellos se revelaron contra La Madre Tierra e inventaron a los dioses2 para que sometieran su poder y la obligaran a satisfacer su hambre y sus necesidades y a mitigar su dolor y sus sufrimientos.
En aquel tiempo el hombre se miró y se vio tan fuerte y poderoso frente a la débil y sumisa mujer, por lo que decidió que él no podía ser hijo de esa Gran Madre Tierra que se negaba a satisfacer sus necesidades y que era el momento de invocar al Gran Padre para que ordenara de nuevo al mundo.
A aquellos dioses se les asignó el poder de crear y de dominar todo lo creado por la mediación de un poder patricial jerarquizado y vertical de arriba hacia abajo, desde el más poderoso de los dioses hasta la más débil de todas las criaturas: dioses, hombres, mujeres, niños, animales, plantas, agua, aire, fuego, tierra.
Y los hombres inventaron las cosmogonías y los mitos y las ideologías con los cuales conservar y trasmitir la memoria de aquellos tiempos y de los sucesos que los siguieron y, según la cual, aquellos dioses se crearon y crearon todo de la nada y a cada dios, hombre, mujer, niño, animal, planta y cosa sobre la tierra, le asignaron una alma particular que los animara según su poder y la importancia de su función. Y a los hombres les asignaron un alma sobrenatural y la potestad de dominar y administrar al mundo según una discriminación sobre la que fundarán las jerarquías del existir y de la que ellos se designaron a sí mismos como a la excepción natural o la excrecencia divina o sobrenatural.
… y desde entonces, ya nada ni nadie, ni la Madre Tierra ni la vida ni el mundo, fueron ni iguales ni sagrados. Desde la usurpación de los dioses, lo sagrado se convirtió en impostura. A la hierofanía original de la vida se la convirtió en historia3.
2. El motivo de las desigualdades
Fue así como se introdujo en la cultura la mutación: de lo matricial a lo patricial:
Matricial: nacer desde un mundo natural, a un mundo natural y regresar a un mundo natural para reiniciar el ciclo de la vida. Semilla animada por la vida (bios) de la madre y la simiente (bios) del padre.
Patricial: Nacer desde un mundo sobrenatural, a un mundo natural, al cuerpo, para luchar por el derecho de regresar al mundo sobrenatural por toda la eternidad. Semilla o alma generada por el dios, la semilla a la que se le infunde la simiente divina (bios, zoe y logos).
Se necesita un motivo único, primitivo, simple, fuerte, poderoso, profundo, etc., capaz de escindir en la conciencia la unidad cuerpo-mente y de esa manera disociar, enajenar y alienar, la conciencia y la visión de unidad, individual y colectiva, que los Homo-Humanos tienen de sí mismos, del mundo, de su Ser y Estar, de su consciente.
Un motivo que, a su vez, es una aporía 4, porque su solución tiene que ser afirmativa tanto si se niega como si se afirma el postulado: todo lo creado ha sido creado por un creador increado. Sobre ese motivo se construyó la cultura de la humanidad, hasta ahora.
Ese motivo es sencillo y común para todo y en particular para la definición de sexo y género, porque así opera en la construcción cultural del género en todo sentido: biológico, filosófico, metafísico, ontológico, teológico, científico, antropológico, sociológico, psicológico, etc.
A partir de ese motivo se establece la disociación por géneros y no por la división biológica de sexo, para así fundamentar las demás operaciones dualistas de las diversas construcciones culturales.
He ahí la consecuencia de la división en alma y materia, la dualidad. La trampa del mito de Decartes 5: o bien como la excrecencia divina o sobrenatural: cuerpo-alma, o bien como la excepción humana 6: cuerpo-mente, sujeto-objeto, etc.
Ahí es donde se producen la esquizofrenia individual y colectiva (Del gr. σχίζειν, escindir, y φρήν, inteligencia), al igual que la paranoia (Del gr. παράνοια; de παρά, al lado, contra, y νόος, espíritu).
Si al cuerpo y a la mente se les impide desarrollarse adecuadamente en la unidad de la conciencia: la percepción, la sensación y la formación de las imágenes mentales del espacio y el tiempo en la que han nacido y se les obliga a definirse e identificarse como conceptos, antes que como sensaciones y sentimientos, se rompe la continuidad del proceso de la conversión mental que se inicia con las percepciones, las sensaciones y los sentimientos, para de ellos formar los conceptos, se provoca la escisión de cuerpo y mente:
“Por ello, cuando la cultura sustituye la sensación y los sentimientos, como principios del sentido, del significado, para imponer el concepto, destruye el vínculo con la naturaleza y, lo que era real, deja de serlo para convertirse en idea, en representación, en abstracción, y el mundo deja de ser mundo sensorial y sensual, y es sustituido por el mundo artificial de la representación, de lo sensible, de lo abstracto, sin las originales conexiones y correspondencias con los estímulos y las sensaciones y, por lo tanto, sin conexiones ni correspondencias con la naturaleza del cuerpo, un Homo-Humano escindido, disociado y aterrorizado, es decir, esquizofrénico, porque se le ha escindido naturaleza de inteligencia y se le ha puesto contra un abismo insalvable y aterrador, se le ha convertido en paranoico. Así se forjan los guerreros y los esclavos (esquizofrenia y paranoia en sus etimologías griegas originales).Ese es el Homo-Humano, habitante de un mundo abstracto, sin conexiones ni correspondencias con el mundo natural, concreto, sensual, es como los monos de Hoffmann y Kafka” 7.
Ese es el campo de batalla en el que se desgarran y destruyen mutuamente el cuerpo, la materia corrupta (soma) y el aliento vital, la vida (bios) y la existencia (zoe). Una herida ardiente que supura ira e intenso dolor. El hombre es su propio enemigo: guerrero o esclavo.
3. Guerreros y esclavos
Para escindir el cuerpo de la mente y forjar guerreros y esclavos, la cultura ha desarrollado los motivos y mecanismos por medio de los cuales se obliga al desarrollo intensivo de las áreas primitivas del cerebro, aquellas donde están localizados y operan los instintos básicos de supervivencia y reproducción, logrando así que se privilegie el desarrollo de los comportamientos predadores o subordinados. Predadores, son aquellos comportamientos por los cuales el individuo ejerce el poder por medio de la fuerza y la violencia para cumplir los imperativos evolutivos. Subordinados, son los individuo que se someten al poder, la fuerza y la violencia, para lograr su supervivencia y reproducción. Es así como el individuo predador, macho o hembra, somete y domina a los individuos más débiles, sin importar si se trata de machos, hembras, niños, todos aquellos que manifiestan debilidad. Esto se sucede tanto entre los Homo-Humanos como entre las demás especies animales, pues es un mecanismo evolutivo.
En los Homo-Humanos esos motivos y mecanismos biológicos son desarrollados y condicionados por la cultura a partir del desarrollo mismo del individuo desde que nace. Por medio de ellos se privilegia el desarrollo de las áreas y mecanismos primitivos de la evolución cerebral por sobre aquellos localizados en aquellas áreas y mecanismos cerebrales evolucionados más recientemente y localizados en la corteza cerebral. Es así como los instintos se imponen y dominan por sobre los mecanismos cerebrales localizados en la corteza, como lo son los deseos, las emociones, los sentimientos, la imaginación, el pensamiento.
Sobre la base de esos mecanismos evolutivos, genéticos y culturales, se desarrollan y se pueden explicar las manifestaciones de la infinita variedad de los comportamientos y de las expresiones de la conducta de mujeres y hombres consigo mismos y con los otros, desde lo saludable hasta lo patológico. Tales son los casos de la homofobia, la misoginia, la xenofobia, para mencionar sólo tres que afectan tanto a los individuos mismos como a las relaciones de mujeres y hombres. Sobre ello es mucho lo que están descubriendo las neurociencias.
El primer mecanismo biológico y el más primitivo de ellos, es el del miedo. Cada individuo tiene que competir para obtener la satisfacción de sus necesidades primordiales, fisiológicas y emocionales y así cumplir los imperativos evolutivos de supervivencia y reproducción.
Todo individuo recién nacido está en dependencia absoluta de su madre o padres y, para que estos satisfagan sus necesidades fundamentales, es obligado a manifestar comportamientos de fortaleza y sumisión, los cuales se convertirán en el fundamento de su conducta por el resto de su vida. El individuo se sentirá, es decir, será y estará en su sí mismo y en el mundo, tal y como se sintió cuando sus necesidades fundamentales fueron o no satisfechas adecuadamente al momento de su crianza. Sentirá la tranquilidad del bienestar o el dolor del miedo.
Los otros y el mundo se perciben según el color con el que se los siente: con alegría y tranquilidad o con ira e intenso dolor.
Es a partir de todo esto que la cultura establece y refina los procesos y medios a través de los cuales cada individuo se convierte en guerrero o en esclavo, en un Homo-Humano saludable o patológico y, por supuesto, en la infinidad de variaciones entre lo uno y lo otro.
En el cerebro quedan marcados los circuitos neuronales genéticos, epigenéticos y culturales, pero, gracias a la plasticidad del cerebro y las neuronas, el resultado de ese proceso puede ser trasformado, restaurado y reconfigurado.
4. El orden de las cosas
Sobre esa base se construyó el código de la dualidad que rige y jerarquiza la cultura hasta ahora: cuerpo-alma, fuerte-débil, superior-inferior, arriba-abajo, macho-hembra, hombre-mujer, maculino-femenino, etc.
En el orden natural de las cosas, el cuerpo y la mente están ordenados sobre la base de un código 8: las reacciones de atracción y rechazo y su memorización, fundamento del mecanismo de la homeostasis que regula todo organismo por medio de las reacciones que dan origen a otro código más complejo: sentir placer y dolor, reconocerlos y memorizarlos, lo que, a su vez, es el punto de partida de todos los códigos, cada vez más complejos, por los que se ordenarán y manifestarán todas las acciones, actividades y comportamientos de los organismos, desde la reacción metabólica, pasando por los instintos, apetitos, deseos, emociones, sentimientos, pensamientos, hasta el más elusivo anhelo, los cuales son la base de la conciencia y de las expresiones humanas: sentir, recordar, imaginar, pensar, anhelar, a partir de las cuales se ordenan y expresan las extensiones que de sí mismo hace el Homo-Humano: su sí mismo y la cultura: el consciente.
5. Conciencia y consciencia
Una cosa es sentir que se siente, conciencia y otra, ser consciente de sentir y expresarlo. Sensaciones y sentimientos, he ahí “el hilo” de los circuitos neuronales que desde la percepción de un estímulo procesan la reacción de las sensaciones que elaboran el sentimiento y las imágenes mentales que finalmente, ya codificadas, producirán y expresarán la imaginación y el pensamiento.
Es por ello que, antes de conocer y saber qué soy y qué estoy en el espacio y en el tiempo, es necesario y primero, sentir, es decir, que mi cerebro elabore las sensaciones y sentimientos de ser y estar en el espacio y en el tiempo, sólo de esa manera tendré conciencia y mi consciente podrá elaborar e interpretar las imágenes adecuadas con las que se inventan las medidas de todo lo posible.
Es en ese punto crítico, entre conciencia y consciente, en el que se incrusta el motivo de la dualidad.
6. Desmontando el motivo
En la medida en que la conciencia y la visión del mundo de mujeres y hombres se rija por ese motivo dualista, creacionismo, que las escinde, es imposible cualquier análisis y, en consecuencia, será imposible desmontar su operación en la cultura.
El asunto no es sólo purgar los lenguajes de aquellas discriminaciones y desigualdades entre hombres y mujeres o lo masculino y lo femenino, etc., sino purgar la cultura de ese motivo dualista que divide la Naturaleza entre lo natural y lo sobrenatural. Sólo es posible un único motivo: la Naturaleza es lo que es y todo lo demás que se diga de ella son sólo conceptos codificados sobre la base de lo que ella es y lo que se siente al Ser y Estar en ella y los cuales son interpretados con los códigos que se han inventado para expresarlos. Son esos códigos los que escinden y dividen todas las cosas de la Naturaleza para su organización, memorización, comprensión, conocimiento y manipulación.
La vida es otra expresión de la Naturaleza, de la materia, una más de la infinidad de sus posibles expresiones en el tiempo y en el espacio. La vida y la existencia de cada Homo-Humano es única y exclusiva en su tiempo y su espacio, “aquí y ahora” y de principio a fin, pero, para la cultura que él inventa, cada vida y cada existencia tiene los mismos derechos y deberes.
Y eso debe ser lo sagrado, el entusiasmo de vivir en la plena actividad que provoca placeres y dolores, pero que también provoca el jubilo de la ausencia de dolor o placer, esa vida de la que emerge ese anhelo de futuro que es el espíritu: el entusiasmo de extender las manos hacia el universo.



