Al siguiente día ya tendrían fundaciones y se estarían  haciendo indulgencias y pago de favores con el presupuesto indigente. Poniendo en riesgo los ecosistemas de laderas y cañadas, con  la variopinta proliferación de zarigüeyas, ranas, lagartos y víboras…

 

Por: Eliécer Santanilla

¿Se ha imaginado qué pasaría si los políticos entraran en paro?

Son muchas las premisas, máximas  y preguntas que surgen ante este profundo anatema.

Ante el cierre del Congreso, Asambleas y Concejos,  los veríamos disputándose una banca en las plazas de Bolívar, corriendo al desempleado que duerme el hambre mientras un par de monedas lastimeras y solidarias alimentan su infortunio, con un exclusivo menú de 400 pesos de tinto.

Al siguiente día ya tendrían fundaciones y se estarían  haciendo indulgencias y pago de favores con el presupuesto indigente. Poniendo en riesgo los ecosistemas de laderas y cañadas, con  la variopinta proliferación de zarigüeyas, ranas, lagartos y víboras…

Para que el paro tenga dejo de legalidad y una verdadera legitimación social tendríamos que pensar una bandera que darles, como la de reclamar salarios justos. Pero con un sueldo cercano a los 28 millones de pesos, Colombia se encuentra entre los países que más paga a sus congresistas en la región, superado con suficiencia solo por Argentina y Chile.

Sin duda, esto debería agudizar la repulsión ciudadana más que la aceptación.

Entonces hablemos de horarios justos, de horas extras y fines de semana remunerados. Otra bandera  inocua, pues lo único injusto es la brecha entre el trabajador común y la clase política nacional, la más oscura y profunda de América del Sur.  Consideremos  también que en Colombia abundan las legislaturas más cortas de América latina. Nuestra  Honorable clase parlamentaria tiene el gusto de salir a vacaciones acabando de entrar de prolongados periodos de descanso,  teniendo además permiso para hacer proselitismo en sus regiones, terminan parando al  principio, parando  al final  y parando  a mitad  de año.

Escudriñemos entonces motivos que blandir en su formación académica; amigo colombiano, usted  que es un  profesional promedio. Que tiene especialización y maestría y aun así por no hablar inglés de manera fluida le descartan la posibilidad de un empleo bien remunerado… no es el caso de nuestros legisladores….

Colombia está plagada de concejales y diputados con solo la primaria. Por otra parte, así como tenemos congresistas formados en prestigiosas universidades del mundo, también  tenemos una larga historia de congresistas cuasi analfabetas, eso sí,  tahúres de las apuestas, del juego, de la contienda  y del ilícito. Prestidigitadores, Carniceros,  Ganaderos, Cuenta chistes,  Brujos, Hechiceras y Chanceros.

Para avivar las marchas, se tendrían que contratar poetas de la talla del laureado Maluma para la construcción de nuevas arengas ante la obsolescencia de la clásica: “¡ Ahí están; esos son… los que roban la nación ! (bis)”.

Congreso entero, marcha presente, sin mermelada no hay presidente

¡Colombia! Tú sabes que eres mía, tengo  gobernación y alcaldía.

Avianca se uniría pronto al paro por el hueco fiscal que dejaría la ausencia de la cuota administrativa de la Cámara y el Senado de la República al suspender la compra de pasajes aéreos.

Los verdaderos animales volverían a ser protagonistas de las redes sociales, ante la ausencia de las vociferaciones de Paloma y los gritos de Claudia.  Toda suerte de macacos estarían donde deben estar y no en la legislación nacional.

Les aseguro que sería el único paro que en vez de producir pérdidas daría ganancias al país.

Jueces y fiscales fallarían sin presiones “políticas”, se descongestionaría el aparato judicial colombiano sopena de una crisis carcelaria.

Y si el paro se declara improcedente, ilegal en tan solo el primer mes de quietud legislativa. El ahorro se aproximaría a los 10 mil millones de pesos, en el segundo y tercer mes el ahorro sería cercano a los 30 mil millones.

Ante la negación de ir a laborar por parte de concejales y diputados, el Presidente daría autonomía a los dirigentes locales para ejecutar sus planes de gobierno.

El tiempo empleado en negociaciones, en cuotas burocráticas y coimas, sería destinado por gobernadores y alcaldes a  administrar sus territorios.

La gente recuperaría la tranquilidad en sus casas al tener la seguridad que quien toque a su puerta con una biblia en la mano es un testigo de jehová y no un político.

Al final es triste tener que asumir que el único gremio que no tiene motivo alguno para entrar en paro nacional, es también el único gremio culpable de los paros nacionales.

* @elisantanilla Comunicador  Social. Consultor Político