MARITZA PALMAHay personas como yo que se emocionan, no desarrollan el argumento de su título y se olvidan de contarles por qué consideran que el valor del periodismo está en cómo se escribe.

 

Por: Maritza Palma Lozano

-¡Ay!, ¿qué?

-Tenga cuidado con lo que deja de leer

Dijeron, dicen y dirán que para aprender a escribir bien hay que leer. Lo que nunca nos dijeron, ni dicen, ni dirán es que hay que tener cuidado con lo que se lee. La basura literaria también se digiere fácilmente y a diferencia de un plato de comida rancia, que el intestino grueso naturalmente desecha en forma de mierda o diarrea, lo que se lee se queda; el cerebro no desecha nada.

Cada vez que leo la prensa busco informarme. Muy elocuente afirmación, porque también podría usarla para limpiar los espejos de casa, o para recoger la caca del perro, o para hacer barrotes de papel y reprender a mi sobrinito cuando me desobedezca. Pero seriamente, más allá de lo que me pueda informar o desinformar una revista, prensa o portal web, lo que vale para mí, es cómo me lo cuentan; cosa que tampoco es invento mío sino una idea retenida y multiplicada de algún Eloy Martínez que creyó que el periodismo volvía a contarme historias.

-Lo que dijeron, dicen y dirán, sigue y seguirá reproduciendo los discursos hegemónicos.

Obvio, si buscamos información en los diarios hegemónicos no pretendamos encontrar un ultimátum vanguardista, revolucionario, anti-hegemónico. Uno no habla mal de la mamá delante de la mamá, uno normalmente se pone a salvo antes de gritarle en la cara lo que realmente piensa. Aunque la cuestión con el periodista de este tipo de medio es que corre el riesgo de vivir toda la vida con la mamá, ser un mantenido, no aprender a gritar cuando hay que gritar, hacer de la hegemonía su madre boba, y convertirse en el hijo bobo de la comunicación que no informa ni cuenta.

Luego está la otra prensa, la libre, la alternativa, la de izquierda medio lateral antitodo. Así, sobre adjetivada y sin comas. Con esta tengo gran expectativa siempre que me dispongo a leerla, sensación que a veces se va al carajo, porque a los escritores de estas prensas les suele pasar dos cosas:

Una: Se dejan emocionar por el deseo de destruir a la hegemonía, hasta el  punto que pasan a un segundo plano sus temas, sus investigaciones, sus miradas alternativas; concentran toda su energía en pordebajear a su oponente.

Dos: Aún no he encontrado la otra característica porque dejé de leer. Tienen información altamente valiosa pero me hacen sentir engañada. Me muestran la otra opción, el otro saber y luego me anulan como lectora. Se olvidan de contarme lo que empezaron por preferir hablar contra el otro medio. Esto explica que no dejé de leer, fue que nunca me terminaron de contar.

Cosas: Sinceramente parece una pelea de niñas de la escuela. La hegeMónica y la alterNativa. Mónica y Nativa se odian, pero Mónica habla y habla las mismas cosas de siempre, la misma basura conveniente, sobre los novios, sobre las peleas, sobre el recreo; mientras Nativa le grita a Mónica que se calle, que es una perra embustera, y por último se olvida de contarle a sus compañeros que el colegio está por cerrarse, debido a un recorte presupuestal en la educación nacional.

Por eso dije que tuvieran cuidado con lo que leen. Hay personas como yo que se emocionan, no desarrollan el argumento de su título y se olvidan de contarles por qué consideran que el valor del periodismo está en cómo se escribe. Discúlpenme por olvidarlos.

-Últimamente está perdiendo respeto por lo que escribe.

Exacto. Ese es un buen punto, el respeto, es necesario dejar de leer con respeto. Nos dicen que Hemingway fue un genio del cuento corto, y lo leemos; que García Márquez fue un superdotado de la novela fantástica, y lo leemos; que Lamborghini llegó a escribir textos tan sicodélicos como las pinturas de Dalí, y lo leemos; que Bukowsky fue un poeta maldito, y lo leemos; que Anais Nin folló con su padre por venganza -y fue amante de Henry Miller- y la leemos; que Allan Poe era un esquizofrénico, y lo leemos; que Caicedo se suicidó a los 25 años cuando recién empezaba a cobrar éxito internacional, y lo leemos. ¿Y los motivos para dejar de leer en dónde se encuentran? No, no se encuentran. Y yo tampoco los sé.

Lo que sí sé es que no todo escrito educa para escribir, es más ningún escrito educa para escribir. Lo cual no significa que no leer eduque para escribir. El problema es que cuando uno se condiciona al escritor X o Y para aprender a escribir termina siendo tan metódico y predecible como una coordenada cartesiana, y esto también puede ser una elección. Hay buenos escritores, es innegable, pero la pleitesía no educa para escribir. Hay que leer lo que se lee (así, en doble lectura) porque las palabras sí tienen poder y están haciendo osmosis en nuestro cerebro mientras las recorremos. Y si uno no está interesado en escribir no importa, las lecturas también forman para seguir leyendo, para entender, para pensar, para actuar y para muchos ‘para’ más. Y así como forman condicionan, condicionan la emocionalidad que a veces sobrepasa el criterio de la prensa alternativa, condiciona el desinterés por el cambio que ha adoptado la prensa hegemónica; y condiciona, aunque no determina, la existencia de otras prensas sin categorías que sí educan, cuentan e informan.

Por eso hay que tener cuidado, y no un cuidado que nos aleje de la lectura, sino un cuidado que nos sumerja más, que nos ahogue en las lecturas, tanto derechistas, hegemónicas, alternativas, e izquierdistas. Cuidado, al momento de condicionar nuestro pensamiento, con lo que estamos creyendo de lo que nos están contando, y al momento de condicionar nuestro criterio frente a la prensa y la literatura por lo que dicen, dijeron y dirán: “es lo mejor”. Puede serlo, pero el mal lector, el lector inconforme -o conformista- es aquel que no busca, que no tiene cuidado con lo que leyó, lee y leerá.