Carlos Héctor Trejos, Riosucio, Caldas. 1969-1999. Primer Premio de Poesía II Juegos Florales de Manizales 1994, I Premio Nacional de Poesía Joven Universidad de Antioquia 1995. Libros publicados “Manos ineptas”, “Ashaverus” y “Poemas de amor y desamor”. En 2006 la Corporación Encuentro de la Palabra publicó el libro Obra Inédita, en el cual se reunían en 173 páginas muchos de los poemas que Carlos Héctor Trejos no alcanzó a publicar en vida. Fue uno de los poetas más valiosos de su generación, también escribió ensayos, que se han quedado inéditos, entre ellos podríamos mencionar: “Aproximaciones a una teoría de la poesía” y “ La evasión en Hölderlin”.

 

 

La ciudad homicida

Esta ciudad me matará de todos modos.
Llevo sus calles como una infección
Que entró por mis pasos lentamente
Y ahora impiden darme a la fuga.
Conozco las fronteras donde tal vez
Me esperen mejores vientos, pero,
Es imposible zafarme de las miradas
De la gente, que esperan mi suicidio
De un momento a otro,
Y no quiero que sean
El nudo corredizo de mi soga,
No se lo merecen.
Me he dado desde hace tiempo a olvidar,
Olvidar las casas, los rostros de mis vecinos,
Ese maldito cielo siempre encima de mi cabeza
Y los barrotes estáticos de los montes
Que me encierran como a un raro animal.
Pero, nada cambia ahí adelante.
Siguen atormentándome con su presencia.
Yo también agrego mi cuota de tormento
Al verme en el espejo
Cuánto quisiera ver otro en él y no a mí,
Otro que se pasee en mi lugar
Por esta ciudad que me va matando
En cada esquina.

 

 

Sentencia

Amantes de la luz
Mirad sin descanso al sol,
Y si en vuestra profesión existe ética
No cerréis los ojos,
No busquéis a la sombra.
Tarde y vana será la búsqueda.
Ella, ya no os prestará su alivio.

 

Herencia de otros

De quién habré heredado,
Tanto dolor, tanta miseria
Si hubiese pedido mi parte
Bien la recibiría; mas a nadie
Le he reclamado ni una moneda; porque,
Tampoco a nadie le sugerí la vida.
Es pues que tanta bondad para conmigo
La pueden retirar y dejarme solo,
Contemplando la noche,
Que no sé que me recuerda.
Y a qué me llama,
Que no sé qué lleva de mí en su gabán;
Si mi antigua apariencia
O mi falta de no-ser.
Lo que sí sé, es que todavía hay tiempo
Para que alguien me diga dónde firmo
Y renunciar de una vez por todas
A lo que me fue estipulado
En este anónimo testamento.
Porque quizá conmigo…
Se equivocaron de heredero.

 

 

 

 

Nueva profecía

Sólo los malditos sobrevivirán,
Porque ellos son, al mismo tiempo,
El incendio y la mano que tira el fósforo.
De nada servirá otro diluvio.
Todo será quemado.
No habrá quién escuche súplicas
Sólo los blasfemos serán salvados.
Quienes porten aureolas serán perseguidos
Y no tendrán paz en ninguna parte.
Su cielo, su Paraíso, se les habrá transformado
En un montón de cenizas,
En un bosque de humo.
De nada les servirá vomitar
Sus consabidos responsos, sus oraciones.
La verdad estaba al revés
Y fueron ellos los que se equivocaron.
La consigna será: “Muerte a los bienaventurados”.
Yo, siempre fui señalado por ellos
Como un condenado; bailaré en medio del fuego
Al verlos caer de sus tronos
Y estas palabras que pronuncio
Arderán más que antes.

 

Respuesta

Lo cínico que sé del amor,
Es que alguien se tiende en la noche
A repasar una a una las estrellas
Hasta aprender de memoria
Que no está solo.
 
 

La oveja negra

Madre:
Tu hijo quiso ser
Lo más humano posible,
Para que no pensaras
Que se te había descarriado.
Todo lo intentó. Siempre creyó
Que no merecías recibir de pago un soñador.
Pero mira, pudieron más sus visiones,
No concretó la verdad.
Para él su piel aunque diferente,
Le pareció normal.
Perdónalo, tal vez no quiso vivir
Y tú le decías una y otra vez
Que recapacitara.
Que no perdiera la vida en tonterías.
Él te desobedecía siempre
Apostándolo todo a los sueños.