VALLAS ELECTORALES: SENTIDOS OCULTOS TRAS EL PODER

Gallo es una figura joven que seguramente llegará al Senado, pero sin el color y la fuerza del cambio, lo más seguro es que continúe con la tradición de senadores de Risaralda que mantienen el estatus quo y el clientelismo en las instituciones del departamento. Este es un gallo que no canta, pero que se vende bien.

 

Texto y fotografías / Christian Camilo Galeano Benjumea – Ilustración / Stella Maris

Parte I

Campañas del partido liberal: entre la imagen, la sombra y el silencio

Resulta difícil encontrarse en cualquier sitio de la ciudad sin toparse con la sonrisa de algún candidato o el logo de cualquier partido político; el paisaje de la ciudad se ha convertido en una valla publicitaria. Las calles están repletas de pendones, en las ventanas se observan los afiches de mujeres y hombres que quieren inspirar confianza o familiaridad en los votantes, todos juegan a la democracia, a convencer con la mejor propuesta o el mejor show.

Ante esta proliferación de publicidad política pagada, creo necesario realizar un pequeño ejercicio reflexivo alrededor de estos dispositivos de la política del siglo XXI. Así que analizaré en esta y otra serie de columnas los matices, símbolos y algunos candidatos a las elecciones para el Congreso que se llevarán en menos de un mes. Esta primera entrega se centra en tres candidatos del Partido Liberal.

Una de las campañas con mayor visibilidad es la del exalcalde de Pereira, Juan Pablo Gallo, destituido tres meses antes de finalizar su periodo por participación indebida en la elección para la alcaldía. Gallo es una de esas figuras que entró a “refrescar” la política tradicional con una imagen juvenil y moderna, amparado por la clase política tradicional de la ciudad (ver). La alcaldía le dejó un gran caudal electoral que espera recoger en estas elecciones.

“Somos Cambio”, es el eslogan de la campaña publicitaria, junto con una fotografía en gris del exalcalde. Quizá nada define mejor a este candidato que su retrato en escala de grises, porque su campaña se mueve en terrenos movedizos, ni blanco ni negro. El ideario que enarbola a Gallo se basa en el cambio y la renovación de la política tradicional, por unas propuestas “más juveniles y transformadoras”. Sin embargo, se abren las dudas alrededor de todo el equipo que rodea al exalcalde, ¿de qué manera piensa renovar la política si sus acciones están ligadas a maquinarias electorales de siempre? Este gallo se empieza a desteñir apenas se cuestionan sus afirmaciones.

Gallo ya fue destituido por su participación en política a través de una aplicación donde registraba la cantidad de votos que recogían los contratistas de la alcaldía, y no hace mucho se hicieron denuncias sobre presiones a funcionarios de la Gobernación del Quindío para que votaran por Juan Pablo Gallo (ver). Al igual que se suman las voces de alerta por el uso de una nueva aplicación que puede derivar en una posible captación de votos para estas elecciones (ver). Ante estas denuncias, ¿cómo garantizar que, como futuro senador, cumpla y respete la ley, cuando ya tiene investigaciones pendientes y condenas sobre su actuar como funcionario?

Uno de sus mensajes más recurrentes en redes sociales es que se debe cambiar, “votar por la renovación y transformación”, pero cómo creer en una renovación que se consolida con las prácticas tradicionales de la política. Gallo es una figura joven que seguramente llegará al Senado, pero sin el color y la fuerza del cambio, lo más seguro es que continúe con la tradición de senadores de Risaralda que mantienen el estatus quo y el clientelismo en las instituciones del departamento. Este es un gallo que no canta, pero que se vende bien.

Si se tiene en cuenta que llegar al Congreso de la República, además estar en el centro del poder político del país y gestionar recursos para las regiones, implica acceder a un espacio de disputa discursiva donde los problemas del país son debatidos, cuestionados y pensados. Este ideal de la política se ve empañado por la labor de muchos congresistas que asisten al Congreso para firmar listas (si es que asisten), cobrar y engrasar las maquinarias políticas de sus regiones a través del presupuesto de la nación. Mientras guardan silencio ante los proyectos del gobierno o los problemas sociales que tiene el país.

De ahí que resulten llamativos los representantes por el partido Liberal que aspiran a ser reelegidos: Diego Patiño Amariles y Juan Carlos Reinales. El primero, un caudillo de vieja data que desde los ochenta ha estado al interior de la política risaraldense, ocupando varios cargos de poder y ejerciendo su influencia en diferentes corporaciones (ver). El eslogan de su campaña es “un hombre de palabra”, es una pena que en sus últimos cuatro años -solo por hablar del último periodo- el representante a la cámara no se le haya oído una sola palabra, mucho menos una idea, frente a la reforma tributaria que desencadenó el paro nacional del año pasado. Ya es mucho pedir, exigir una posición a un hombre que ha tomado posesión de cargos del poder en el departamento por décadas, y  cuyas palabras no se escuchan en el Congreso, pero suenan en voz baja en donde tiene  influencia. Patiño no se muestra en la publicidad de su campaña, como tampoco se deja ver en el departamento o en el Congreso, se mueve como una sombra con mucho poder.

Bajo esa misma lógica de silencio parlamentario alrededor de temas centrales, el representante Juan Carlos Reinales, busca continuar en la Cámara de Representantes. Su publicidad es llamativa, su rostro firme y sonriente, sin un eslogan que promueva ni discurso que lo identifique. Sonríe, lleva una camisa blanca que parece transmitir confianza en el electorado, el blanco asociado al bien, a las personas que están del lado correcto de la política y la sociedad, en otras palabras, a la gente bien. De esta publicidad política resalta la ausencia de palabras, puede ser que esta ausencia sea una representación inconsciente de la falta de discursos ante problemas coyunturales que ha tenido el país. Además de esto, también falta saber qué ha pasado con la investigación que abrió la Corte Suprema de Justicia por una grabación donde se oye, supuestamente, al congresista pidiendo pagos a una EPS (ver); por lo menos se escuchó una vez al señor Reinales, así fuera en una grabación.

Lo más probable es que el partido Liberal conserve las curules e, incluso, pueda adquirir una más, esto resulta beneficioso para toda esa maquinaria política que se ha movido para asegurar votos y el poder en el departamento. Sin embargo, estos políticos liberales carecen de discurso, son solo imagen, sombra y silencio, un producto de la política tradicional risaraldense que termina por condenar a la sociedad al abandono de siempre. Estos políticos de papel solo sirven para que todo siga igual.

 

Adenda: el desastre natural sobre la avenida del Río que dejó varias víctimas mortales, y que ha obligado a desalojar los predios, además de mostrar lo obvio: la ineficiencia de las administraciones para prevenir riesgos naturales, ha terminado por dejar una huella en las dos últimas administraciones -ambas del Partido Liberal-, cada una ha visto mover la tierra y cobrar vidas (variante del Pollo, Avenida del Río), cada una ha sido incapaz de prevenir, cada una carga con sus muertos, cada una es un show que termina por arrastrar toneladas de tierra. Un show que sirve para poco.

 

ccgaleano@utp.edu.co

@christian.1090