Vallas electorales: sentidos ocultos tras el poder (parte II) 

María Irma Noreña, la promesa de la sagrada familia

El problema es que detrás del ideal de La Sagrada Familia se pueden ocultar contradicciones, deseos reprimidos o, incluso, traiciones. La aspiración política de María Irma Noreña se mueve entre la idealización política y las necesidades de una comunidad que se cautiva con facilidad ante cualquiera que se quiere mostrar como un santo en la tierra, el problema es que en este valle de lágrimas abundan los falsos profetas que viven en el paraíso de la política, mientras las comunidades sobreviven en un purgatorio de falsas promesas.

 

Escribe/ Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustra / Stellamaris

La propaganda política pagada tiene como fin idealizar a los hombres y mujeres que aspiran a ocupar una curul en el Congreso de la República. Diseños de sonrisas bien acabados, ropa impecable –preferiblemente blanca–, familias perfectas (heteronormativa y blanca), intenciones altruistas; en otras palabras: las vallas recrean al ciudadano ideal y comprometido. Aunque este ideal de ciudadano suele derrumbarse apenas interactúa con el mundo de la vida, detrás de grandes discursos suele haber una tradición de favores, una burocracia política que espera reclamar su parte de los recursos públicos, es decir, se suele actuar de mala fe en la política.

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Una de las campañas en la que más prolifera publicidad en la ciudad es la de Maria Irma Noreña, exgerente de la empresa Aguas y Aguas de Pereira. En una de las vallas se le ve abrazada con su esposo –el concejal Mauricio Salazar–, invocando la renovación y la protección a los “peluditos”. Esta mujer resonó en la política local hace alguno años cuando fue removida del cargo, según ella, por presiones políticas (ver); no obstante, en la época se cuestionaba el mal manejo de los recursos públicos de los pereiranos, con contratos otorgados “a dedo” o gastos que iban desde la producción de un vídeo musical por más de veinte millones de pesos –gasto excesivo e innecesario para muchos–, la implementación de un gimnasio o el patrocinio al deportivo Pereira por más de 3.000 millones (ver). ¿Cómo, una candidata como María Irma, puede renovar la política local? Una de muchas preguntas que se le podrían hacer a la candidata por el partido de la U.

Pero vayamos a las imágenes publicitarias (del pasado y las dudas que deja la candidata, se puede encargar la historia, los entes de control o el olvido ciudadano). Esta candidata parece que quiere evocar a La Sagrada Familia en sus vallas: primero un recuadro sobre el nombre María la acerca a ese ideal de mujer que es la Virgen María. Pulcra, resignada, devota, a la espera de servir a los demás, para que el inconsciente colectivo de los votantes se aferre a una mujer que no es cualquier mujer, una es la madre de Dios en la tierra; la otra –la política– la que quiere ser la madre de todos los pereiranos, la que cuida y vela por los recursos de la ciudad.

La impresión que causan sus vallas dan la idea de que quiere luchar por la familia, por eso en una de ellas se aferra a su esposo Mauricio Salzar, su propia idealización de José, aferrada a él, porque esta mujer idealizada no vale por sí misma, vale en tanto está abrazada a un hombre que legitima sus acciones o proyectos políticos, porque toda mujer ideal necesita de un hombre que la proteja. A pesar de que la mujer de carne y hueso que vive tras esa imagen puede que sea autosuficiente y autónoma, esa realidad no atrae votos, de ahí que sea necesario anclarse a esa idealización, así sea una mentira.

Ese ideal de familia por el que aboga la candidata del partido de la U termina por ser avasallador, ya que ubica en el inconsciente colectivo esa imagen de padre, madre, hijos y mascotas felices, como núcleo esencial de la sociedad. El problema radica en que la realidad termina por ser más compleja y construir muchas formas de familia: parejas homosexuales, madres cabeza de hogar, abuelas y nietos, entre tantas otras. ¿Qué pasa con esas otras formas de familia puestas delante de este ideal? Desaparecen del discurso y del interés político.

Es importante reconocer que no todas las imágenes de María Irma están ancladas a su esposo, en una de ellas –la que más abunda– está con sus manos unidas y porta un collar indígena. Allí pareciera que María –no la virgen, sino la política– quiere consagrarse como una santa de la política local que espera renovar un mundo lleno de corrupción debido a su experiencia en el sector público, el cual sabe cómo funciona y, por ende, puede purificar.

 

¿Dónde quedan los otros en esta apuesta política? Como toda idealización suele ser excluyente y binaria, los otros en la campaña política de María pasan a ser un utensilio que la acerca al paraíso de los políticos. El collar indígena es una artesanía que cuelga de su cuello, una muestra de lo preocupada que está por el sufrimiento de los otros; allí los tiene presentes, sin que la inmuten, porque el paraíso no está en los cabildos indígenas o en las barriadas populares o en las veredas, el paraíso está en el Congreso de la República. Desde allí puede contemplar este  valle de lágrimas para continuar con “la renovación” de la politiquería tradicional, mientras a los campesinos y todo aquello que no esté dentro del ideal se le da la espalda (ver).

A su vez, sorprende de esta Maria local y más terrenal, la infantilización que hace de los animales, en una de sus vallas apela al derecho de “los peluditos”, es decir, a las mascotas. Allí un perro de raza pequeña tiene unas gafas rosadas que resaltan, se hace del animal una caricatura, un objeto más dentro de la familia ideal que solo importa en tanto entretiene a los humanos. No obstante, dónde quedan los debates alrededor de los derechos de los animales –incluidas las mascotas–, ¿será que a la María de la política local le interesan las discusiones alrededor del consumo de carne o de las formas en que se tortura a otros animales para el goce del ser humano? Lo dudo, “los peluditos” parecen ser solo una forma en que este ideal de mujer toca la sensibilidad de las personas para recaudar votos.

El problema es que detrás del ideal de La Sagrada Familia se pueden ocultar contradicciones, deseos reprimidos o, incluso, traiciones. La aspiración política de María Irma Noreña, se mueve entre la idealización política y las necesidades de una comunidad que se cautiva con facilidad ante cualquiera que se quiere mostrar como un santo en la tierra, el problema es que en esta vida terrena abundan los falsos profetas que viven en el paraíso de la política, mientras las comunidades sobreviven en un purgatorio de falsas promesas.

Adenda: aprovecho para recomendar un nuevo proyecto sonoro, el podcast Las habladurías del mundo. Estos ensayos sonoros buscan analizar diferentes fenómenos sociales a la luz de la filosofía, el arte y la literatura.

ccgaleano@utp.edu.co

@Christian.1090