El colombiano promedio es apasionado, pocas veces razona, cree que su pequeña perspectiva es la verdad absoluta. Ante la primera señal de algo que no le gusta, ataca con todo. Y así se vota, con las entrañas, sin leer las propuestas del candidato; votando por este porque me dijeron, porque me cae bien, porque no quiero que este otro gane. ¿Se leen sus propuestas? Lo dudo.

 

Por: Eduardo Valencia Guevara

Hace algunos días (el 18 de Abril de 2018) encontré una publicación vía Facebook que decía algo como “Gustavo Petro es ateo, no votemos por alguien que no tiene a Dios en su corazón”, y me sorprendió la cantidad de interacción que había generado, pero sobre todo, por ser una noticia falsa.

Debido a que ya sabía que el candidato Petro no es ateo, pues había mostrado en una entrevista su creencia religiosa, comencé a compartirla entre mis contactos que han mostrado su directo apoyo a Petro y, sin medir las consecuencias, pedir apoyo en uno de los grupos con más simpatizantes del candidato en la red social. Grave error.

No bastó que diera un pie de foto al compartir la publicación, que aclarara las buenas intenciones de la misma y mi deseo que la denunciaran; la gente se dejó llevar por la imagen grande y la lluvia de insultos no se hizo esperar. Sinceramente no me esperaba eso, creía que los seguidores de alguien tan educado como el señor Petro tendrían al menos un poco de tolerancia y leerían bien antes de insultar; me equivoqué. Lo único positivo del asunto es que no todos son así, aún queda esperanza.

El colombiano promedio es apasionado, pocas veces razona, cree que su pequeña perspectiva es la verdad absoluta. Ante la primera señal de algo que no le gusta, ataca con todo. Y así se vota, con las entrañas, sin leer las propuestas del candidato; votando por este porque me dijeron, porque me cae bien, porque no quiero que este otro gane. ¿Se leen sus propuestas? Lo dudo.

Afortunadamente fue un espacio virtual, no quiero ni imaginar lo que hubiese pasado si tal mal entendido hubiese sido en un espacio físico, solo logro pensar en que mi integridad física hubiese estado comprometida. Lo más triste de todo esto es que estas agresiones se pueden esperar del uribismo, no de un movimiento que se jacta de ser prácticamente lo opuesto a ellos.

Ante esto, son muchos quienes me culpan por el hecho, distanciándose de su responsabilidad por no leer; justificando ese hecho de que una gran mayoría sigue desde el fanatismo, más que desde la cabeza fría que debe tenerse para elegir al Presidente de la República. Otros tantos se excusan por la presión que se ha generado en los últimos días por las declaraciones del venezolano J.J. Rendón, quien abiertamente le declaró la guerra a su candidato, de allí que ataquen todo lo que huela a campaña negra. Están a la defensiva.

Imagino un J.J. Rendón tranquilo en su casa, sin hacer mucho esfuerzo ha logrado permear la campaña del candidato, pues ya sus seguidores se están encargando de dañarla desde adentro, lo peor es que aún no se han dado cuenta. Esos que ante la mínima sospecha, así no esté fundamentada, atacarán a quien ven como su enemigo, así no lo sea… Tal y como si de una cacería de brujas se tratase.

El candidato no tiene la culpa, pero me causa  preocupación una eventual elección de Gustavo Petro, porque no cambiaría nada; él daría lo mejor de sí por ser un excelente político, pero poco podría hacer ante el pueblo fanático, dividido entre sus detractores y sus fervientes hinchas.

Si usted es seguidor o seguidora del candidato, espero que tome este texto como una reflexión positiva y sobre todo, que no me insulte, ya he tenido suficientes insultos. Esto es eso, que tomemos conciencia para dejar de lado ese odio que tenemos por lo que no comprendemos, por lo diferente.

Y espero que todos entiendan: “No tengo nada contra Petro, a quien me cuesta tolerar es a su más ferviente hinchada”.