Escritora y periodista colombiana fallecida esta semana. Residió en Caracas (Venezuela) durante muchos años. Publicó los poemarios Bajo la estrella (1954), Poemas de los hijos (1960), Cantos de agua y viento (1996, ganador del Premio de Poesía Jorge Isaacs 1995, otorgado por la Gobernación del Valle del Cauca), Carta a Manuel (1996), Poemas del exilio (1999) y En Colombia y ahora (2003). Perteneció al Círculo de Escritores de Venezuela. La Cámara de Comercio de Popayán le concedió en 2006 el título de Personaje Cultural del Año.
Asunto de ojos bajos
La cosa es
asunto de ojos bajos
borrón y cuenta nueva
aunque todos sepamos
dónde molesta el hueso.
Es cuestión de memoria
¿pero entonces por qué
la letra a media tinta?
Mujeres machacadas entre piernas convulsas
¡Silencio!
Niños de tripas flacas y de flacos calzones
despojados del suelo
de la madre
de la camisa
del cenit
¡Silencio!
siempre los maitines de azufre
la orquesta aderezada para el baile.
Como una boca llena de palabras no dichas
o un pozo que no altera
ni siquiera
este discurso a medias
¡Silencio!
V
Soledad
Clarea sobre el monte
una luz de tomillo
es polvo y algodón
la piel sedienta.
Porque bajo el silencio
mi soledad vigila
ya soltó sus amarras
gira
en círculos de seda
es la mía
la terrible y sonora
la mía
mi soledad de largos corredores
y frente de ceniza.
Hora de cantar
Es hora de cantar
ya hemos llorado
tanto que un largo río
espejea a lo lejos.
Es el tiempo
de cantar a tu cielo de turpiales
a tus pies caminantes
a tu empeño
sembrador
a tu diálogo
sostenido en cuclillas
con las hormigas y las mariposas.
Voy a traer la caja de Pandora
y a abrirla nuevamente
para que salga a recorrer el mundo
tu esperanza de botas incansables.

Llueve
La tarde se deshace
en hilos dulces
nacen tambores como cocos de agua
y mueren convertidos
en una flor de humo.
Llueve gris
como en ciernes
llueve
como en un tango machacado
en los alambres llenos de pájaros antiguos
en los vociferantes muñecos de la infancia.
Son árboles sin sombra
en el oído
como si fueran viejos amigos encantados
que vuelven del destino.
Poemas de amor
I
Caracas, te saludo
a pesar de tus manos al revés
no te has hundido aun
ni eres ese acerico cruzado de alfileres.
Muchacha de clavel
marimba loca
un hilo de agua limpia
guía los titubeos del sonámbulo.
Bella como una joven desnuda entre las aguas
hecha toda de acero
de humanidad intacta
brindemos por tu traje del domingo
por tus pies insumisos
por lo que asoma
esquivando cabezas destroncadas
por lo difícil de escanciar el tiempo
en un envase roto.
II
Quizá no vuelva
ese color donde no logro asirme
todo es “tal vez”
“quién sabe”
“si acaso”
“de repente”.
Tal vez
no regrese la luna
los libros de las ventas callejeras
llenan la tarde de alas y graznidos
un cafetín resiste
una canción oída muchas veces
escala las paredes.
Quizá
tal vez
si acaso
el mundo es una caja ciega
¿caminamos o no?
baila la cuerda floja.
III
Nado y te alejas
corro y te encaramas
llamo y solo responde
el glu glu del invierno
y aquí me tienes
escuchando tus cuitas
saltándome tus baches
adelante y atrás
cofia de harina
para atrás y adelante
pase usted, comandante
sabor de vino rancio
globo roto.
En el aire tu pátina de menta
los niños
las mujeres
los hombres verdaderos
la cara de la luna que pretenden
espolvorear con cal
ellos mismos se inventan
se reciclan
se deshacen de espaldas al tsunami
no es para mí este verde
no quiero este café
se te cayeron todas las escamas
oscureció de pie.
IV
Hay que llamar las cosas por su nombre
harta estoy de palabras con gorguera
todos a media voz. Los poderosos
es decir, los que tejen y destejen
son alacranes con ponzoña de oro
mientras los invisibles
se juegan la ceniza
en el macabro lance de la muerte.
Pasa la caravana
enana de alma y grande de impudicia
¿habrá tiempo
de rescatar el tiempo?
V
Hay ciudades amables
que nos pertenecieron
alguna vez
sillas al sol de un día irrepetible
carpas para dormir con el amor.
Hay noches desatadas
bajo el látigo rojo del espanto
horas
azules y profundas
como para abrevarlas lentamente
momentos ensartados
en un hilo tan fino
que se rompe al mirarlo
ráfagas que guardamos
con llave y cerradura
minutos de papel
rodando por las calles del olvido
hay ciudades
jardines
trombas iluminadas
pájaros que murieron
pero siguen cantando.



