De la Rosa me comenta de las épocas gloriosas en que recorría los municipios del departamento de Caldas y aledaños brindando su espectáculo en escuelas, colegios, clubes y recintos varios deleitando con sus presentaciones a las personas que acudían entusiasmadas.

MARTÍN RODAS IZQPor Martín Rodas*

Hay un arte que se ha perdido en los vericuetos de la vida moderna y es el de la declamación. Recuerdo cuando de niño escuchaba frecuentemente en la radio y la televisión las ‘recitaciones’ del Indio Rómulo y de Juan Harvey Caicedo que se nutrían de textos profundamente populares como “El seminarista de los ojos tristes”, “El brindis del bohemio” o “Reír llorando”, clásicos de la época y de todas las reuniones en donde, después de unos tragos, los espontáneos saltaban al ruedo para deleitar a los contertulios con estas historias que deambulaban entre la tragedia y la comedia. En Manizales tuvimos grandes exponentes de la declamación como el melómano Gustavo Castaño Abad, quien fue maestro de generaciones que todavía sobreviven y quienes de vez en cuando nos deleitan con este oficio anacrónico. Es el caso de Armando de la Rosa, discípulo suyo, a quien considero el máximo exponente de esta variante de la oratoria y el teatro. He sido espectador de sus magníficas presentaciones en donde la voz y el cuerpo vibran en torno a las frases dichas con eso que también se ha perdido: la entonación adecuada, enfática y la vehemencia que convierten a las palabras en personajes de carne y hueso. De la Rosa me comenta de las épocas gloriosas en que recorría los municipios del departamento de Caldas y aledaños brindando su espectáculo en escuelas, colegios, clubes y recintos varios deleitando con sus presentaciones a las personas que acudían entusiasmadas. Hoy, cuando ha pasado al olvido el furor por los grandes declamadores, Armando de la Rosa es un empresario de espectáculos, un Quijote que organiza programaciones artísticas asumiendo en él mismo los roles de productor, gestor, mensajero, manager, financiador, en fin… es el ‘todero’. He asistido a algunos de sus eventos con curiosidad, pues me asombra la capacidad que tiene para convocar tanto a artistas como a público en presentaciones que requerirían de un respaldo humano y financiero grande para su realización. ¡Y los hace!… y la gente acude… y son de gran calidad… algunos de ellos con presencia de talentos nuestros que él con generosidad apoya… ¡y todavía no sé cómo hace! Son varios años que lleva organizándolos, de ellos obtiene sus medios de subsistencia y esto lo convierte en un ejemplo de emprendimiento cultural y artístico. El próximo se llama: “¡Los sonidos del alma. Concierto musical, danza poética” y lo realizará el sábado 25 de abril a las ocho de la noche en “Vacuno Parrilla”, sector de La Florida (Manizales), con un abanico de artistas que incluye a la soprano Jenny Moreno, el dúo de violín y bandoneón integrado por Paula Santana y Juan Maya; la pareja de baile argentino compuesta por Valentina Villarreal y Juan David Vargas, y el grupo Antología. Quienes deseen asistir pueden hacer sus reservaciones en los teléfonos 314 7163269 y 321 3566753, para que se sorprendan cuando en medio de las presentaciones de los artistas invitados haga renacer de las cenizas su voz de gran “Declamador”, como Ave Fénix, porque como él dice, mediante este antiguo oficio mantiene vivo el milenario ritual de la Artesanía hecha palabra.

 

* Poeta, anacronista, dibujante y pintor; editor de “ojo con la gota de TiNta (una editorial pequeña e independiente)”.