Imagen tomada de http://www.flickr.com/photos/visit_spain/3519090524/

Confidencia

Por: Luis Carlos Ramírez Lascarro

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ANUNCIO

Vengo de parte de la Muerte para avisaros…

Jaime Jaramillo Escobar

Venimos,

de más allá de más acá,

del otro lado del miedo,

bajo los sobacos de la muerte,

junto a la capital de la nada, jurisdicción del olvido,

provincia desunida del destierro.

 

Somos

labriegos de esperanzas infructuosas,

mineros del espanto y otras calamidades,

limosneros taciturnos,

indeseables, desechables,

cifras apenas, estadísticas estatales,

mendigos de otro tiempo perdido…

Arrebatados a balazos,

daños colaterales,

exiliados en nuestra propia tierra:

¡Desplazados… por la violencia!

 

CONFIDENCIA

Ocasión de voraces aves negras

Fernando Charry Lara

Era un árbol fuerte,
grande, frondoso, saludable.

Unas manos ajenas troncharon mi ramaje,
mis raíces profundas limitaron…
Mi corteza fue herida,
mi corazón ultrajado,
mi savia esparcida, regada
al viento falaz,
mis frutos extirpados,
mis flores agostadas…

Soy un fantasma de mi mismo,
una caricatura de antaño.

Soy, un desarraigado.

 

 

LA MORGUE

En la vida pasan cosas que parecen y no son,

lo verdadero es la muerte y, el testigo, el cajón.

Lorenzo Morales, Moralito

Ya sin miradas bajos los parpados,

sin el encanto de su ser en su no-ser,

sin pensamientos…

Con la sangre pútrida entre las venas,

con el duro y frío concreto necrósico ultrajando sus espaldas:

Invadidos del olor democrático, pagano y vulgar

de todos los hombres cuando dejan de serlo:

El olor inconfundible e inmarcesible

del accionar bacteriano do algún día hubo vida:

El olor de la muerte.

 

Casi no llegan las voces de las gentes

hasta acá, casi no más que perfumes de flores,

unas ya marchitas. Perfumes baratos y otros prestados,

Murmullos de horas –volátiles –

… El saldo de vida y tristeza

que aún se nos adeuda.

Y, como si quisieran besarme, hablarme,

susurrarme un trágico secreto cósmico, sus labios

entre-abiertos y violáceos

–cual si el primíparo beso de la muerte les hubiese maltratado–.

 

Ya no hay tiempo pa’ lágrimas,

ya no hay espacio pa’ quejas,

ya empezó el fin…

 

Aquí nadie pierde por decisión,

nadie gana –si es que alguien lo hace–

I n f a l i b l e m e n t e.

Aquí todo es NOCAUT.

 

Aquí  se inaugura

la sabaticidad perenne

de la muerte. 

 

 

INVOCACIÓN

Escucha atento, hermano,

el cuero templado de mi tambor:

Llanto, plegaria,

herida, canto,

sonrisa, fuerza.

Alabanza.

Escucha, hermano, escucha,

la desnudez rítmica de mis manos de agua,

la medida latente de la vida,

el ritmo exacto del corazón.

 

Soy…

Sangre negra,

piel indígena,

osamenta española.

 

Aquí te invoco, Padre,

Esta noche caribeña:

¡Despierta, despierta!

Une a la mía, el sonido rugiente de tu voz.

 

Reconóceme padre:

Soy el pequeño que mecías

a la sombra del mango de fronda perfumada,

en cuyas ramas dormitan y danzan

los espíritus guardianes de nuestros ancestros.

 

Dame, Padre, tu voz creadora de toda palabra:

Palabra reserva de todas nuestras historias:

Exilios, naufragios,

ultrajes, orfandades,

victorias, reivindicaciones.

 

Acompaña mi voz tambor fuego sin leña,

¡derrama la gracia que avive mi canto!

 

Galopan los vientos, caminos de los difuntos:

Azotan la ardiente llanura, la ciénaga plácida, la negra mar,

fandango y cumbiamba avivan, consolando nuestra soledad.

 

Hazte maraca, Padre, hazte guache y suena pa mí,

hazte gaita, millo y tambora y suena pa mí, no más pa mí.

bullerengue, cumbia y porro toca, toca pa mí, pa mí, pa mí…

 

Viste de sol y sal a tu hijo,

cálzame tus viejas abarcas,

dame a beber de tu ron.

 

Seca el llanto de nuestras viudas,

enjuga y desinfecta nuestras heridas,

aplaca el dolor de los huérfanos,

recibe en tus entrañas a nuestros difuntos,

alivia toda penuria del cuerpo y del alma.

 

Lléname con el cauce de tus venas,

fúndeme en la arena de tus manos,

¡danos consuelo entre tanto dolor!

 

PERSISTENCIA

 

Nuestros muertos siguen vivos,
en la memoria,
mejor conservados que en alcohol absoluto,
alcanfor, celuloide u óleo.
Siguen vivos en los poros de la vida,
en su larga búsqueda, en su espera.
Siguen ahí, en los sentidos y el sentimiento.

 

Nuestros muertos siguen vivos,
a pesar de la esclavitud transnacional,

de que su historia sea contada al revés:

¡A pesar de la saña de la muerte!
Con la flor de la esperanza
bajo su caudal tormentoso,
terrorífico, mezquino y putrefacto.

Nuestros muertos siguen vivos,
en el cultivo de los campos
abonados con la cal de sus huesos,
y los minerales de su savia bruta,
en la lucha del conocimiento y la ignorancia
para que nos lean, quienes no han podido
hacerlo y cesen, en su viaje,
los ríos de sangre y lágrimas.

Nuestros muertos siguen vivos,
a pesar de la saña de la muerte,
los bombardeos, la politiquería,
a pesar del egoísmo, la envidia,
el orgullo mísero y recalcitrante
y el veneno que dan a los días.

 

VOLVER

…febril la mirada errante en las sombras

te busca y te nombra…

Carlos Gardel

Yo soy el que te busca bajo las marcas ineludibles del tiempo,

tras la huella indeleble de sangre,

sobre la sombra que imita tu rostro,

ante la brasa que aviva esta llaga que arde.

 

¿En qué recoveco del alma,

en qué borbollón de sangre, tú y yo, nos encontramos?

¿En qué marejada de penurias,

en qué dolor y qué lamento nos hermanamos?

 

Vuelvo a tu casa y tu tumba,

a tu alma inabarcable, cálida e indomable,

al rumor alegre de tu voz luminosa y pura,

al galopar de tu risa alimentando nuestras noches.

 

Soy yo el que te canta y te encuentra

bajo los sobacos agrios y oscuros de la muerte,

para proclamar que nos vuelve a rondar la saña,

para decir que la mierda, aún escondida, hiede.

 

Maldita la hora en que vieron el fogonazo,
sin tiempo alguno de escuchar el bramido.

No desea morirse la patria
– a pesar de su lenta agonía –
la leche materna de las madres
pisoteada en su seno,
niños calcinados, negrecidos,
mutilados por la explosión:
Todas las lágrimas reunidas en sus ojos,
y la sangre
mezclada con estiércol,
pus y hambre.

La patria muere con sus hijos,
obreros de espaldas brillantes al sol,
barqueros de sus anchos ríos,
mineros de esmeralda, sal,
oro, plata y carbón.
Campesinos valerosos.
Campesinos parranderos.
Fantasmas sin nombres
y sonrisas demolidas por la pólvora,
la sangre les puebla los sueños
y los párpados no cierran, clavados,
con alfileres de dolor.

La patria muere con sus hijos,
las tripas entierradas, nauseabundas,
regadas, por el campo y la ciudad.
La sonrisa cuarteada por el luto,
ahora, una mueca horrible, de pavor.
El cantar de la raza aborigen calla:
Velas, sombreros, pañuelos,
un grito lejano, terrígeno,
claman vida en mitad de la guerra,
llaman vientos de libertad.

La patria muere con sus hijos,
gimen las parturientas,
trayendo más niños, a la muerte violenta:
¡Bendito el seno que no ha amamantado!
Corredores vacíos,
y leguas y hambres y soledades:
Soledades de muerte a la intemperie,
leguas y leguas de camino,
alejados del campo, del rancho,
del terruño, marchando
a la incierta ciudad.

¡Ay! el ocaso de la vida colombiana,
bajo el coro del fusil
y el soliloquio de las granadas,
bombas y morteros.
¡Ay! el ocaso colombiano de la vida,
en las barriadas, las calles arenosas,
en los cristales citadinos,
en la incertidumbre perenne
y el desasosiego.

La patria muere con sus hijos,
se desangran sus venas abiertas,
venas heridas de Colombia,
venas abiertas de mi tierra.